(FNM) En su reciente discurso en Pernambuco, la presidente Dilma Rousseff garantizó que – al contrario de lo declarado por el ministro de Minas y Energía, Eduardo Braga y de Magda Chambriard, de la Agencia Nacional del Petróleo – el contenido local será mantenido. Pero quienes defienden la industrialización creciente en el país, saben que hay amenazas en el aire. Y la más concreta se da con la llegada a Brasil del primer ministro de China, Li Kegiang.
(FNM) En su reciente discurso en Pernambuco, la presidente Dilma Rousseff garantizó que – al contrario de lo declarado por el ministro de Minas y Energía, Eduardo Braga y de Magda Chambriard, de la Agencia Nacional del Petróleo – el contenido local será mantenido. Pero quienes defienden la industrialización creciente en el país, saben que hay amenazas en el aire. Y la más concreta se da con la llegada a Brasil del primer ministro de China, Li Kegiang.
Los chinos prometen invertir más de R$ 50.000 millones, una cifra irrelevante para sus reservas de USD 4.000 billones. Poco relevante para ellos, pero esencial para un Brasil en crisis.
Basado en el pragmatismo asiático – que cobra a las familias el costo de la munición de los condenados a muerte – Li Kegiang no se inhibirá de pedir el oro y el moro a una Dilma Rousseff aturdida con la falta de recursos y su baja cotización en la opinión pública. No hay que olvidar que, en el caso de la siderúrgica del grupo Thyssen, en Rio, fueron radicados temporariamente 500 chinos, simplemente para concluir el alto horno, tarea simpe para los trabajadores locales. El pretexto fue que la tarea debía ser ejecutada “con perfección”. La realidad es que, cada año, ingresan al mercado de trabajo chino nada menos que 24 millones de personas, y ellos tienen que encontrarles ocupación.
Una forma directa de conseguir empleo para chinos se da en la construcción naval. Con un automatismo que crece en todo el mundo, los astilleros todavía son de los pocos sectores de mano de obra intensiva remanentes. Los brasileros deben estar atentos para evitar que en medio de las negociaciones, China no termine produciendo los buques de perforación, plataformas, petroleros y buques de apoyo, embarcaciones que Brasil pasó a fabricar con eficacia a partir de 2003. Además, todos saben que, a pesar de ser ingeniero naval, Joaquim Levy jamás fue adepto a la idea del contenido local. Siempre estuvo a favor de retirar los recursos del Fondo de la Marina Mercante para alimentar la caja única del Tesoro. Y el gobierno va a necesitar más de R$ 1 billón, para pagar intereses este año.
Hace poco, China cedió USD 3.500 millones a Petrobras. Ahora, amaga con más recursos. Si se diera crédito a la máxima del economista Milton Friedman, de que “no existe almuerzo gratis”, la gran potencia va a exigir contrapartidas. De esta forma, el contenido local, además de amenazado por las grandes empresas petroleras occidentales – con apoyo interno – ahora también recibe amenazas de la opulenta China. Y el peligro es que los pedidos de los chinos serán hechos en paralelo con la oferta de recursos esenciales para cerrar en azul el balance de pagos del país que, el año pasado, tuvo el mayor déficit de toda su historia: USD 90.900 millones. (Por Sergio Barreto Motta; Monitor Mercantil en Portos e Navios. Adaptado al español por NUESTROMAR
20/05/15

