La situación que atraviesa el Puerto de Madryn es un secreto a voces, mal que le pese a nuestra clase dirigente.
La situación que atraviesa el Puerto de Madryn es un secreto a voces, mal que le pese a nuestra clase dirigente.
Pero en los tiempos que corren ninguna ciudad ni provincia puede darse el lujo de fracasar en un servicio y negocio fundamental como lo es su puerta de entrada y salida al mundo, sin que existan en algún momento sonadas repercusiones. Por eso se han comenzado a oír desde diferentes espacios, descripciones de un funcionamiento que raya entre la inoperancia y la empobrecida administración de lo que alguna vez fue el muelle más importante de la Patagonia: el Storni.
Sin un plan concreto ni reconocible de negocios, dicen muchos privados que la actual gerencia ha ido “surfeando” su accionar entre lograr el consenso de un Consejo disperso, retener tibiamente la actividad naviera con costos cuestionados y servicios limitados, y hacer frente a los gastos del puerto cuya mayor carga recaería en el personal que allí funciona, según declaran.
Es que hay escenarios que no son para cualquiera y la crisis naviera, de fletes y servicios que deben afrontar hoy las empresas argentinas requieren de más que excelente “cintura” de quienes actúan en relación directa al comercio exterior.
Por lo pronto, lejos de una valoración gimnástica de la conducción del puerto, la realidad que se escucha en algunos muy ventilados pasillos del Storni es que en los últimos años “No se ha sumado ni una sola tonelada ni ingresada ni egresada a lo ya existente”, graficando los indicadores que definen el alicaído perfil comercial del puerto.
Para colmo aseguran los que pagan “el metro cúbico de agua ronda los 7,50 pesos y tan sólo a mil metros las empresas lo pagan a la mitad de precio”. “Es el puerto más caro del país, en cuanto a valores de tránsito para provisión de combustible, de limpieza de sentinas, de mano de obra, etc”, aseguran como para representar de alguna forma el encarecido perfil de los servicios que se presta.
Además “tiene limitantes de infraestructura, falta mantenimiento y posee monopolio de estiba”, todas cuestiones que han hecho que muchas empresas operen desde Mar del Plata, Necochea, Bahia Blanca o Deseado, dicen. También “hay evidencias que la seguridad tiene zonas grises por donde se escurre gente, pasan eventos inesperados, o incluso faltan cosas”, grafican otros que señalan una delegación demasiado absoluta a la policía costera de toda la seguridad portuaria que debería tener otras múltiples aristas y responsabilidades.
“Hoy hay el doble de empleados que hace diez años y hay sueldos que rondan los 2200 pesos pero hay muchos otros que superan los 7500”, expone finalmente un memorioso que trae a colación el gran nudo del momento y por el cual el gerente Hugo Steconi reconoció esta semana en algunos ámbitos que “estamos en llamas”. O sea, que el escuálido ingreso que está teniendo el puerto en relación a los egresos (y a años anteriores), ya va a parar en casi un 46 por ciento a sueldos. Sin embargo como si algo faltara, si a la gestión de Steconi se le achaca una administración muy férrea de lo que hay y poca de lo que debiera venir, el tema cierra menos si se considera que frente a los que se “quejan” de lo que se pagan en sueldos, estos se escurren en tan sólo 48 empleados. (Que de por si son el doble de lo que tenía el Storni hace diez años).
Los empleados tienen otra visión y realidad y aseguran que “viene remando” por una recomposición desde hace años y recién lograron un 18 por ciento no remunerativo en marzo pasado. Ahora piden que eso se sume al básico y además quieren otro 18 por ciento.
Demasiadas versiones, muchas especulaciones y pocas certezas. Casi nadie hoy tiene claro por ejemplo ¿Cuánto ingresa verdaderamente al puerto hoy? ¿En qué se aplica ese ingreso? ¿Los trabajadores portuarios se han enriquecido? ¿El exceso de administración se ha convertido tal vez en la propia trampa de un negocio quebrado?
Lo único cierto por estos días es que los tiempos se acortan. El martes que viene vence la conciliación obligatoria y todo indica -off de récord- que tanto el personal del Storni como del Piedrabuena van al paro. Las malas lenguas dicen que se pretende que sean las empresas quienes encaren una solución con ceros. Sin embargo fuentes altamente confiables ya dejaron trascender que ni las pesqueras ni la gran operadora de aluminio estarían dispuestas a afrontar la rara crisis portuaria y se aguantarían el paro. Nadie sabe que harán los cruceros que queden afectados si así se dieran las cosas.
No faltan quienes ven en esto una escalada para ocasionarle un traspié a los directivos de la APPM y producir un cambio de conducción. Tampoco faltan los que ven una mano levantina detrás de la actual conducción gerencial que trataría de “disciplinar” a la principal usuaria del puerto afectando sus costos. Ayer dicen que hubo intercambios de información con algunas Cámaras y sectores, y hoy a mitad de mañana se daría una nueva reunión en el puerto de la que se esperan importantes definiciones. Habrá que ver.
19/11/08
DIARIO DE MADRYN
