El trabajo y los embarques devuelven la vida a Quequén

El trabajo y los embarques devuelven la vida a Quequén

Entraron en el puerto 33 mil toneladas de soja con destino a Arabia Saudita.

Entraron en el puerto 33 mil toneladas de soja con destino a Arabia Saudita.

QUEQUEN.- Los camiones van y vienen hasta el buque Arethusa para completar, desde la madrugada al anochecer, unos 480 viajes. Sobre la cubierta, decenas de operarios asoman desde las bodegas con los pies hundidos sobre parte de las 12.000 toneladas de pellets de la mejor soja bonaerense con destino a Corea del Sur.

Más allá, sobre el mismo muelle, todo está listo para completar en el Iran Bojnöord un cargamento de 33.000 toneladas de porotos de soja que en días más pondrá su proa hacia Arabia Saudita."Esto es volver a vivir", dice Miguel Toledo, perdido entre esa nube de polvillo que genera esta primera exportación de pellets de soja desde que culminó el paro agropecuario. "Nosotros trabajamos a destajo y si no hay cargas, no hay ingresos", dice a LA NACION en este regreso a las tareas.

Es que desde los primeros minutos de ayer, apenas se levantó la medida de fuerza del campo, el puerto local recuperó pronto su tradicional y vertiginosa actividad. Y el paso inicial lo dieron los cargamentos de cereales con destino a mercados internacionales. "Hay cuatro buques en etapa de carga, otros cuatro en rada y nueve más en camino", cuenta el presidente del Consorcio Portuario, Mario Goicoechea, entusiasmado por el activo futuro inmediato que se le presenta a esta terminal marítima.

Atrás quedaron más de cien días de inactividad casi total. "Nos dedicábamos a leer y lamentarnos", afirma un estibador que dice haber sobrellevado los últimos dos meses gracias a la colaboración de algunos trabajadores vinculados al puerto que sí tienen sueldo fijo.

Sin embargo, para las casi 2000 familias que aquí dependen directa o indirectamente de la operatoria de esta estación marítima, el paro del campo fue un golpe durísimo que repercutió en cada rincón de Quequén y de Necochea.

"Acá afecta del primer al último vecino porque todos dependemos en mayor o menor medida del puerto y el campo", asegura Walter Roldán, perito en granos que también logra ingresos sólo si hay producción.

Regreso

Si bien desde lo formal el paro agropecuario concluyó anteayer a la medianoche, los camiones se pusieron en marcha algunas horas antes, apenas el dirigente rural Alfredo De Angeli confirmó desde Entre Ríos que se liberaban las rutas alcanzadas por la protesta.

"Entonces no quedó nadie en las rotondas y todos nos pusimos a trabajar, que es lo que queríamos", dice Daniel Albelo, uno de los choferes que ayer trasladaba hasta el puerto los despachos de pellets de soja desde la planta que Cargill tiene en cercanías de Lobería.

La protesta de los transportistas había establecido aquí un bastión fuerte con restricciones al tránsito de camiones y limitación total de ingreso de cereales al puerto.

Pero empiezan a quedar atrás más de tres meses a puro sufrimiento. Un período de lucha codo a codo. "Se vio unión de todos como pocas veces", cuenta Albelo en referencia a la relación entre los distintos sectores vinculados a la producción agropecuaria.

Santiago Díaz, otro chofer oriundo de Quequén, resalta que hasta los comerciantes sumaron su grano de arena en esta cruzada. "Nos bancaron porque saben que todo lo que ganamos lo gastamos acá, en nuestro pueblo", explicó.

El buque Arethusa estaba anoche casi con su carga completa y en pocas horas estaría en condiciones de abandonar el puerto. Aquí permaneció desde el pasado 28, a la espera de la finalización o al menos una tregua que permitiera el despacho de granos.

En la misma fecha arribó el Iran Bojnöord, que sólo pudo acumular sus bodegas 14.000 toneladas de porotos de soja que estaban almacenados en la terminal desde antes del inicio del paro. Ahora aguarda que los camiones acerquen otras 20.000 toneladas para llenar parte de sus bodegas, ya que antes de cruzar el océano Atlántico sumará otras 35.000 en Bahía Blanca.

Por Darío Palavecino
Enviado especial

22/06/08
LA NACION

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