Desaparecidos en el Atlántico

El paradero de los tres tripulantes del helicóptero militar que se accidentó frente al Sáhara sigue siendo un enigma seis días después de que se perdiera su rastro.


El paradero de los tres tripulantes del helicóptero militar que se accidentó frente al Sáhara sigue siendo un enigma seis días después de que se perdiera su rastro.

El padre del sargento Johnander Ojeda, uno de los tripulantes del Super Puma accidentado el pasado jueves a 40 millas de Dajla, la antigua Villa Cisneros (Sáhara Occidental), cree que su hijo y sus dos compañeros —el capitán José Morales Rodríguez y el teniente Saúl López Quesada— están secuestrados. En otras circunstancias, esa sería una noticia inquietante. En estas, es una esperanza. Porque si están secuestrados, están vivos. Y es difícil pensar que estando libres no hubieran dado señales de vida en casi seis días.

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, contempla la hipótesis del secuestro, pero no la considera “la más plausible”. No hay antecedentes de piratería en la zona. Los piratas actúan más al sur, en el golfo de Guinea, y, a diferencia de los somalíes, carecen de infraestructura para secuestros largos y se dedican al pillaje de sus víctimas. De confirmarse el secuestro, opinan los expertos, sería una acción oportunista: un barco de contrabandistas habría pescado casualmente a los militares y los habría vendido a algún grupo yihadista de los que operan en Mauritania para completar ingresos.

Pero antes de especular con el paradero de los tres militares hay que comprobar que no están dentro del helicóptero hundido en el Atlántico. Defensa ha localizado ya algunos restos del aparato dispersos por la zona, pero no la cabina. La baliza que se activó tras el siniestro facilitó las coordenadas del lugar donde se hundió, con una profundidad de solo 40 metros, pero las corrientes pueden haberla arrastrado muy lejos: la búsqueda abarca un área de 24 por 16 kilómetros, que 20 submarinistas, apoyados por el buque Olympic Zeus, con dos robots, y los cazaminas Turia y Segura, dotados con un sónar de barrido lateral, peinan hasta ahora sin éxito. La localización de la cabina permitiría despejar la incógnita de si los tripulantes sobrevivieron al accidente y pudieron abandonar el helicóptero. Morenés ha asegurado que el aparato “no estaba especialmente roto”. Se basaba en las dos fotografías que, antes de que se hundiera, tomó un avión de patrulla marítima CN-235. En las imágenes, en poder del juzgado togado militar, se aprecian las aspas sobre la superficie del agua y la mayor parte del aparato sumergido.

Antes de amerizar, los tripulantes desplegaron los flotadores del helicóptero, lo que activó la baliza del aparato. En cambio, no pusieron en marcha la baliza del equipo de emergencia que va con la balsa. El CN-235 y el F-18, que sobrevoló la zona a mayor altura y con menor visibilidad, vieron la mancha verde del colorante que se usa para facilitar la localización desde el aire. Expertos militares aseguran que la bolsa del colorante debe romperse manualmente, lo que implica que al menos un militar estaba vivo y consciente tras el siniestro. Otras fuentes no descartan que el colorante se esparciera accidentalmente. Ni el F-18 ni el CN-235 vieron ninguna balsa, pero el primero creyó divisar una bengala. Por su lado, el piloto de un helicóptero Puma marroquí aseguró haber visto la balsa y la bengala. Eso sí, aunque pertenecía al servicio aéreo de rescate, se dio la vuelta sin haber prestado ayuda alguna.

Más valor puede tener el testimonio del capitán del mercante holandés que pasó por la zona del accidente cinco horas y 40 minutos después, cuyo interrogatorio ha ordenado el juez. Sostiene que envió una embarcación ligera para atar el helicóptero y evitar que se fuera al fondo del mar, aunque sin éxito. Y añade que no vieron a nadie en la cabina, pero no aclara si miraron dentro o si estaba vacía.

Para añadir confusión, la Gendarmería marroquí informó esa tarde a la Guardia Civil de que los tres militares habían sido rescatados por un pesquero que iba hacia Dajla. Nunca llegó. Y, al día siguiente, la Gendarmería se disculpó alegando que la noticia procedía de la Marina de Senegal. Una excusa poco creíble, ya que los senegaleses podrían haber informado directamente a los militares españoles destacados en Dakar. ¿Provocó la falsa buena noticia que se suspendiera la búsqueda en momentos críticos? Morenés sostiene que no, pero esa será la principal cuestión a dilucidar, si sobrevivieron al accidente. (Por Miguel González; El País – España)

29/10/15

 

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