El gigante de 330 metros de eslora, cargado con 300 mil toneladas de crudo y estimado en 100 millones de dólares fue capturado en tan sólo 16 minutos por un puñado de piratas armados con fusiles Kalashnikov y rudimentarios lanzacohetes RPG—7.
El gigante de 330 metros de eslora, cargado con 300 mil toneladas de crudo y estimado en 100 millones de dólares fue capturado en tan sólo 16 minutos por un puñado de piratas armados con fusiles Kalashnikov y rudimentarios lanzacohetes RPG—7.
Efectuada con una facilitad desconcertante, la captura en alta mar del superpetrolero saudita “Sirius Star” por piratas somalíes despertó el fantasma del terrorismo marítimo y recordó la vulnerabilidad de la marina mercante.
En sólo 16 minutos, un puñado de piratas armados con fusiles Kalashnikov y rudimentarios lanzacohetes RPG—7 consiguió, el 15 de noviembre, apoderarse de un gigante de 330 metros de eslora cargado con 300.000 toneladas de crudo, estimado en 100 millones de dólares.
Desde el martes, el “Sirius Star” está anclado en el puerto somalí de Harardhere, plaza fuerte de los piratas.
“El caso del Sirius Star es inquietante”, destaca Laurent Galy, profesor en la Escuela de la Marina Mercante de Nantes (EMMN), en Francia.
Para este experto en seguridad marítima, ese secuestro “demuestra lo fácil que es hacer ese tipo de acciones”.
El gobierno de Yibuti ha asimilado los actos de piratería en la vecina Somalia a una “nueva forma de terrorismo” y Arabia Saudita los ve como “un demonio que hay que erradicar, al igual que el terrorismo”.
“Para un barco de largo recorrido, hay cinco puntos de paso casi obligado en el mundo: Gibraltar, Suez, Panamá, el estrecho de Malaca y el de Ormuz, por el que transita el grueso de la flota petrolera”, añade Galy.
“Atacar uno de ellos implicaría perturbar gravemente el transporte marítimo, que garantiza el 80% de los intercambios mundiales de mercancías”, agrega.
No obstante, destaca el experto, “aunque el modus operandi de los terroristas puede parecerse al de los piratas, los objetivos no son los mismos. El pirata considera el barco y su tripulación como una mercancía, una moneda de cambio para una especie de negociación comercial, mientras que el terrorista puede decidir barrenarlo o destruirlo”.
En un estudio publicado este año (“La dimensión marítima de la seguridad internacional”), la Rand Corporation, célebre centro de investigación estratégica estadounidense, asegura que no hay “por el momento ninguna prueba tangible” de vínculos entre piratería y terrorismo, cuyos “objetivos siguen siendo fundamentalmente distintos”.
Destinado a la fuerza aérea estadounidense, el estudio advierte, no obstante, sobre unas “informaciones recurrentes que hablan de extremistas políticos que embarcan en navíos en el sureste asiático para aprender a pilotarlos y repetir en el mar los atentados del 11 de septiembre”.
Los ataques perpetrados en el mar en los últimos años no fueron muy numerosos pero causaron un fuerte impacto. Tal fue el caso del “Achille Lauro” (un muerto, en octubre de 1985), el “USS Cole” (17 muertos en octubre de 2000), el petrolero francés Limburg (un muerto en octubre de 2002) y el “Superferry 14” en la bahía de Manila (más de 100 muertos en febrero de 2004).
23/11/08
DERF

