La argentina Andrea Salas, de 38 años, una de las personas rescatadas del crucero británico Explorer, aseguró que la evacuación del buque -realizada ayer de madrugada después de que chocara contra un iceberg en el Mar Antártico- se realizó "con mucha tranquilidad".
La argentina Andrea Salas, de 38 años, una de las personas rescatadas del crucero británico Explorer, aseguró que la evacuación del buque -realizada ayer de madrugada después de que chocara contra un iceberg en el Mar Antártico- se realizó "con mucha tranquilidad".
Indicó, sin embargo, que los momentos más difíciles fueron los vividos durante las "tres o cuatro horas" que estuvieron aguardando el rescate en los botes salvavidas, durante los que soportaron un frío intenso.
"Había viento y hacía mucho frío; por el oleaje, estábamos mojados", relató Andrea a Radio Continental desde el buque noruego Nordnorge, que los rescató y los condujo hacia la base antártica chilena Frei.
La joven, que vive en el barrio porteño de Caballito, y que formaba parte de la tripulación, ya que trabaja como asistente de la expedición que se encarga de los desembarcos, dijo que le sorprendió que, en todo momento, los pasajeros actuaran con calma y que evacuaran la nave en orden.
Relató que, cerca de la medianoche, cuando ella se encontraba con colegas en el bar, vio gente que subía desde las cabinas más bajas, mojada y gritando que había agua. Minutos después, desde los altavoces, les informaron que el barco había chocado contra una formación de hielo pero que la situación estaba controlada.
Andrea relató que "el golpe era más o menos normal, porque se navegaba entre hielo y había golpes frecuentes" pero que, poco después, el capitán les alertó que un iceberg se acercaba al barco y que esperaba que "el viento lo alejara", cosa que no ocurrió. Fue cuando se produjo la colisión más grave. "Allí sí tuvimos que evacuar", relató.
24/11/07
LA NACION
