No debe ser tomado a la ligera el anuncio del Pentágono sobre el restablecimiento de su IV Flota, disuelta en 1950. Su misión será vigilar buques, aviones y submarinos que transiten por el Caribe, América Central y América del Sur con el fin de emprender, en conjunto con fuerzas armadas de otros países, tareas de contingencia, de cooperación y, si es necesario, de combate contra el narcoterrorismo y las actividades ilícitas.
No debe ser tomado a la ligera el anuncio del Pentágono sobre el restablecimiento de su IV Flota, disuelta en 1950. Su misión será vigilar buques, aviones y submarinos que transiten por el Caribe, América Central y América del Sur con el fin de emprender, en conjunto con fuerzas armadas de otros países, tareas de contingencia, de cooperación y, si es necesario, de combate contra el narcoterrorismo y las actividades ilícitas.
La IV Flota, equipada con un portaaviones nuclear, coordinará sus actividades con el Comando Sur de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos, establecido en Mayport, Florida. Está previsto que comience a operar el 1° de julio próximo. Frente a ello, los gobiernos de Cuba y de Venezuela han expresado su rechazo ante la presunta intención del Pentágono de "asustar" y "amenazar" a la región, de modo de "mantener el poderío económico, político y militar".
Esa visión sesgada del restablecimiento de la IV Flota puede tener dos lecturas: una, la política, indicaría que ambos gobiernos temen que se trate de una intromisión y que, por más que digan a coro que "no nos asustan", prefieren mantener a raya el poderío naval norteamericano; la otra, la práctica, indicaría que ambos tienen algo que ocultar y no se sienten cómodos ante la posibilidad de verse expuestos a la mirada indiscreta de los Estados Unidos y de sus vecinos regionales.
El restablecimiento de la IV Flota tendrá connotaciones en la Argentina, Brasil y Chile, cuyos militares se aprestan a realizar ejercicios con los norteamericanos. Esto es positivo, sobre todo en momentos en los cuales se esperan gestos de Washington tras la frialdad en las relaciones con el continente que sellaron los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en virtud de otras prioridades, como las guerras contra el régimen talibán en Afganistán y contra Irak.
Esta decisión no parece ser aislada ni tener un plazo fijo, como el gobierno de George W. Bush, en enero de 2009. Se trata de una decisión acordada entre el Pentágono y el poder político que ha coincidido con el problema diplomático tripartito derivado del bombardeo por parte de Colombia de territorio ecuatoriano en el cual fue liquidado el segundo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes. En él estuvieron involucrados tanto ambos países como Venezuela.
Evidentemente, el factor Hugo Chávez, con sus arengas contra los Estados Unidos, su defensa de las FARC y su propio equipamiento militar -capaz de romper el equilibrio regional-, ha influido en esta fuerte señal que los Estados Unidos quisieron transmitir a la región. La consecuencia cercana será la disposición para el desplazamiento de naves de gran porte, entre las cuales se cuentan submarinos, y la incorporación de oficiales y suboficiales, como ocurre con la V Flota, en el Golfo Pérsico, y la VI Flota, en el Mediterráneo.
Si bien el Caribe, América Central y América del Sur no entrañan los riesgos de Irak ni de Medio Oriente, el anuncio del restablecimiento de la IV Flota podría implicar, en realidad, la visión prospectiva de una región que, más allá de haber sido inofensiva para las otras y dañina para sí misma en las últimas décadas, estaría expuesta a emular a otras que, en su momento, tampoco parecían peligrosas. Sobre todo, si no repele como corresponde determinadas actividades ilegales que encuentran en la corrupción de no pocos estratos de la sociedad su pista aceitada.
Sin ser el destinatario de estas sospechas, Chávez ha dado sobradas muestras de que, con sus acuerdos con Irán y otros Estados poco amistosos y con sus desmesuradas compras de armas, no planea regodearse a solas con su socialismo del siglo XXI y contemplar desfiles militares en Caracas. A su vez, la crueldad de las FARC y sus probados nexos con el narcotráfico representan otra amenaza, apenas atenuada con el Plan Colombia (del cual participan los Estados Unidos para la erradicación de cultivos).
Si se suman las insistentes voces que se refieren a terrorismo, tráfico de drogas y de armas, y contrabando en la Triple Frontera, a pesar del control del que se jactan los gobiernos de la Argentina, Brasil y Paraguay, el restablecimiento de la IV Flota cobra un sentido mucho más amplio que sus premisas iniciales, más asociadas con planes cooperativos que disuasivos.
Si uno no tiene nada que ocultar, tampoco debe temer que, dentro del respeto a la soberanía y las leyes, los Estados Unidos procuren patrullar la zona para protegerse a sí mismos. En caso contrario, sería prudente que los gobiernos de la región se pregunten qué hacen para ser vigilados y, en cierto modo, controlados en forma tan estricta.
02/05/08
LA NACION
