Nuevamente la situación del INIDEP nos impulsa a escribir estas líneas preocupados por el futuro que tendrá el único organismo nacional responsable de la investigación científica y técnica de los recursos pesqueros de nuestro país.
Nuevamente la situación del INIDEP nos impulsa a escribir estas líneas preocupados por el futuro que tendrá el único organismo nacional responsable de la investigación científica y técnica de los recursos pesqueros de nuestro país.
Si las sucesivas crisis por las que atravesó el Instituto en los últimos tiempos, sumadas a la actual que paralizó su funcionamiento pusieron en serio peligro la posibilidad de contar con la información básica para el desarrollo sostenible de la pesca, el alejamiento de su director hace presumir un agravamiento de la situación. La decisión de renunciar a un cargo que lo honraba debe ser a nuestro juicio el resultado de sentir que ha agotado las vías a su alcance para devolverle la normalidad al INIDEP.
Cuando el licenciado Enrique Mizrahi alcanzó la Dirección del organismo se generaron positivas y razonables expectativas del inicio de una nueva etapa que jerarquizara la actividad de la institución a la par que se restablecieran las tareas científicas y técnicas para las que fue creado.
El reconocido prestigio de Mizrahi y su acabado conocimiento de todos los aspectos de la pesca contrastaban con el perfil de su antecesor en el cargo que, si bien provenía del corazón político del gobierno nacional, nunca encontró las respuestas adecuadas para resolver los recurrentes conflictos. Datos que abonaban un análisis esperanzador, pero a los que también se añadían significativas iniciativas impulsadas por el entonces flamante titular del INIDEP como el desarrollo del Plan Estratégico, la obtención de recursos económicos para la plena operatividad de la flota de investigación, el reconocimiento expreso a la idoneidad y prestigio de sus investigadores, el énfasis puesto en la necesidad de desarrollar investigaciones sobre especies no explotadas o en el mejoramiento de las artes de pesca.
Un escenario que hacía pensar en que la investigación pesquera dejaba de estar a la deriva para retomar un rumbo de crecimiento y seriedad.
No podemos afirmar que el desgaste en la gestión fue la razón de la renuncia de Mizrahi, pero si podemos asegurar que de mantenerse la indiferencia, la desaprensión y la falta de decisión política para adoptar las medidas que resulten necesarias para terminar con la irracionalidad y desproporción de los reclamos conducirán al desgaste irremediable del INIDEP.
Encuadrar dentro de la racionalidad las demandas, no tolerar excesos amparados en supuestos paraguas políticos e independizar al Instituto de las peleas por el poder gremial son condiciones mínimas con las que debe contar quien aspire a ocupar el cargo hoy vacante.
Ni la cuna política, ni la trayectoria alcanzaron hasta ahora para devolverle normalidad al INIDEP. Si no se modifican las causas espurias que subyacen detrás de la conflictividad salvaje, si no se termina con la impunidad, si la irresponsabilidad no encuentra un castigo, la Argentina seguirá sin tener investigación pesquera, no tendrá información científica, seguirán ausentes las campañas de evaluación de los recursos, continuará dilapidando los fondos que la Nación invirtió en la formación de sus profesionales y técnicos, sumará incertidumbre a la industria y se desvanecerá toda esperanza de consolidar un futuro sustentable para la pesca.
La forma en que asuma el nuevo director del INIDEP será una prueba sobre si existe real voluntad para producir los cambios que necesita la investigación científica y tecnológica pesquera o si solo es un cambio de maquillaje, para que nada cambie.
01/09/08
PESCA & PUERTOS
