Como parte de la estrategia para desembarcar en nuevos mercados, la Argentina quiere revitalizar la relación con el continente con el concepto Sur-Sur.

Como parte de la estrategia para desembarcar en nuevos mercados, la Argentina quiere revitalizar la relación con el continente con el concepto Sur-Sur.

Como un safari, pero con cosechadoras, sembradoras y tecnología agroindustrial. Este es un paisaje que al gobierno y los empresarios argentinos les gustaría tener en un continente todavía desconocido. Es decir, demostrar con hechos que lo que se quiere construir es una relación que va más allá de lo comercial, e incluye las alianzas y la transferencia de tecnología. Esa parece ser la clave para ganar un lugar en la promocionada África.

China e India ya desembarcaron. Los europeos siempre estuvieron. ¿Estamos a tiempo? Sí, pero con ciertas condiciones.

Primero, advierte Justo Casal (consultor especialista en el continente), hay que borrar el estigma de que África es sinónimo de malaria y sida.

Segundo, aprender a conocer y respetar los tiempos de ellos y planificar una relación a largo plazo.

Tercero, alimentar una relación basada en la igualdad de socios Sur-Sur en la que a las ventas se sume la cooperación, sinónimo en este caso de transferencia de tecnología y capacitación.

Por sus dimensiones, África es el tercer continente del planeta, está dotado de enormes riquezas naturales (tiene la mayoría de los minerales conocidos e importantes reservas de combustibles) y alberga alrededor de un tercio de la biodiversidad del mundo. Pero todo eso contrasta con altísimos índices de indigencia y hambre.

Pese a todo, la mayoría de los 54 países que integran el continente logró superar con éxito la última crisis internacional con tasas de crecimiento que oscilaron entre 5 y 7% promedio. El creciente precio del petróleo y las commodities industriales colaboró en gran medida para mejorar la situación de muchos de sus habitantes y aumentar la demanda de alimentos.

Como parte del plan oficial para abrir nuevos mercados, África apareció en el radar argentino. Y con los números en la mano, surgieron argumentos de peso para acercarse a una región históricamente ignorada por nuestro país.

"Más allá de cualquier estrategia, es una realidad que marca el comercio internacional. En el escenario mundial, la política Sur-Sur tiene una importancia creciente y decidimos tener una actitud más proactiva", dijo el secretario de Comercio Internacional de la Cancillería, Luis María Kreckler.

A las tradicionales misiones comerciales se sumó, la semana última, una suerte de "misión inversa de ministros del África subsahariana" organizada por el Ministerio de Agricultura.

"Sólo África subsahariana compra agroalimentos por 35.000 millones de dólares, y de eso, la Argentina sólo le vende el 2,5%", comentó Lorenzo Basso, secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

El funcionario dijo que tienen 400 millones de hectáreas cultivables que no se trabajan por falta de recursos.

"Además de nuestro interés comercial en ampliar la relación, hay un fuerte compromiso con la FAO y planes para trabajar de forma conjunta con Brasil -que cultiva la relación con el continente desde hace mucho- en seguridad alimentaria y transferencia de tecnología, no sólo de maquinarias, sino de semillas e inoculantes, y capacitación para mejorar la calidad de los alimentos. Podemos aportar una tecnología mucho más adaptada a la realidad y necesidades africanas que lo que puede hacer Estados Unidos", agregó Basso.

Sólo el 5% de la superficie del planeta es cultivable; la población crece geométricamente y el gran desafío es cómo alimentarla. El objetivo es lograr más rendimiento en la misma superficie, explicó Jorge Etchebehere, responsable de comercio exterior de Rizobacter.

La empresa productora de agroquímicos ya concretó ventas en Sudáfrica y pronto lo hará con Nigeria y Kenya.

"No tengo dudas de que será el futuro granero del mundo. El tema es que los africanos están acostumbrados a que les saquen todo sin recibir nada a cambio. Quienes quieran tener éxito tienen que ir y quedarse. En África hay muchas diferencias culturales no sólo entre los países, sino dentro de un mismo país. En Nigeria, por ejemplo, la mitad de la población es musulmana y la otra mitad, católica", contó.

Países focales
Casal aconseja tener "países focales" para desembarcar. "Nigeria, Sudáfrica y Kenya son los que tienen los grandes puertos y mejor infraestructura; Angola, tras 22 años de guerra civil, por su ubicación geográfica aparece como otra de las puertas de entrada natural para el continente. Noruega está invirtiendo ahí lo mismo que en el resto de los países en vías de desarrollo".

Los seis años que vivió en África le permitieron conocer algunas de las características del complejo mapa en el que conviven 54 países con una multitud de grupos étnicos y tribus que hablan más de mil lenguas diferentes.

Esos países focales a los que se refirió funcionan como virtuales trampolines. Kenya, por caso, para acceder al Comesa (por sus siglas en inglés, el Mercado Común del Oriente y Sur de África), un mercado de 420 millones de habitantes. La experiencia de Emma Fontanet, representante en la Argentina de Fiber Trade Internacional, una empresa sudafricana que se dedica a la comercialización de fibras, muestra cómo funciona la "teoría del país trampolín".

"La compañía africana compra mohair y lana a cooperativas y pequeños productores de Neuquén, Chubut y Río Negro, y luego de mezclar esos productos con los elaborados en Sudáfrica, re exporta el material con beneficios arancelarios por los acuerdos comerciales que tienen a Japón y China, dos de sus principales mercados", contó a LA NACION.

Oscar Hansen, presidente de la Cámara Argentino Sudafricana, dijo estar convencido de que África es el futuro y de que Sudáfrica es, por razones culturales, filosóficas e idiomáticas, la puerta de entrada al continente.

"Los chinos ya tomaron la delantera. Compraron el 20% del Standard Bank -un banco sudafricano- porque les interesa fundamentalmente la red de sucursales que tienen en el continente. Lo ideal es plantar bandera produciendo en Sudáfrica con una marca argentina y productos argentinos. Es una buena oportunidad para partir de ahí hacia el resto de los países africanos por los acuerdos comerciales que tienen, y hacia Europa y Estados Unidos con más facilidad y menor carga impositiva", estimó.

Un estudio realizado por el Ministerio de Agricultura demuestra que el comercio intrarregional africano no es más que una modesta fracción del volumen global de su comercio, en su mayoría concentrado en Europa.

La debilidad de las infraestructuras, en particular la insuficiencia de las redes de comunicación y el poco desarrollo y alto costo de los transportes, explica en gran medida la escasa dinámica del comercio intracontinental. Por ejemplo, en África subsahariana, sólo el 13% de las carreteras están pavimentadas.

Esa es, según la visión de los expertos, otro sector interesante para los empresarios argentinos.

En África subsahariana viven 713 millones de personas, un 11% de la población mundial, de los cuales el 61% está directamente relacionado con actividades agrícolas.

Crecimiento de la población y aumento del PBI, por un lado; y demanda de lo que produce la Argentina, por el otro, dan un particular atractivo al África, pero un dato alcanza para ilustrar la frialdad de la relación con ese rincón del mundo: en 1960 la Argentina tenía 12 embajadas en África; hoy, sólo cuatro.

Más allá de las intenciones, llegó el tiempo de las señales concretas.
Por Florencia Carbone

12/04/11
LA NACION

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