Si bien es sabido que cada balneario de la costa atlántica bonaerense tiene sus estilos y códigos propios, hay ritos que año tras año se repiten sobre la arena y que representan el verdadero espíritu del ser nacional playero. Tejo, paleta, ronda de mates y el picadito cuando baja el sol, postales de un clásico frente al mar. Aunque esta temporada viene con algunas novedades
Si bien es sabido que cada balneario de la costa atlántica bonaerense tiene sus estilos y códigos propios, hay ritos que año tras año se repiten sobre la arena y que representan el verdadero espíritu del ser nacional playero. Tejo, paleta, ronda de mates y el picadito cuando baja el sol, postales de un clásico frente al mar. Aunque esta temporada viene con algunas novedades
El verano estalla en la costa atlántica y, a diferencia de turistas de otros países, bien puede decirse que los argentinos no van a la playa sólo para tomar sol y darse un chapuzón en el mar, sino que suelen realizar todo tipo de actividades que, a lo largo de los años, se han convertido en verdaderos ritos sobre la arena. Al infaltable tejo, la paleta, la ronda de mates a la hora de jugar al truco o al picadito de fútbol cuando cae el sol, se le sumó este año algunas actividades que, de prosperar en los distintos balnearios, prometen convertirse también en clásicos de cada temporada a la hora de ir a pasar una tarde frente al mar.
Entre las novedades playeras aparecen los torneos organizados por los propios paradores. ¿De qué van? Hay de todo y para todos: poker, fútbol-tenis y hasta clases de spinning para evaluar la resistencia física de los turistas. Ejemplo de esto último es lo que ocurre por estos días en Pinamar, donde el deporte de la bicicleta fija no para de convocar gente decidida a pedalear y transpirar por un buen rato sin moverse de la playa.
Hace tiempo que este balneario tiene en la avenida Bunge una frontera imaginaria entre las playas del sur y las del norte. Cada parador tiene sus códigos no escritos pero conocidos por casi todos. Una playa no se elige porque sí y los que veranean en Pinamar, se sabe, tienen en claro que cada porción de arena tiene un estilo y sello propio. Así como hacia el sur se encuentran las playas más familiares y tradicionales y el deporte que más se observa es el tejo, el torneo de truco o el clásico picadito de fútbol, enfilando para el norte aparecen las playas más fashion, los cuerpos más trabajados y las tendencias deportivas menos usuales para el público en general.
En esa zona de promociones y música dance, uno se encuentra con alternativas bien distintas: entre el beach-volley y el fútbol tenis organizado por distintas marcas, varios paradores sacaron a relucir este verano la opción del spinning playero. Con clases que no duran más de 45 minutos y oscilan entre los 50 y 80 pesos, no son pocos los balnearios que se decidieron por montar sobre sus decks un ejército de bicicletas fijas y atraer así tanto a jóvenes con ganas de despuntar el vicio como a señoras con ganas de conocer de qué va eso del pedaleo en varios ritmos.
"La gente se engancha y vemos que muchos de los que arrancan las clases nunca habían hecho spinning en su vida", contó Fernando, uno de los profes que trabajan en las playas del norte. "Hay muchos chicos que se entusiasman pero también personas adultas que quieren interiorizarse sobre la disciplina. Está bueno ver a hombres y mujeres que pasaron los cincuenta pero que igual siguen el ritmo con la intensidad que uno les pide", agregó el instructor.
En esta zona también es común ver las clases gratuitas de gimnasia aeróbica con las que algunos balnearios buscan atraer, sobre todo, al público femenino. O, ya más hacia el norte, los que buscan alejarse del ruido y la muchedumbre y aprovechan la amplitud de la arena para correr un poco sobre la orilla del mar. Para estos lados, incluso, tampoco pasan desapercibido los llamados deportes no convencionales que cada vez ganan más adeptos entre los veraneantes jóvenes de Pinamar, como el kite surf, sobre el agua, o los torneos de póker que organizan muchos paradores, ya sobre la comodidad de las carpas que reparan del viento.
