Al reinado de la división le quedan siete meses. De algunas áreas, las políticamente más afectadas por la miopía, se hubiera esperado una honrosa abdicación. Pero, la grandeza pesa menos que la ambición. Y en el caso del subsecretario de Puertos y Vías Navegables, el empresario naval Horacio Tettamanti, sólo puede esperarse más radicalización discursiva.
Al reinado de la división le quedan siete meses. De algunas áreas, las políticamente más afectadas por la miopía, se hubiera esperado una honrosa abdicación. Pero, la grandeza pesa menos que la ambición. Y en el caso del subsecretario de Puertos y Vías Navegables, el empresario naval Horacio Tettamanti, sólo puede esperarse más radicalización discursiva.
El patrioterismo portuario y marítimo tiene argumentos infundados e hirientes. Y antes que reconocerse lego en un tema, Tettamanti apela a la graduación de la voz para sentar una posición. Así, en una alocución reciente, el flamante integrante del Ministerio de Economía, bregó por “combatir la cartelización de las agencias marítimas internacionales”.
Agraviado, el Centro de Navegación le remitió una carta en la que, en duros términos, le manifiesta el desagrado que causaron sus dichos. Sucede que las agencias marítimas son empresas argentinas que ofician de enlace imprescindible -de acuerdo con la ley argentina de navegación- con los buques que hacen posible las exportaciones e importaciones del país.
El Centro de Navegación tiene 115 años, y muchas de las agencias que lo integran tienen aún mayor antigüedad. No se caracteriza por tener un perfil político ni público. Resume su función a lo estrictamente operativo. Pocos son los dislates que logran descolocar a este sector de la economía. Tettamanti ahora es uno.
“En nombre de todos los asociados -dice la carta- deseamos aclarar que las agencias marítimas son empresas argentinas, radicadas en el país, que dan trabajo a cientos de argentinos y aportan a la industria del transporte”, destaca la misiva firmada por Patricio Campbell y Santiago Díaz Mathé (foto), secretario y presidente, respectivamente, del Centro de Navegación.
La urticaria que provoca en ciertos funcionarios el término “internacional” llega a este límite: si alguien representa o interviene en una cadena vinculada con “el mundo exterior” está contaminado por todo lo que busca minar el nacionalismo argentino.
“(Nuestros) servicios se enmarcan en lo establecido por la ley de navegación argentina, no responden a intereses contrapuestos con los nacionales y, menos aún, conforman un sector en estado de cartelización, concepto que consideramos agraviante e implica un desconocimiento sobre las actividades que desarrollan las agencias marítimas”, termina la carta.
La política debería saber cuando no sabe y, en ese caso, llamarse a un estruendoso silencio. (Por Emiliano Galli; La Nación)
28/05/15

