Como ocurre cada año en el momento de mayor concentración de cetáceos, comienzan a llegar a la zona investigadores de diferentes partes del mundo.
Como ocurre cada año en el momento de mayor concentración de cetáceos, comienzan a llegar a la zona investigadores de diferentes partes del mundo.
Y el Instituto de Conservación de las Ballenas (ICB), ya anunció que inicia la trigésimo séptima temporada de estudios del Programa Ballena Franca Austral en Península Valdés. Desde Córdoba, llegan Mariano Sironi -director científico- junto a dos nuevas integrantes del equipo de campo, Carina Marón y Evangelina Minuzzi, para realizar el monitoreo de la frecuencia de ataques de gaviotas sobre las ballenas, así como observaciones de comportamiento y fotoidentificación de ballenas desde los acantilados y botes.
A las tareas, se sumarán los voluntarios locales Alejandra Varisco, Marcos Ricciardi y Sofía Benegas. A principios de octubre, el fotógrafo John Atkinson viajará desde Canadá para sumarse al equipo y realizar el relevamiento fotográfico anual con el avión Porter Pilatus de la Armada Argentina. Y también llegarán Roxana Schteinbarg y Diego Tabeada para presentar nuevos proyectos educativos a la comunidad que vive en contacto con las ballenas, participar de un encuentro anual de intercambio con la comunidad de Puerto Pirámide, y colaborar en la organización logística del relevamiento aéreo.
Además, el ICB tiene previsto ayudar en las actividades del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, junto a la Fundación Patagonia Natural y Wildlife Conservation Society, para obtener información a partir de los varamientos (que esta temporada ya suman unos 15, en su mayoría crías).
LA SENDA DE ROGER PAYNE
Este programa de investigaciones sobre la ballena franca austral comenzó en 1970, cuando el doctor Roger Payne -científico y presidente del WCI (las siglas del instituto en inglés)- descubrió que podía identificar individualmente a las ballenas francas a partir de los patrones de callosidades en sus cabezas. Hasta ese momento, lo que se conocía sobre las ballenas provenía en su mayor parte del análisis de ejemplares cazados por la industria ballenera. El doctor Payne descubrió que, siguiendo la vida de los individuos, podría aprender mucho más sobre las ballenas de lo que se conocía a partir de animales muertos. Muchos de los descubrimientos y de las técnicas que son importantes para evaluar el estado y la salud de ésta y otras poblaciones de ballenas francas, provienen del estudio de la población de cetáceos de Península Valdés.
14/09/07
EL CHUBUT
