El dato de la semana última en la agenda del sector naviero, portuario y naval fue, sin dudas, la sintonía cada vez más fina entre los sindicatos y un incipiente movimiento de empresarios que comienzan explicitar, en público, las urgencias propias obviadas por personalidades incongruentes rebosantes de contradicciones.
El dato de la semana última en la agenda del sector naviero, portuario y naval fue, sin dudas, la sintonía cada vez más fina entre los sindicatos y un incipiente movimiento de empresarios que comienzan explicitar, en público, las urgencias propias obviadas por personalidades incongruentes rebosantes de contradicciones.
Si los planetas sindical y empresario se alinean definitivamente, el discurso derivado tendrá un carácter tipográfico: las necesidades de la industria naval, la marina mercante y los puertos quedarán en relieve, y la voz de estos dos actores será la tinta.
Resta que el Estado asuma el rol que tiene: ser el papel donde se plasme el contenido que queda de relieve con la única tinta que sirve: las voz de los que emplean y de los que trabajan. El único texto armónico, que pueda desarrollar estos sectores de manera sustentable es aquel en el que le Estado legisle con lo que le dicte el consenso del capital y el trabajo.
Puede decirse que atisba la madurez en el diálogo empresarial-sindical, que supera la unión por el espanto.
Pero queda muy relegado todavía el rol del Estado legislador. Parece que en la impresión del texto usó hasta ahora sólo 1 o 2 colores primarios. El resultado molesta a la vista: un texto donde predominan algunos matices y censura otras tonalidades.
El consenso básico que dejaron en claro sindicatos y empresas del sector es que la Argentina importa mucha planta en fletes; que mientras Aerolíneas se privatizó y luego estatizó, ELMA desapareció sin posibilidades de modernizarse; que la Argentina pierde soberanía toda vez que su bandera pierde presencia en las embarcaciones por la hidrovía; que es mucho más fácil poner fin a las asimetrías con terceras banderas con simples resoluciones niveladoras que con proyectos que, de tan ambiciosos, desnaturaliza cada uno de sus títulos.
La relación entre los tres vectores de la sociedad en estos últimos 10 años fue unidireccional e imperfecto: el Estado habló y no escuchó; trabajadores y empresarios escucharon y no hablaron. Tal es la configuración de un relato, no de un diálogo. La eficiencia del Gobierno fue, entonces, admirable en cuanto al manejo de los tiempos y la imposición de esta forma de comunicación.
La escuela, desde temprano, advierte: Gobierno y Estado no son lo mismo. Los Gobiernos pasan. Trabajadores y empresarios quedan
Por Emiliano Galli | LA NACION
17/12/13
LA NACION
