Los propietarios de unas 23 embarcaciones que operan en la banquina chica del puerto marplatense decidieron fundar una nueva entidad empresarial, a la que bautizaron Cámara Argentina de Buques Pesqueros de Rada Ría.
Los propietarios de unas 23 embarcaciones que operan en la banquina chica del puerto marplatense decidieron fundar una nueva entidad empresarial, a la que bautizaron Cámara Argentina de Buques Pesqueros de Rada Ría.
La entidad acaba de ser constituida con el propósito de gestionar una serie de medidas en favor de la flota menor, entre ellas, que se le otorgue los mismos beneficios que a las lanchas artesanales y se le asigne zonas exclusivas para operar.
Según le dijo a LA CAPITAL el gerente de la institución, Juan Greco, los pequeños empresarios de la pesca local decidieron agruparse debido a que "ven amenazada su supervivencia" y consideran que las autoridades deben aplicar una serie de medidas para mejorar su situación. Greco planteó que desde que el Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia dispuso una serie restricciones para la actividad, la pesca de rada ría "enfrente una crisis cada vez peor".
Greco explicó que la flota es considerada como comercial y que por lo tanto, debe manejarse según los parámetros que rige a otra clase de buques de mayor porte, como los costeros, sin tener la misma potencia ni autonomía para salir a pescar. "Hay claras diferencias entre una embarcación costera y una de rada ría", comentó.
En este sentido, el dirigente precisó que los barcos de rada ría comparten hoy la misma zona de pesca con buques de mayor porte, que poseen "artes de captura superiores a los nuestros", con lo cual habría una clara desventaja para acceder a los recursos.
Greco señaló que por esta y otras razones la cámara pretende que las autoridades similen la situación de esta flota con la de las lanchas artesanales. "Un 95% de nuestros barcos trabaja del mismo modo que lo hacen las lanchas de menor eslora y sin embargo recibimos un trato diferente y más controles, lo que nos pone en desventaja competitiva", explicó.
Además las lanchas amarillas tienen la ventaja de poder operar dentro de las tres millas más cercanas a la costa, cosa que el resto de la flota no puede hacer. "Nosotros necesitamos una zona restringida en la que nuestros barcos también puedan operar tranquilos", reclamó Greco.
17/02/07
LA CAPITAL
