Destrucción del patrimonio natural (Madryn)

Destrucción del patrimonio natural (Madryn)

La falta de controles en El Doradillo, cerca de Puerto Madryn, está afectando uno de los paisajes privilegiados del país.

La falta de controles en El Doradillo, cerca de Puerto Madryn, está afectando uno de los paisajes privilegiados del país.

A casi ocho años de ser declarada paisaje protegido, El Doradillo sigue sufriendo el impacto de la extracción de material de canteras, lo que destruye un paisaje único de la provincia de Chubut.

Se trata de un área de extraordinaria belleza paisajística, ubicada a escasos kilómetros de Puerto Madryn que tiene el privilegio de ser única en el planeta: allí pueden apreciarse las ballenas francas australes a escasos metros de la playa.

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En esta columna, hemos resaltado el incansable trabajo de organizaciones no gubernamentales, primero para declarar el área como paisaje protegido y luego para impedir que se continuara extrayendo arena y canto rodado de sus costas, lo que provocó un impacto permanente en un sitio que se encuentra nada menos que dentro de la zona de amortiguación de la península Valdés, área declarada sitio del patrimonio natural de la humanidad por la Unesco.

La escasa capacidad del municipio en materia ambiental no es novedad: en 2006 varias fundaciones debieron interponer un recurso de amparo contra la Municipalidad de Puerto Madryn para obtener una resolución que ordenaba no sólo la inmediata detención de las actividades de explotación de canteras en la zona del paisaje protegido terrestre y marino El Doradillo, sino la recomposición del sitio.

La actividad extractiva cesó, aunque el escaso control permitió que, de un modo mucho más acotado, la destrucción continuara en algunos sectores. La recomposición, que debió ser afrontada por quienes se beneficiaban con la explotación de este recurso utilizado en la construcción, tuvo lugar sólo en alguna de las playas destruidas, como consecuencia de un acuerdo con la provincia de Chubut. En otros sitios destruidos, la aparente actividad de recomposición se limitó a la instalación de carteles que alertan acerca de una supuesta "zona en recuperación" sin que se perciba actividad en ese sentido.

Ahora, ya no en la playa, sino junto al camino que lleva a la península Valdés, dentro del área protegida El Doradillo, pueden percibirse grotescas aberturas que han despedazado el paisaje desvalorizando de modo irreversible un patrimonio irreemplazable, un sitio de recreación y fuente de recursos genuinos para la propia ciudad y para la bella provincia de Chubut. Algo similar ha ocurrido recientemente junto a la ruta, en el ingreso a Puerto Pirámides, sitio donde miles de visitantes llegan para realizar el avistaje de ballenas.

Cabe preguntarse si las autoridades de Turismo nacional, provincial y municipal, que tanto luchan por atraer a los visitantes a uno de los sitios más emblemáticos de nuestro país, no debieran preocuparse ante el deterioro de este recurso.

Sería un paso fundamental acabar con las canteras irregulares que causan un grosero daño al entorno y que continúan, sin castigo, destruyendo el patrimonio natural, incluso dentro de las áreas protegidas.

Sin dudas es imprescindible contar con una verdadera política para preservar el patrimonio natural. La provincia cuenta históricamente con ella. Sin embargo, la ausencia de un control efectivo no es sino un incumplimiento de los deberes de un funcionario público que permite la violación de normas básicas nacionales, provinciales y municipales y consiente, indiferente, la pérdida de un paisaje irrepetible.

24/08/09
LA NACION

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