“Los germanos están en retirada en Anzio”, informaba en tipografía gigante la tapa de Ecos Diarios del 23 de febrero de 1944.
“Los germanos están en retirada en Anzio”, informaba en tipografía gigante la tapa de Ecos Diarios del 23 de febrero de 1944.
Debajo, una fotografía de dos militares estadounidenses, mostraba a los jefes de las Fuerzas Aéreas norteamericanas en el Pacífico. La Segunda Guerra Mundial era en aquellos días un tema recurrente en las páginas de los diarios. Sin embargo, el tema parecía bastante distante para una población provinciana, cuya vida social giraba alrededor del cine y los corsos, que en esos días se encontraban en pleno desarrollo.
Pero aquel 23 de febrero, la tapa del diario acercaba los temores de la guerra a unos pocos kilómetros de nuestra ciudad. “Se había extendido hasta nuestra zona el espionaje del Eje”, señalaba un título secundario.
La nota hacía referencia a un informe de inteligencia según el cual Alemania proyectaba “un desembarco de agentes secretos que debía realizarse entre los faros de Quequén y Miramar”.
“Una parte del informe de espionaje dado a conocer por las autoridades nacionales resulta particularmente interesante para nosotros, en razón de referirse a actividades que tenían como propósito la utilización de parajes de nuestra costa”, señalaba el artículo periodístico.
El informe, que Ecos Diarios reproducía textualmente, indicaba que: “Se ha establecido que a fines del año 1943, el mayor general Frederich Wolf, agregado militar naval de la embajada alemana, comisionó a Guillermo Otto Alberto Seidlitz para que buscara un lugar adecuado en la costa atlántica de la Provincia de Buenos Aires, donde poder desembarcar de submarino alemán, uno o dos agentes secretos del eje, además de materiales necesarios a los organismos de espionaje existentes en la Argentina”.
Siempre según el informe, Seidlitz se puso en contacto con Gustavo Eickenbert, con quien efectuó un viaje a una estancia adquirida por él mismo en Mar del Sur, localidad situada a unos 60 kilómetros al Sur de Mar del Plata, recorriendo los lugares vecinos y la costa marítima, llegando, de acuerdo con Eickenberg, a que el lugar ofrecía grandes probabilidades para efectuar con éxito un desembarco desde el submarino, entrevistando a su regreso al general Wolf, para dar cuenta del cumplimiento de la misión y presentar un informe detallado de las comprobaciones recogidas, indicando como el mejor punto de arribo el equidistante entre los faros de Miramar y Necochea, que es coincidente con el camino que lleva a la estancia de Eickenberg”.
Si bien no existen datos posteriores de desembarcos de espías, aquella información creó intranquilidad entre los necochenses y, un año más tarde, cuando dos submarinos alemanes se rindieron en el puerto de Mar del Plata, los recuerdos de aquellos datos dieron pie a todo tipo de historias que aún perduran.
La rendición
El 10 de julio de 1945, arribó al puerto de Mar del Plata el submarino alemán U 530. Según el artículo publicados por Ecos Diarios al día siguiente, la nave emergió en las aguas del puerto, a las 7.30 e hizo señales de luces a la base de submarinos.
La guerra había finalizado hacía dos meses cuando el comandante del submarino alemán, Otto Wermolt, de 29 años, al mando de una tripulación de 53 marinos, decidió rendirse en el puerto marplatense, tal vez temiendo las represalias aliadas.
Según los tripulantes, hacía un mes y medio que no tocaban puerto y ya se les había terminado el combustible. Los hombres se hallaban exhaustos y se les habían agotado los víveres.
Un periodista del diario El Atlántico de Mar del Plata relató, en una nota reproducida por Ecos Diarios, que la aparición del submarino fue “imprevista y totalmente sorpresiva”.
“El llamado fue captado por el puesto permanente de observación de la Base Naval y de inmediato fue despachada una lancha mientras nerviosamente comenzaban a enviar despachos a los barcos de guerra surtos en la base naval”, señala el artículo.

“Al aclarar fue ya visible el porte del submarino extranjero, que medía unos 50 metros de largo. Sobre cubierta varios hombres rubios de aspecto desaseado y cuyos rostros denotaban largo tiempo de navegación y necesidades, aparecían mirando con curiosidad la costa”, agrega. El submarino finalmente atracó a escasos metros del guardacostas Belgrano. No enarbolaba bandera alguna.
La tripulación quedó alojada en la Base Naval de Mar del Plata y al día siguiente el Ministerio de Marina difundió un comunicado que señalaba que el U 530 no había sido el buque que hundió al crucero brasileño “Bahía” y que entre los tripulantes tampoco “llegó ningún político ni jerarca nazismo”.
No obstante, con el pasar de los días, comenzaron a surgir dudas sobre esta última afirmación y reaparecieron los fantasmas surgidos con aquel informe de inteligencia dado a conocer un año antes.
El 15 de julio, Ecos Diarios informó a los necochenses sobre una versión dada a conocer por diarios porteños sobre un posible desembarco producido pocos días antes de la rendición del U 530.
Según los diarios Crítica y El Mundo de Buenos Aires, pocos días antes de la llegada del submarino alemán, empleados de una firma cerealista “pudieron ver en las playas de Necochea un bote de goma que acababa de llegar, el cual estaba ocupado por varias personas”.
13/10/08
ECOS DIARIOS- NECOCHEA

