La presidenta los acusó de dar información ambigua; ellos replicaron que hubo falta de coordinación en el gobierno.
La presidenta los acusó de dar información ambigua; ellos replicaron que hubo falta de coordinación en el gobierno.
Una aguda polémica entre las fuerzas armadas y el gobierno de Michelle Bachelet estalló ayer mientras se intentaba determinar quiénes fueron los responsables de descartar la alerta de tsunami que devastó la costa chilena después del sismo del sábado pasado.
Pese a que la población alertó sobre violentos movimientos en el océano Pacífico tras la catástrofe, la armada descartó durante la mañana del sábado la posibilidad de un maremoto.
El tsunami se produjo sólo minutos más tarde, cuando enormes olas arrasaron con el poblado de San Juan Bautista, en la isla Robinson Crusoe, donde hubo ocho muertos y ocho desaparecidos. El maremoto destruyó además balnearios y poblados en las costas de El Maule y Bío Bío, que literalmente desaparecieron del mapa, y cuyo número de víctimas aún no ha podido ser determinado. La alerta de tsunami se extendió ese día a 53 países.
La principal acusación se centró en el comunicado enviado por el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico (SHOA) de la Armada a Bachelet, menos de dos horas después del sismo. "El epicentro está en tierra; luego, no debiera haber tsunami", decía el informe.
"La presidenta llamó al SHOA como a las 5.15 para ver si mantenía la alerta que habíamos dado hacía aproximadamente una hora y diez minutos", dijo el jefe de la armada, almirante Edmundo González. "Fuimos poco claros en la información que le entregamos; no fuimos lo suficientemente precisos para decir a la presidenta si se mantenía o se cancelaba. Hubo un titubeo por parte nuestra", admitió. Según la institución, se dieron dos alertas de tsunami.
Las versiones se contradicen. La directora de la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi), Carmen Fernández, reconoció sólo una comunicación por parte de la armada.
"La información fue imprecisa y ambigua. Puedo poner a mi personal de testigo, que estaba con enlace de radio acá o en sus casas y escucharon que el operador del SHOA dijo tres veces que no había posibilidad de tsunami", criticó Fernández.
Sólo 24 horas después del sismo, el ministro de Defensa, Francisco Vidal, hizo un sentido mea culpa: "Hubo un error en la predicción. Lo que pasó en la costa fue un maremoto aquí y en Burundi".
El Congreso anunció ayer la creación de una comisión investigadora para determinar qué ocurrió. No se descartan acusaciones judiciales en contra de la armada y de los eventuales responsables.
El desencuentro con las fuerzas armadas se extendió hasta la fuerza aérea (FACH), organismo que acusó de falta de coordinación al gobierno central.
"Dos horas después del terremoto teníamos los aviones listos para salir adonde nos dijeran, pero necesitábamos una orden política que nunca llegó", dijo el comandante en jefe de la FACH, Ricardo Ortega.
Helicóptero demorado
La molestia de la presidenta con el uniformado no era menor: ella misma tuvo que esperar hasta cuatro horas después del sismo para sobrevolar la zona de la catástrofe porque la FACH no tenía listo su helicóptero.
"Pudimos iniciar una inspección ocular solamente a las 9 de la mañana [del sábado], hora en que la fuerza aérea recién nos pudo poner un helicóptero para la presidenta -dijo, en una sesión especial del Senado, el ministro de Interior, Edmundo Pérez Yoma-. Antes de eso era imposible poder volar, porque no estaban los pilotos, no habían llegado."
En tanto, las quejas del ejército apuntan específicamente a la demora en decretar el estado de catástrofe en las regiones de El Maule y Bío Bío, pese a la sugerencia de los militares el mismo día del sismo.
Al respecto, Pérez Yoma dijo: "Estuvimos analizando la posibilidad de haber puesto el estado de catástrofe esa noche [sábado], pero en conversaciones con el ejército y con otras autoridades se determinó que el número de efectivos que teníamos disponibles en la ciudad de Concepción ese día no eran los suficientes".
La decisión sólo se hizo efectiva el domingo por la tarde, cuando los saqueos ya habían estallado en varias regiones.
Ayer, en una entrevista radial transmitida en cadena nacional, la presidenta hizo frente a las críticas: "Acá somos todos generales después de la guerra. Menos de una hora después del terremoto yo estaba en la Onemi, y fui ahí porque intenté comunicarme y no logré hacerlo, entonces, a mí no me cuentan cuentos".
"Yo estuve ahí en medio de todo, vi lo que llegó, lo que no llegó, quiénes supieron exactamente lo que tenían que hacer, quiénes tuvieron distintas opiniones frente a distintas cosas. Pero basta ya de tratar de buscar responsabilidades y basta ya de no entender que hoy el problema principal es ayudar a la gente", aseveró.
"Acá no corresponde ni sacar cuentas pequeñas ni pasar cuentas políticas. Acá lo que corresponde es ponerse a pensar primero en la emergencia y luego, a la hora de la reconstrucción del país, en qué medidas tenemos que tomar para que no vuelva a suceder esto", agregó la mandataria.
Consultada por la declaración del almirante González en torno de la poca definición de la armada respecto de la alerta de tsunami, Bachelet agradeció sus palabras. "Fue de mucha hombría de su parte hacer ese reconocimiento", sostuvo.
"Pedimos que tengan comprensión, ya que no se logra con nuestra geografía llegar de inmediato a todas partes. Se están haciendo esfuerzos enormes por vía aérea, terrestre y marítima. Y que tengan confianza en Chile, porque Chile se va a poner de pie", dijo la presidenta, al borde del llanto.
Por Carlos Vergara
04/03/10
LA NACION

