El fracaso de los “santuarios”

El fracaso de los “santuarios”

La posibilidad de crear -en aguas de la Antártida- dos enormes santuarios para proteger así la vida silvestre (ballenas, focas, albatros, pingüinos y distintas variedades de peces) acaba de fracasar. Por tercera vez. Rusia, Ucrania y China bloquearon la iniciativa.


La posibilidad de crear -en aguas de la Antártida- dos enormes santuarios para proteger así la vida silvestre (ballenas, focas, albatros, pingüinos y distintas variedades de peces) acaba de fracasar. Por tercera vez. Rusia, Ucrania y China bloquearon la iniciativa.

Esto ocurrió en el seno de la “Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos Vivos”, encargada de la conservación y explotación sostenible del Océano Antártico, también llamado Océano del Sur.

Hablamos de una propuesta de Estados Unidos y Nueva Zelanda para establecer una zona de protección en el llamado Mar de Ross y de otra, similar, de Australia, Francia y la Unión Europea, para conformar otra zona de santuario emplazada al este del Continente Antártico. Para ser aprobadas, las propuestas requerían el consenso de todos los miembros de la Comisión.

La explotación comercial de los recursos pesqueros -como se esperaba- fue la razón del desacuerdo. Las zonas propuestas prohibían la pesca en su interior. Rusia y Ucrania se opusieron a ello tenazmente. China también, aunque en los hechos con algo menos de actitud de “militancia” o “fundamentalismo”.

Los esfuerzos conservacionistas fueron -queda visto- derrotados por los intereses de quienes están dedicados a la explotación de la pesca. Lamentablemente no hubo posibilidad de alcanzar compromiso alguno. Como fuera propuesto por los Estados Unidos y Nueva Zelanda, que estaban dispuestos a reducir significativamente el área física de la zona de protección que propusieron.

Un resultado, entonces, realmente lamentable. Que posterga nuevamente el esfuerzo de quienes están preocupados por la defensa -real y efectiva- de la riquísima fauna antártica, siempre amenazada por la incansable actividad del hombre.

Por Emilio J. Cárdenas

06/01/14

LA NUEVA PROVINCIA

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