64 años pasaron desde la inauguración de la primera planta petroquímica en la Argentina. En la mitad de ese camino hasta nuestros días, Bahía Blanca se incorporaba para albergar el desarrollo de esta industria. Nuestra ciudad se ha convertido en los últimos años en un potente complejo industrial portuario, con el crecimiento conjunto de empresas vinculadas a la actividad petroquímica, agroindustrial y de destilerías de petróleo.
64 años pasaron desde la inauguración de la primera planta petroquímica en la Argentina. En la mitad de ese camino hasta nuestros días, Bahía Blanca se incorporaba para albergar el desarrollo de esta industria. Nuestra ciudad se ha convertido en los últimos años en un potente complejo industrial portuario, con el crecimiento conjunto de empresas vinculadas a la actividad petroquímica, agroindustrial y de destilerías de petróleo.
Su importancia relativa es muy alta, ya que participan en conjunto en más del 70% del valor de la producción industrial local. Medida a través de su impacto nacional, representa el 40% de la producción petrolera y derivados petroquímicos del país. Después de sus grandes ampliaciones y nuevas instalaciones, que representaron una inversión de más de 2.500 millones de dólares, el sector continuó creciendo e incorporando nuevas tecnologías.
Desde 2003 hasta la fecha se han invertido en mejoras tecnológicas, ampliaciones de capacidad de producción, control de emisiones, sistemas de protección y seguridad y reducción de consumos energéticos, unos 600 millones dólares. El complejo industrial invierte anualmente en mejoras tecnológicas, tecnología ambiental, y ampliaciones productivas, alrededor del 2,5 al 3% de su inversión total acumulada; lo que representa un valor de 100 millones de dólares por año sólo por estos conceptos.
En definitiva, el polo petroquímico de Bahía Blanca continúa transitando su consolidación y liderazgo nacional. Estas plantas, de moderna concepción tecnológica, operan con alta eficiencia. La materia prima que utilizan son hidrocarburos gaseosos provenientes de yacimientos argentinos localizados en el oeste y sur del país.
Esta transformación industrial le confiere al gas un importante valor agregado respecto de su empleo como combustible. Sin duda es posible pensar en ampliaciones a futuro. Su implementación permitiría aumentos de la capacidad de producción y mejoras en cuestiones claves del proceso como las ambientales y las de seguridad operativa. Pero toda esta lógica de mejora y crecimiento tiene, entre algunos otros, dos factores clave que concebimos como de enorme importancia estratégica, no sólo para este tipo de industria sino para todo el desarrollo local, regional y del país en su conjunto: el agua y la energía.
Las inversiones que se están realizando son una demostración que los gobiernos, tanto nacional como provincial y municipal, tienen claro que agua y energía son factores estratégicos. Desde lo local, nuestra visión indica la necesidad de avanzar en materia de energías limpias y renovables. Bahía Blanca tiene dos fortalezas aprovechables en este sentido: la predominancia de vientos para la producción de energía eólica y la gran disponibilidad de fuentes de aguas subterráneas en su territorio que, a profundidades aproximadas a los 600 mts., surgen a más de 50 grados de temperatura.
Somos una Ciudad Puerto Industrial Internacional, y el perfil de nuestro complejo petroquímico debe ser acompañado, a la vez que controlado, porque su desarrollo y buen funcionamiento forma ya parte de la matriz de producción.
(Por Hugo Borelli – Presidente del Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca; La Nueva Provincia)
27/08/14
