Dudas y certezas después de Fukushima

Entre el cuestionamiento a las centrales nucleares y la progresiva escasez de hidrocarburos, expertos analizan las perspectivas energéticas de Argentina.

Entre el cuestionamiento a las centrales nucleares y la progresiva escasez de hidrocarburos, expertos analizan las perspectivas energéticas de Argentina.

Acaso uno de los efectos más notables que produjo el desastre de Fukushima haya sido el obligar al mundo a repensar su desarrollo energético en un momento en que la demanda de electricidad crece vertiginosamente y las fuentes tradicionales para producirla -los combustibles fósiles- se encuentran en franco retroceso. Mientras que Alemania anunció la decisión de darle de baja a todos sus reactores nucleares anteriores a 1980 y otros países evalúan la posibilidad de no seguir instalando nuevas plantas, en Argentina muchos tomaron de pronto consciencia de que nuestra demanda eléctrica se sustenta en parte en el funcionamiento de dos centrales nucleares.

En medio de la inquietud que despertó en algunos enterarse que no estamos exentos de cierto riesgo atómico, ha vuelto a instalarse el debate en torno a esta fuente de energía que algunos expertos consideran "una de las opciones más realistas para Argentina" y otros, "la más insensata". Pero así como el episodio de Fukushima puso en cuestión el uso de plantas nucleares, también ha llevado preguntarse qué otras opciones tiene nuestro país de cara a un futuro en que los combustibles fósiles se tornan cada vez más difíciles de obtener y, en consecuencia, más caros.

Y es que si bien el progresivo agotamiento del petróleo y el gas plantean un desafío para todo el mundo, esa perspectiva resulta especialmente comprometedora para Argentina, que ha hecho de ellos el pilar de su actual matriz energética. Para dar un ejemplo de cuánto basta mencionar que del total de electricidad que se generó el mes pasado en el país, el 65% provino de la quema de combustibles fósiles en centrales térmicas, el 29% de centrales hidroeléctricas y un 6% de las plantas nucleares.

Pero hay otro dato a tener en cuenta. A lo largo del último año, como viene sucediendo regularmente, la demanda de electricidad en el país se incrementó en un 4,1%, según datos del Mercado Eléctrico Mayorista. Y a este ritmo se impone ya mismo la necesidad de prever nuevas fuentes de abastecimiento, ya sean nucleares, térmicas, hidroeléctricas o eólicas. Cada una con sus ventajas e inconvenientes, el camino que debería seguirse encuentra opiniones enfrentadas entre los expertos. Todos ellos parecen coincidir sin embargo en un punto: la elección que se adopte resultaría determinante para el futuro de Argentina.

"Una opción realista"
"A los niveles de consumo actual, la energía nuclear y la hidráulica son las dos únicas alternativas realistas para satisfacer la demanda eléctrica en Argentina sin tener que recurrir a la quema de combustibles fósiles", sostienen desde la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el organismo a cargo de las centrales Atucha I y Embalse.

Además de ser capaz de generar enormes cantidades de electricidad, la opción nuclear ofrece múltiples ventajas, señalan. Y entre ellas mencionan el hecho de que implica no tener que importar recursos primarios, ya que nuestro país posee uranio; resulta más económica que otras alternativas, y ofrece un alto nivel de disponibilidad; lo que significa que las plantas pueden estar funcionando casi constantemente.

Es así que, por ejemplo, pese a que Atucha I y Embalse tiene una potencia instalada que representa apenas el 3,5% del parque eléctrico argentino, su contribución al mercado nacional termina alcanzando al final de cada año cerca del 6%; una cifra que se incrementaría al 10% al inaugurarse la central Atucha II, prevista para este año.

Frente a la creciente demanda de electricidad -la que "no ha dejado de crecer en el país ni siquiera en las peores crisis"-, el ingeniero César Marcos, profesor titular de la cátedra de Centrales Eléctricas en la Universidad Nacional de La Plata, sostiene también que "posiblemente la mejor opción para Argentina sea aprovechar al máximo sus potencial hidráulico y agregar algunas centrales nucleares".

Lo cierto es que tanto la opción nuclear como la hidráulica tienen la misma desventaja: "las obras de instalación son prolongadas, por lo que hay que empezar a plantearlas ahora mismo si aspiramos a disminuir algún día el uso de combustibles fósiles", admiten desde la CNEA.

Pero más allá de los plazos "el uso de energía nuclear implica además "un riesgo inherente" de fugas radioactivas, reconocen los propios expertos de la Comisión Nacional de Energía Atómica, quienes señalan sin embargo que "en las condiciones adecuadas de operación ese riesgo es mínimo", y que "las centrales argentinas poseen mecanismos para dejar de operar en forma segura en caso de emergencias".

"Cara y riesgosa"
Del otro lado del debate por el uso de energía atómica hay quienes aseguran sin embargo que "no sólo por los riesgos, sino también por los costos, la opción nuclear hoy es la forma más absurda de producir electricidad". Así lo entiende, entre otros, Greenpeace, una organización que siempre se ha opuesto a la instalación de centrales atómicas.

