Es imposible predecir si la crisis sísmica registrada en las inmediaciones del almacén Castor continuará escalando de intensidad o si por el contrario cesarán los terremotos, según explican los expertos. Pero como la mayoría de ellos, Eulàlia Masana,(foto), profesora de Geología en la Universidad de Barcelona y experta en paleosismología, también constata una estrecha relación entre la inyección de gas en el almacén Castor y los seísmos.
Es imposible predecir si la crisis sísmica registrada en las inmediaciones del almacén Castor continuará escalando de intensidad o si por el contrario cesarán los terremotos, según explican los expertos. Pero como la mayoría de ellos, Eulàlia Masana,(foto), profesora de Geología en la Universidad de Barcelona y experta en paleosismología, también constata una estrecha relación entre la inyección de gas en el almacén Castor y los seísmos.
“Inyectar fluido modifica el estado de esfuerzos en el terreno. Las fallas, que son las que generan los terremotos, se cargan de esfuerzos que descargan de forma más o menos cíclica cuando no pueden aguantar más la acumulación de energía. Los seísmos actuales coinciden en tiempo y espacio con las operaciones del almacén, es muy probable que hayan interferido en el proceso”, explica la profesora.
Masana relata que en las inmediaciones de la zona donde se producen los terremotos se encuentra la falla de Amposta. “Creemos que esta podría generar grandes terremotos ya que es similar a la falla del Camp, una cercana, con evidencias claras de actividad sísmica catastrófica en tiempos pasados”, explica, a la vez que dibuja dos posibilidades: “Los pequeños terremotos podrían estar liberando poco a poco la energía acumulada en la falla retrasando el ciclo natural de producción de sismos de la falla”, lo que describiría los más de 350 microseísmos registrados sin daños. Estos podrían haberse desencadenado “artificialmente” tras las acciones del hombre. La segunda opción, por el contrario, es más alarmante: “El peligro real es que estos seísmos puedan crear un efecto dominó y puedan propiciar la rotura de la falla de Amposta”. La zona costera, ha podido certificar Masana, está repleta de fallas de orientación noreste-suroeste. “Esta zona no es sísmica históricamente, pero sabemos que una de las fallas provoca terremotos aproximadamente cada 30.000 años y el último tuvo lugar posiblemente hace 3.000; esto no significa que todas las fallas tengan que tener este nivel de peligro sísmico ni que los sismos deban producirse a corto plazo, porque esta familia de fallas son muy lentas, pero existe esta posibilidad”, avanza Masana.
De producirse un terremoto mayor de magnitud 6 podría romperse la superficie del fondo marino y no se podría descartar un tsunami ni daños importantes en la zona emergida. Con todo, Masana llama a la calma. “Todo son hipótesis, si la situación se mantiene como hasta ahora no ocurrirá ningún problema, se trata hasta el momento de terremotos leves”, concluye.
Por Mercè Pérez Pons
01/10/13
EL PAÍS (España)

