(FNM) Ante el solemne marco del Congreso Nacional, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se dirigió el pasado domingo al país, para inaugurar la Asamblea Legislativa y dar cuenta del estado de la Nación en el último año de su mandato. En su exposición de casi cuatro horas, en la que recorrió las más variadas temáticas, no pronunció un solo concepto, anuncio ni reflexión vinculados con el quehacer marítimo, corroborando así que las cuestiones del mar siguen fuera de la agenda nacional.
(FNM) Ante el solemne marco del Congreso Nacional, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se dirigió el pasado domingo al país, para inaugurar la Asamblea Legislativa y dar cuenta del estado de la Nación en el último año de su mandato. En su exposición de casi cuatro horas, en la que recorrió las más variadas temáticas, no pronunció un solo concepto, anuncio ni reflexión vinculados con el quehacer marítimo, corroborando así que las cuestiones del mar siguen fuera de la agenda nacional.
En su repaso de hitos y logros de gestión, no faltaron abundantes referencias al transporte. La celebración de avances en la renovación de las flotas de la aviación comercial de bandera, el impulso a la industria automotriz y a la fabricación de camiones, la incorporación de flamantes unidades al parque ferroviario y hasta el diseño y construcción de satélites y vectores de lanzamiento, contrastó con un absoluto silencio en materia de barcos. Y es que, efectivamente, nada habrá para celebrar en esta última década, como no sea un tardío paso – aún no finalizado- por las mesas de saldos del mercado de usados, o el interminable proceso de reparación y modernización del rompehielos “Irízar” tareas que los funcionarios del sector insisten en elevar al grado de “epopeya” de la industria naval nacional. Habrá que insistir en destacar la ya inconcebible obsolescencia a la que se ha dejado llegar a la flota de buques de Estado en cualquiera de sus segmentos y organismos “armadores” (Armada, Prefectura, Puertos y Vías Navegables, CONICET, INIDEP).
Los desarrollos en materia nuclear, las centrales hidroeléctricas o el biodiesel, fueron algunas de las referencias energéticas del detallado discurso, en el que –otra vez- estuvieron ausentes las energías marinas. La indefinición de la “política” argentina en materia de exploración de hidrocarburos en el mar ya es exasperante, y la distancia entre el “discurso” y el verdadero apoyo a la investigación de energías renovables de origen marino, inmensa.
La presidenta habló de vacas, pollos y hasta chanchos. El pescado, sin vender.
Estos “botones de muestra”, que podrían extenderse a otros aspectos tratados en el vasto mensaje, son señal clara de la pobrísima mirada gubernamental sobre los espacios y cuestiones marítimas, limitada a la adopción de decisiones puntuales, generalmente reactivas y carentes de una visión totalizadora.
Más aún, en el largo listado de reivindicaciones, la presidenta –y sus asesores- no juzgaron relevante mencionar a las que tal vez fueran las únicas acciones significativas de su gestión en la materia: la conclusión de los estudios, presentación y seguimiento de los límites de la plataforma continental y el promisorio –aunque todavía indefinido- intento por organizar una programa serio y continuo de investigación científica de nuestros espacios marítimos.
Vale la pena aclarar que no existieron conflictos ni enemistades serias entre el gobierno y el empresariado o los sectores laborales del mundo marítimo, que pudieran “explicar” las desatenciones mencionadas.
Se trata, de una simple y prolongada ignorancia de la dimensión marítima de nuestro país, que tampoco ha sido privativa del elenco gubernamental próximo a partir. Con escasas y muy puntuales excepciones, estas cuestiones han estado ausentes en la agenda de toda la dirigencia política nacional.
Y esto no es bueno para el país. Es necesario reiterar que desde hace ya bastante tiempo, el mundo ha dejado de considerar al mar como “un tema de futuro”, lejano y postergable.
La simple observación del interés y carrera de las grandes y medianas potencias – sin distinción de sector del espectro político que ocupen- sobre la investigación, aprovechamiento de recursos, uso y control del mar, son más que elocuentes. La creciente presencia y actividad británica en materia petrolera, pesquera y científica en el ámbito de Malvinas y demás islas del Atlántico Sur, es un cercano e inquietante ejemplo en este sentido.
Un ejercicio similar en el plano regional desnudará claramente la inmensa brecha de retraso que hoy separa a la Argentina de sus socios vecinos, en términos de desarrollo marítimo.
Quienes aspiran a dirigir los destinos de un país con la proyección oceánica de la Argentina, deben reflexionar seriamente sobre la necesidad imperiosa de definir una Política Marítima Nacional, que incluyan las adaptaciones institucionales requeridas para cambiar la deshilachada e inconexa red de “ausencia de decisiones” con la que se ha venido gestionando desde hace ya demasiado tiempo esta porción del patrimonio, cuyo desarrollo es crucial para el presente y el futuro del país. (FUNDACIÓN NUESTROMAR)
06/03/15