LOS CLASICOS
Más allá de las novedades, hay clásicos frente al mar que nunca mueren. Pasemos lista y veamos cada uno. El primero, sin duda, es el infaltable mate que acompaña cualquiera buena estadía sobre la arena. Cuando cae el sol, a eso de las 19, empieza el movimiento matero por excelencia. Se agitan las canastas y empieza el ritual del mate del cuál nadie quiere quedar exento. No hay como terminar un día de playa con unos buenos mates; y si están acompañados de facturas o churros, mucho mejor.
Otro clásico que ya es inmortal sobre las arenas de nuestra costa es el tejo, el deporte playero argentino por excelencia. Jugadores con un rango de edad desde los 8 a los 100 años compiten todas las tardes en uno de los más típicos juegos que se practica en la playa. No quedan afuera, por supuesto, los picaditos, la paleta, el frisbee o el volley entre amigos.
Otra costumbre que también gana fuerza cada verano es la de hacer palabras cruzadas, sobre todo para los que frecuentan la zona de carpas. Si uno no tiene ganas de realizar deportes o el día no ayuda mucho, los crucigramas y sopas de letras son siempre una buena opción. El turista argentino suele pasar horas tratando de resolver juegos de ingenio bajo una sombrilla, haciendo partícipe a todos los que estén a su alrededor: "Palabra de nueve letras, comienza con P…"
La guitarreada, aunque más universal, es otro clásico de las playas argentinas, sobre todo en lugares como Villa Gesell o San Bernardo, donde el público adolescente es mayoría. Cuando comienza a caer el sol, entre mates y facturas, se empiezan a oír los primeros acordes de la tarde. Canciones viejas, clásicos, y el famoso "una que sepamos todos" son los encargados de musicalizar ese momento del día.
HORARIOS Y GRUPOS
Quizá sea por el calor, quizá por el efecto invernadero. Lo cierto es que el día en la playa en los distintos balnearios bonaerenses es mucho más largo que años atrás y esto obliga a varios veraneantes a modificar sus hábitos playeros. Para darse una idea, el día ya no se reparte entre los que bajan a la playa por la mañana y los que llegan por la tarde. Hoy hay por lo menos tres horarios pico: el primero arranca mucho más temprano. El segundo es el de los que duermen hasta tarde y llegan pasado el mediodía y el tercero está compuesto por los que bajan a la playa después de las 17 y se quedan hasta la caída del sol, cerca de las 20.
Pasadas las 8,30, las playas de Pinamar, San Bernardo, Villa Gesell o la colmada Mar del Plata ya están bien cargadas. Muchos de sus ocupantes son ex corredores vespertinos a quienes el gentío del atardecer los forzó a alterar sus rutinas. Pero no son los únicos. También aparecen los chicos que prefieren seguir de largo y trasladarse del boliche hasta la playa para aprovechar un poco más el día. Después dormirán la siesta y regresarán a la arena cuando empiece a bajar el sol, pero ya bronceados por haber dicho presente en el primer turno de la mañana.
"Nosotras salimos de bailar y venimos directo para la playa -cuenta Ana Alonso, de 23 años y quien veranea con dos amigas en Pinamar-. Al mediodía no se puede estar porque el sol está muy fuerte. Entonces aprovechamos la mañana y nos quedamos hasta que nos dé sueño y después volvemos a la tardecita".
Los que bajan a la arena al mediodía son, por lo general, los que alquilaron sombra, ya sea de carpas o de sombrillas, o quienes deciden almorzar en alguno de los paradores. Los veraneantes del atardecer, por su parte, son en su mayoría adolescentes. Su lugar predilecto en Pinamar es, como casi todos los veranos, Ufo Point, a donde peregrinan incluso desde otros balnearios. Lo más importante, siempre, es llegar a las 19 para asegurarse un lugar en el médano que baja desde el parador hasta la orilla.
23/01/11
EL DÍA (Revista del Domingo)

