El vínculo de Darwin y Bahía Blanca

De acuerdo a la nota publicada por este diario en su edición del sábado 5 del mes en curso, la puesta a la venta, en la casa londinenese Sotheby’s, de una acuarela pintada en Bahía Blanca en el año 1832 por Augustus Earle, conforma la única imagen del científico Charles Darwin durante el mítico viaje alrededor del mundo realizado por el científico en el Beagle.

De acuerdo a la nota publicada por este diario en su edición del sábado 5 del mes en curso, la puesta a la venta, en la casa londinenese Sotheby’s, de una acuarela pintada en Bahía Blanca en el año 1832 por Augustus Earle, conforma la única imagen del científico Charles Darwin durante el mítico viaje alrededor del mundo realizado por el científico en el Beagle.

El dibujo recrea una situación a bordo del barco, cuyo capitán era Robert Fitz Roy, en la cual Darwin comparte sus hallazgos botánicos, fósiles y piedras, los descubrimientos que iban despertando en su cerebro una teoría que modificaría para siempre la manera de entender el origen y la evolución de todas las especies del planeta.

Darwin tenía entonces 23 años y tardaría casi 30 años en publicar su teoría, considerada fundacional de la biología como ciencia y derivaría en una explicación de cómo la supervivencia del más apto delineó el perfil de todos quienes pueblan el planeta, incluido el hombre.

Su teoría lo ubica, sin ninguna duda, en el listado de las personas más influyentes de la historia, junto con Jesús, Mahoma, Confucio, Einstein, Aristóteles y Galileo Galilei, entre otros.

De allí lo significativo de que este hombre haya tenido un paso por nuestra ciudad, a la que calificó, en su diario de viaje publicado a poco de su regreso a Inglaterra, de “poco menos que una aldea” (se había fundado cinco años antes).

Aquí Darwin pasó varias semanas, conviviendo con sus sufridos habitantes, aprendiendo a tomar mate, escuchando historias de indios y malones, hablando de cautivas y comiendo carne de yegua.

Muchos de los fósiles, arañas, pájaros y piedras que juntó en las afueras del fuerte y en Punta Alta fueron clave para sus estudios, al punto de que muchos de esos hallazgos fueron considerados “de primer orden” en sus conclusiones sobre la sustentabilidad de las especies.

Por eso, resulta por demás llamativo que en una ciudad reconocida por la cantidad de congresos académicos que tiene cada año no exista un espacio que dé cuenta de semejante historia.

Un espacio que refiera el protagonismo de aquel humilde fuerte de frontera. Una materia pendiente que a esta altura no debiera ignorarse. Y, a la vez, una manera de reforzar el lazo con ese hombre enterrado en la abadía de Westminster, a pocos metros de Isaac Newton. (La Nueva)

09/12/15

 

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