"Se pone el énfasis en lo barata que resulta esta forma de energía, pero en realidad no es cierto. Ahora por ejemplo estamos por inaugurar Atucha II, la planta más cara de todo el parque eléctrico argentino", señala Juan Carlos Villalonga, el coordinador de Campañas de Greenpeace Argentina, quien aclara no obstante que el costo de instalación es apenas "una de las variantes a tener en cuenta en el paquete".

"El uso de energía nuclear resulta intrínsecamente riesgoso más allá del funcionamiento de los reactores. Desde la minería de uranio hasta los residuos radioactivos tenés todo un ciclo de enorme vulnerabilidad con costos infinitos que rara vez se calculan. Porque la realidad es que el material nuclear que estamos utilizando hoy va a necesitar ser custodiado como residuo por más de quinientos años, y eso añade un sobrecosto importante. Los números no cierran por ningún lado", asegura Villalonga.

"Si uno tiene energía nuclear, como es nuestro caso, tiene que hacer un muy buen mantenimiento de las centrales. Y eso es a lo que le temo yo en Argentina. Porque puede funcionar muy bien, pero cuando esta tecnología falla produce desastres", comenta por su parte la doctora en física María Isabel Sosa, titular de la cátedra Termodinámica B en la facultad de Ingeniería de la UNLP.

Con todo, a la hora de evaluar riesgos no se puede dejar de tener en cuenta que la quema de combustibles fósiles también los implica. Y es que al producir gases de efecto invernadero que calientan el planeta, su uso estaría contribuyendo a una mayor frecuencia y magnitud de las catástrofes naturales. Entre ellas, acaso la que ocurrió días atrás en Fukushima.

Un potencial desaprovechado
Lo cierto es que las alternativas para generar electricidad no se limitan a la fisión nuclear y la quema de hidrocarburos. De hecho, entre los cuestionamientos que enfrentan estas tecnologías y la progresiva escasez de combustibles fósiles, cada vez más países se lanzan a explotar mejor sus recursos renovables para satisfacer la demanda eléctrica. Y entre ellos, la generación eólica parece ser la que ofrece mejores perspectivas en Argentina. Aún así, su desarrollo en el país sigue siendo bajo y su causa, coinciden algunos expertos, es la falta de incentivos.

"Hay un potencial eólico en la Patagonia que, aunque fluctuante, bien aprovechado podría generar mucha energía. El problema es que esa energía está en el sur y la mayoría de las industrias en el centro del país, entre La Plata y Rosario, donde las redes se encuentran saturadas. De manera que para aprovechar ese potencial hace falta resolver primero un problema de transporte con nuevas redes. Y para eso hace falta inversión", explica la doctora María Isabel Sosa.

 Lo mismo señala el doctor Erico Spinadel, el presidente de la Asociación Argentina de Energía Eólica. "Con las redes eléctrica adecuadas, el aporte eólico en nuestro país, que hoy es menor al 0,01% podría llegar al 10%, que es el máximo de este tipo de energía que admite una red en cualquier lugar del mundo. Hoy, con 754 megavatios en emprendimientos eólicos ya adjudicados por el gobierno, el sistema no soportaría más de 160, según nuestros cálculos".

"Pero además de una red distinta, para que la energía eólica puede prosperar en Argentina hace falta una base jurídica distinta. Hoy no existe un respaldo jurídico que garantice que aquellos que invierten en la generación eólica van a poder cobrar un precio lucrativo, como ocurre en otros países. ¿Quién les garantiza rentabilidad con estas tarifas subvencionadas que tenemos", plantea Spinadel.

"En Argentina pagamos hoy tarifas eléctricas ficticias que no se corresponden con el costo real de generación. Esto se debe a que sólo se subsidia el consumo de electricidad sino también los combustibles que se utilizan para generarla. En consecuencia, cualquier energía de fuente renovable nos va a parecer en comparación mucho más cara, cuando en realidad no lo es", señala la doctora Sosa.

Debido al bajo costo de las tarifas eléctricas, "hoy no es negocio invertir en generación de electricidad en nuestro país, y por eso el único que invierte es el Estado -señala por su parte Juan Carlos Villalonga-. Sin duda tiene haber tarifas sociales, pero es necesario rever los subsidios eléctricos porque hoy no sólo favorecen a los que hacen un sobreconsumo sino que desalientan todo tipo de inversión en energías renovables. En suma, el bajo costo que pagamos hoy representa para Argentina un alto costo a futuro", dice.

Costos
Debido al bajo costo de las tarifas eléctricas, “hoy no es negocio invertir en generación de electricidad en nuestro país, y por eso el único que invierte es el Estado”, señala Juan Carlos Villalonga. “El bajo costo que pagamos hoy representa para Argentina un alto costo a futuro”, dice el especialista.

27/03/11
EL DÍA

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