Es ruso. Vive aislado en el Polo Norte y desde joven quería vivir en lugares abiertos. Vyacheslav Korotki es un meteorólogo ruso que decidió vivir en soledad absoluta. Tiene 63 años y es un experto en los asuntos del polo norte.
Es ruso. Vive aislado en el Polo Norte y desde joven quería vivir en lugares abiertos. Vyacheslav Korotki es un meteorólogo ruso que decidió vivir en soledad absoluta. Tiene 63 años y es un experto en los asuntos del polo norte.
Según publicó la revista The New Yorker, hace más de treinta años decidió vivir arriba de los barcos en operaciones para medición de temperaturas. En su juventud fue un Polyarniki, una especie de exploradores de territorios desconocidos del Estado Soviético. Desde que comenzó su carrera, fue un apasionado de los espacios abiertos y un entusiasta estudioso del Ártico. Hace algunos meses, el estado ruso lo envió al Ártico para completar trabajos de medición de temperatura y vientos.

El puesto en donde vive el “viejo lobo de mar” queda en la península de Barents, un lugar en donde la nieve, el frío y la inexistencia de humanos pautan el paisaje. El pueblo más cercano se encuentra a una hora de viaje en helicóptero, pero a Korotki le apasiona estar en medio de la nada.
No tiene hijos, pero tiene a su esposa que vive muy lejos del Polo Norte, en la pequeña ciudad de Arkhangelsk. Según The New Yorker, cuando Korotki visita a su amada, tiene problemas para soportar el ruido de la ciudad.
En su “búnker”, que data de 1933 y que está ubicado en medio de la nueve y de la nada, el meteorólogo mira noticias por TV, pero “no cree mucho”. Según la fotógrafa Evgenia Arbugaeva, que capturó imágenes del hombre para The New Yorker, el “viejo lobo” no acepta el mundo de las ciudades y se siente “ajeno” al movimiento de las urbes. “Fui con la idea de un ermitaño solitario que huyó del mundo por algún drama que vivió, pero no fue así. El hombre se pierde en la tundra, en las tormentas de nieve. Es como si él fuera el viento, o el propio tiempo”, afirmó la fotógrafa al medio estadounidense. (El Observador)
02/01/15

