De finales de fiesta y rupturas definitivas de frentes internos

Los finales de fiesta son momentos de realidad exacerbada. El Gobierno enfrenta uno de esos momentos en prácticamente todos los niveles, pero la novedad es que ese particular clima se viva en el frente interno. En el ambiente oficial que toca los temas marítimos, fluviales y portuarias, la fractura es cada vez más evidente, y la ansiedad obnubila toda corrección política y sentido del decoro público.


Los finales de fiesta son momentos de realidad exacerbada. El Gobierno enfrenta uno de esos momentos en prácticamente todos los niveles, pero la novedad es que ese particular clima se viva en el frente interno. En el ambiente oficial que toca los temas marítimos, fluviales y portuarias, la fractura es cada vez más evidente, y la ansiedad obnubila toda corrección política y sentido del decoro público.

Días atrás, nuevamente, la máxima autoridad nacional en materia de puertos y vías navegables, volvió a dar muestras de su intolerante angustia existencial. Sucedió en la jornada que organizaron los gremios, donde con coherente crudeza sindicalistas y empresarios dosificaron su hartazgo frente a la política del discurso vacío de contenido.

Allí, a aquél al que le gusta tener siempre la última palabra, debió conformarse con hablar antes del interventor de la Administración General de Puertos, Sergio Borrelli. Una vez más, Horacio Tettamanti pretendió hacer valer su currículum oficial para cerrar el panel, pero no encontró eco en un ámbito gremial como el de la Fempinra,

Tettamanti, nuevamente, politizó los argumentos técnicos y propició un “puerto metropolitano” entre La Plata, Dock Sud y Buenos Aires, con un canal de 42 pies y retomó la idea de contar con un puerto de aguas profundas en el mediano a largo plazo. Y sostiene fuerte su carta de que se trate su proyecto de ley de promoción de la industria naval más que de la marina mercante. Cruza los dedos para que su padrino político, Edgardo Depetri, pueda ingresar en al Comisión de Intereses Marítimos, donde se giró su proyecto e ley (junto con las comisiones de Industria y presupuesto y Hacienda), y defiende con uñas su disposición 1108 (ver pág. 7), a la que pretende “agregarle valor” con un canal de navegación más cercano a las costas argentinas (el diputado Federico Pinedo, al margen, presentó un proyecto de ley para dejar sin efecto la 1108).

Borrelli, en tanto, tecnificó el discurso político: “La disposición 1108 debe ser acompañada por medidas” como un segundo registro que promueva, primero la oferta de marina mercante, hoy inexistente para una industria naval a la que se pretende impulsar, imponiéndole una demanda.

“Lo felicito, subsecretario, por fijar las políticas de Estado”. Ese fue el saludo que Tettamanti le prodigó a Borrelli, con irónica furia que evidencia una ruptura definitiva

Por Emiliano Galli | LA NACION

24/12/13

LA NACION

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