El enigma del “Invincible”

Transcurridos 30 años desde que tuviera lugar la Guerra de Malvinas, son pocos los hechos vinculados con la misma que no resulten perfectamente conocidos y reconocidos por las partes entonces enfrentadas. Hay uno, sin embargo, a cuyo respecto no existe acuerdo: el resultado del ataque al portaaviones “Invincible” por parte de aviones argentinos: exitoso según dos de los pilotos que lo llevaron a cabo, fallido según los británicos.
     

Transcurridos 30 años desde que tuviera lugar la Guerra de Malvinas, son pocos los hechos vinculados con la misma que no resulten perfectamente conocidos y reconocidos por las partes entonces enfrentadas. Hay uno, sin embargo, a cuyo respecto no existe acuerdo: el resultado del ataque al portaaviones “Invincible” por parte de aviones argentinos: exitoso según dos de los pilotos que lo llevaron a cabo, fallido según los británicos.
     
Con el paso del tiempo, se han ido conociendo detalles relativos al mismo y, sin pretender aportar datos absolutamente novedosos, me parece importante recoger y organizar la información existente, que, a mi entender, es suficiente para develar el misterio.
En primer término, recordaré sucintamente cómo se realizó el ataque. Que efectuaron dos aviones Super Etendard de la Aviación Naval, tripulados por el capitán de corbeta Alejandro Francisco y el teniente de navío Luis Collavino –portador aquél del ultimo misil Exocet con que contaba la Armada–, a los que acompañaron cuatro A-4C de la Fuerza Aérea, a cargo de los primeros tenientes Ernesto Rubén Ureta, José Vázquez, Omar Jesús Castillo y el alférez Gerardo Guillermo Isaac. Dos Hércules KC 130, también de la Fuerza Aérea, se encargaron de reabastecer en dos oportunidades a las máquinas, que, el domingo 30 de mayo a mediodía, despegaron de Río Grande para, dando un largo rodeo, caer desde el sureste sobre el portaaviones, cuya presencia se había establecido en base al rastreo de comunicaciones radiales.
“Enganchado” un buque grande por los radares de la escuadrilla, a unas 24 millas náuticas del blanco fue disparado el Exocet y los Super Etendard emprendieron la vuelta. Los A-4C prosiguieron tras el misil, observaron al buque envuelto en humo y recibieron fuego de las defensas de este, siendo derribados los aparatos de Vázquez y Castillo. Ureta e Isaac continuaron el ataque, disparando sus cañones y arrojando sus bombas de 250 kilos sobre el objetivo. Después, mediante un viraje cerrado, iniciaron la retirada. Cumplida la misión, y oportunamente reabastecidos, los aviones que no habían sido abatidos regresaron a Río Grande y fueron recibidos con entusiasmo. Vázquez y Castillo se incorporaron a la brillante legión de soldados argentinos que dieron la vida por su patria. Ureta e Isaac jamás abrigaron dudas en cuanto a que la nave atacada fuera el “Invincible”.
Hasta aquí los hechos, respecto a los cuales los ingleses niegan que el blanco alcanzado fuera el portaaviones, agregando que pudo tratarse de los restos humeantes del “Atlantic Conveyor”, alcanzado días antes por dos Exocet, o de la fragata “Avenger”, que dicen andaba por allí y repelió la agresión.
Lo cierto es que, a partir de esa operación, disminuyeron los vuelos de aviones británicos y que, concluida la guerra, el “Invincible” no volvió a Inglaterra con el resto de la flota, sino que lo hizo meses después, el 17 de septiembre de 1982, mostrando un sector recién pintado y sin que se informara dónde estuvo mientras tanto.
Con motivo de la exploración petrolera realizada por Gran Bretaña en el fondo del mar que rodea las Malvinas, la compañía adjudicataria pidió a las autoridades un mapa detallado donde figuraran los buques hundidos en la zona, a fin de no operar sobre los llamados cementerios de guerra. El mapa suministrado por los ingleses incluyó los barcos echados a pique en la batalla naval de las Malvinas, durante la guerra del 14, y los hundidos en 1982. Señalados todos con un puntito rojo, el nombre del buque y la fecha en que fue enviado al fondo del océano.
Hasta aquí, todo muy razonable y congruente. Pero lo que no es razonable ni congruente es que, en el mapa, figura un puntito rojo sin el nombre del barco respectivo ni la fecha en que se hundió. Y ocurre que la ubicación de ese puntito rojo, desprovisto de todo dato, coincide con el lugar donde fue atacado el portaaviones “Invincible” en mayo del 82.
Aunque la referencia que acabo de mencionar resulta harto sugestiva, queda en pie una grave dificultad. Pues, aunque con retraso y recién pintado, el portaaviones habría entrado finalmente en Portsmouth en septiembre de 1982. Cosa que indicaría que, al fin de cuentas, no fue hundido en el mes de mayo.
Planteada esta duda, duda capital por cierto, alguien me suministró la información siguiente, que contribuiría a despejarla: el “Invincible” tenía un portaaviones “mellizo”. Más aún, tenía dos portaviones “mellizos”. Que se llamaban “Illustrious” y “Ark Royal”. Uno de ellos pudo entrar a puerto haciéndose pasar por aquel.
Sin embargo, todavía subsistiría una objeción atendible, que me fue formulada más de una vez: parece materialmente imposible que, a lo largo de tres décadas, los numerosos tripulantes que se hallaban a bordo del “Invincible” cuando el ataque hayan guardado silencio, manteniéndolo en secreto. Por muchas que hayan sido las indicaciones recibidas para no hablar, cuesta creer –me dicen– que se las respetara durante tanto tiempo.

