Varios estudios han confirmado que para evitar el colapso de la pesquería de bacalao del golfo de Maine, urge tener en cuenta los factores ambientales en la gestión de este recurso, dado el rápido calentamiento de estas aguas.
Varios estudios han confirmado que para evitar el colapso de la pesquería de bacalao del golfo de Maine, urge tener en cuenta los factores ambientales en la gestión de este recurso, dado el rápido calentamiento de estas aguas.
Estos estudios han revelado que el calentamiento del golfo, que está relacionado con el desplazamiento hacia el Norte de la Corriente del Golfo y con los cambios en las Oscilación Multidecadal del Atlántico y la Oscilación Decadal del Pacífico, ha provocado un menor reclutamiento y un aumento de la mortalidad en el stock de bacalao del Atlántico (Gadus morhua) de la región.
Los investigadores sostienen que la recuperación de la pesquería depende de una buena gestión, que tenga en cuenta el error de no haber considerado al calentamiento del mar como un factor que ha contribuido a la sobrepresca del bacalao.
Si bien la recuperación de esta pesquería está ligada una gestión adecuada, el tamaño de la población depende de las futuras condiciones de temperatura. La experiencia en el golfo de Maine pone de relieve la necesidad de incorporar a los factores ambientales en la gestión de recursos.
El investigador Andrew Pershing, del Instituto de Investigación de Maine en Portland, explica en un nuevo estudio (Slow adaptation in the face of rapid warming leads to collapse of the Gulf of Maine cod fishery) que el golfo se está calentando a un ritmo un 99 % más rápido que cualquier otra parte del mundo, y como resultado, muchos peces no logran superar el cuarto o quinto año de vida, pese a que el bacalao puede llegar a vivir más de 20 años.
“Cada animal tiene un rango de temperatura que prefiere. Para el bacalao, el golfo de Maine está realmente en el extremo caliente de eso”, recalca Pershing. “Si uno lo calienta, lo empuja a alguna parte donde está realmente incómodo.”
Además, los gestores pesqueros han informado que el desove del bacalao en el golfo de Maine representa hoy sólo alrededor del 3 % de los niveles sostenibles, y los participantes en esta pesquería, que se remonta a la época colonial, enfrentan recortes drásticos de las cuotas como resultado.
Para el biólogo David Goethel, un pescador de toda la vida en New Hampshire, este nuevo estudio es un reflejo de lo que se ve en el mar, por lo que destacó la importancia de que la ciencia respalde esto.
Pero también considera que los administradores pesqueros están tratando de reconstruir las poblaciones de bacalao a niveles poco realistas, situación que se traduce en cuotas bajas para los pescadores.
En su opinión, se deberían establecer cuotas que realmente reflejen el estado del stock. Un consejo regulador de la pesca de Nueva Inglaterra votó a favor de reducir el límite total admisible de capturas de bacalao en el golfo de Maine de 1.550 toneladas a 386 toneladas el año pasado. En la década de 2000, la cuota anual era de de 8.000 toneladas.
“Tenemos que administrar para lo que está aquí ahora”, dice Goethel, quien también es un exmiembro del consejo regulador de la pesca. “De lo contrario, sólo vamos a dejar enormes cantidades de proteína en el agua para nada, por una razón básicamente burocrática”, recalca.
Por su parte, Jud Crawford, de la organización Pew Charitable Trusts, sostiene que esto podría significar colocar una prima en la conservación del hábitat del bacalao.
En tanto, a Gib Brogan, director de la campaña de pesca de Oceana en Boston, le preocupa que los resultados del nuevo estudo tengan el efecto contrario.
“Es mi preocupación que el cambio climático sea visto como un factor abrumador, y que [los administradores pesqueros] pasen del modo de recuperación al modo de liquidación”, señala.
“En otras palabras, ‘el bacalao está desapareciendo. Vamos a coger todo lo que podamos ahora’. “Y eso es una posibilidad aterradora.”
Además, Brogan agrega que el estudio muestra la necesidad de un enfoque más precautorio para las pesquerías, más allá de sólo para el bacalao del Atlántico.
“La ciencia les está diciendo que deben poner un amortiguador allí por la incertidumbre que viene con el cambio climático”, remarca.
“Esto debería tenerse en cuenta en la gestión a largo plazo para todas las pesquerías”, concluye. (Fis.com)
03/11/15
