El último coletazo de las ballenas

El último coletazo de las ballenas

La próxima semana se podría levantar la prohibición a la caza comercial de ballenas en la reunión anual de la Comisión Internacional Ballenera. Aunque Colombia adhirió a la CIB el pasado miércoles, no alcanzará a participar en las votaciones del 31 de mayo.

La próxima semana se podría levantar la prohibición a la caza comercial de ballenas en la reunión anual de la Comisión Internacional Ballenera. Aunque Colombia adhirió a la CIB el pasado miércoles, no alcanzará a participar en las votaciones del 31 de mayo.

“Arpones con explosivos en la punta impactan en repetidas ocasiones a los gigantescos mamíferos que luchan por su vida y la de su manada en las gélidas aguas de la Antártida. Lanzas con descargas eléctricas y ráfagas de rifle las rematan en una orgía de sangre y fuego que por lo general dura un par de horas”, cuenta para El Espectador Sara Holden, activista de Greenpeace, quien ha estado en más de cinco expediciones cuyo objetivo es oponerse a la caza de esta especie.

Aunque relatos como éstos parecen un calco de los pasajes más crueles e inhumanos de la novela de Herman Melville, Moby Dick, hoy por hoy esta escena se repite a diario con decenas de flotas balleneras de Japón, Islandia y Noruega, que cazan ilegalmente cientos de estos animales en la temporada de diciembre a mayo, cuando esta enorme especie migra al Polo Norte para alimentarse.

Si bien los relatos y noticias que llegan por medio de las agencias de prensa sobre estas matanzas son tan fuertes como inconcebibles, en pleno boom conservacionista del siglo XXI vuelve a revivir la posibilidad de que estas prácticas se legalicen y se conviertan en el dramático reflejo de la extinción de estos mamíferos.

Del 28 al 31 de este mes en Anchorade, Alaska, se llevará a cabo la sesión plenaria de la 59 convención anual de la Comisión Internacional Ballenera, en la cual Japón, líder del bloque procaza, está a escasos votos de lograr que se retire la moratoria que persiste para la caza comercial de ballenas aprobada por la CIB en 1986.

“Japón ha asegurado el voto de 32 de los 37 países necesarios para aprobar la propuesta. La mayoría de éstos son países pobres del Caribe, África y Oceanía, como Costa de Marfil, Nauru, Palau, entre otros, los cuales han vendido su conciencia ambiental por unos cuantos millones de dólares”, explica Milko Schvartzman, coordinador de Greenpeace, Argentina.

El temor para los ambientalistas no es en vano. El año pasado, en la conferencia número 58, en St. Kitts, la iniciativa de Japón estuvo a punto de ser aprobada. Sólo le hizo falta un voto.

Fines científicos, el alto valor nutricional de su carne y el alegato de algunos países costeros que ven amenazada su seguridad alimenticia y su economía pesquera por el enorme consumo de peces y mariscos de las ballenas, serán las razones que se expondrán en la plenaria que comienza este lunes.

Con el sabor de la victoria en los labios, Japón no escatimó esfuerzos ni recursos económicos en sumar más y más países al bloque procaza. En febrero de este año reunió en Tokio a todos los países del bloque, así como a los indecisos. Después de tres días de negociaciones a puerta cerrada, el bloque salió fortalecido.

“No podemos decir nada, más allá de que vamos más fuertes que nunca a la convención de Anchorade para exigir el derecho soberano al uso sostenible de los recursos marítimos de todos nuestros países”, anunció un vocero de la delegación nipona.

Antigua, Barbuda, Dominica, Granada, St. Kitts y Nevis, St. Lucia, St. Vincent y Tanzania fueron los nuevos miembros reclutados por Japón. Reportes de prensa aseguran que el gobierno japonés financiará la construcción de una tercera planta de procesamiento de pescados y mariscos en la isla de Dominica, por un valor de cinco millones de dólares, así como una serie de inversiones en infraestructura en Tanzania. Ante estas suspicacias, el gobierno nipón ha desestimado vehementemente la relación entre estas inversiones y sus intereses balleneros.

Haciendo caso omiso de la moratoria y de la regulación sobre el límite de caza para estudios científicos, Japón ha cazado desde 1986 hasta la fecha 7.650 ballenas, según informes de Greenpeace. Esto ha permitido la reactivación del mercado interno y regional de carne de este mamífero, impulsando drásticamente el número de flotas balleneras en la Antártida.

“Para finales de este año se podrían cazar más de 2.500 especies de gran tamaño  en la Antártida si se aprueba la iniciativa que lidera Japón. Sería la peor catástrofe ambiental del siglo XXI”, concluye Milko, quien lleva más de 25 años trabajando en la conservación de esta especie, en entrevista telefónica desde la costa argentina.

Más vale tarde…

Aunque la caza de ballenas pareciera ser un problema que ocurre al otro lado del planeta, las repercusiones para nuestro ecosistema son directas. “Son las mismas ballenas que vemos en el golfo de Tribugá en el Chocó, y en toda la zona de Málaga en el Cauca, las que meses después de migrar de nuestras costas son cazadas brutalmente”, explica Liliam Flórez, directora de la Fundación Yubarta, entidad colombiana que trabaja por la conservación de esta especie desde hace más de una década en Cali.

Por eso, sin importar las vagas explicaciones de las últimas administraciones para negarse a hacer parte del bloque conservacionista latinoamericano de la CIB, pese a su gran población de ballenas, ONG como WWF, Greenpeace y Yubarta han conseguido presionar al Gobierno colombiano para que finalmente definiera, el pasado miércoles, su adhesión a la CIB.

“Esta es una muestra clara del compromiso que tiene el país en la conservación y en el aprovechamiento no letal de todas las especies. Este gobierno busca la conservación y el manejo de todos los mamíferos marinos”, dijo en declaraciones el ministro de Medio Ambiente y Vivienda y Desarrollo Territorial, Juan Lozano.

El mar, de luto

Según Greenpeace, queda menos del 10% de la población total de ballenas en el mundo. Tan sólo 15 mil, cuando hace cien años eran más de 120 mil.

Japón tiene más de 4.800 toneladas de carne de ballena congelada y almacenada.

En la última temporada, Greenpeace denunció que los balleneros nipones mataron 227 hembras que estaban preñadas y amamantando.

Japón ha cazado 7.650 ballenas entre 1987 y 2006. Y sólo para 2007 pretende que sean 945.

Por Álvaro Corzo V.

Fotografía de Greenpeace / Kate Davidson

26/05/07
EL ESPECTADOR

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