Respondo a la objeción: no todos los tripulantes guardaron el secreto. El que primero habló fue un enfermero transexual del portaaviones llamado Brian Cash, quien, después de terminada la guerra, optó por llamarse Lynda Cash y que, según informó el diario “Clarín ” del 20/11/2002, aseguró haber sufrido un trauma por haber tenido que tratar “terribles heridas” en el departamento de enfermería del “Invincible”, debido a los feroces ataques de los aviones argentinos durante los días del conflicto.

Pero no es el del travestido Cash el único testimonio proveniente del lado británico que confirma la eficacia del ataque al portaaviones. En efecto, Leandro Fernández Vivas escribió en la revista “Políticamente Incorrecto ” de marzo-abril 2012: “En una entrevista televisiva, el príncipe Andrés, duque de York, habló del momento en que el barco estuvo bajo ataque. ‘Recuerdo momentos de hilaridad –dijo–. Estábamos bajo ataque de misiles y un día un amigo y yo estábamos tratando de terminar el cubo de Rubik. Y cuando tuvo lugar el ataque del misil, lo completamos. Nos ordenaron que nos acostáramos sobre cubierta, nos pusimos a cubierto con el cubo terminado entre nosotros'”.
Si de testigos se trata, el príncipe Andrés resulta, sin duda, un testigo calificado.
Más adelante, Fernández Vivas cita al comodoro Roberto Briend, que condujo uno de los Hércules que reabastecieron a los aviones argentinos aquel día. El cual, respecto a lo declarado por el príncipe, comenta: “Sería la primera vez que un inglés habla sobre el tema”. Será que no estábamos tan equivocados los que hablábamos del bombardeo al “Invincible”.
 Los británicos han establecido un plazo de 90 años para franquear el acceso a determinadas informaciones vinculadas con la Guerra de Malvinas. De modo que, seguramente, aun habrá que esperar hasta que admitan las consecuencias del ataque llevado a cabo el 30 de mayo del 1982. Por mi parte, reunidos y armonizados los elementos de juicio que anteceden, considero que el enigma del “Invincible” ha dejado de serlo.

 

Por  Juan Luis Gallardo, periodista y escritor, colabora habitualmente con “La Nueva Provincia”.

 

N. de la R. NM: Los británicos han sabido mantener otros secretos similares durante años. Durante la Segunda Guerra Mundial se les hundió, por causas que todavía se desconocen, el portaaviones HMS Dasher, con la pérdida de más de 300 tripulantes. Recién revelaron este hecho 30 años después de la finalización de la guerra. Hay otros casos peores, con muchas más bajas, en los que el secreto se guardó por tiempos similares.

15/12/12

LA NUEVA PROVINCIA

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