Anunció que su artillería apunta hacia Hawái, Guam y la zona continental.
Anunció que su artillería apunta hacia Hawái, Guam y la zona continental.
SEÚL.- En respuesta a las últimas sanciones económicas contra su régimen, Corea del Norte amenazó ayer con atacar las bases militares norteamericanas en Hawái y en el Pacífico, incluida la zona continental, una advertencia que la Casa Blanca tomó “muy seriamente”.
La retórica belicista de Pyongyang, que ya había advertido que podría lanzar un ataque nuclear contra Estados Unidos, generó preocupación en China, el único gran aliado de los norcoreanos, que ayer pidió a las partes que “se conduzcan con moderación para atenuar la tensión”.
La versión del régimen norcoreano es que las sanciones de las Naciones Unidas, acordadas después de su tercera prueba nuclear en febrero, forman parte de un complot liderado por Washington para derrocar a sus líderes.
“Desde este momento, el comando supremo del Ejército Popular de Corea estará en postura de combate número uno.
Todas las unidades de artillería de campo, incluidas las unidades de artillería de largo alcance y unidades estratégicas de cohetes, tendrán como propósito a todos los objetivos enemigos en las bases norteamericanas invasoras en su territorio continental, Hawái y Guam”, informó la agencia de noticias oficial del régimen, KCNA, que publicó el comunicado completo.
El gobierno norteamericano expresó rápidamente su inquietud por la situación.
“Estamos preocupados por cualquier tipo de amenaza lanzada por los norcoreanos. Tomamos todo lo que ellos dicen muy seriamente. Ellos necesitan dejar de amenazar la paz, con eso no ayudan a nadie”, dijo el vocero del Pentágono,
George Little. Y advirtió también: “Estamos listos para responder a cualquier eventualidad”.
Corea del Norte acusa a Washington de realizar preparativos para la guerra usando bombarderos B-52, que han sobrevolado la península coreana como parte de los ejercicios conjuntos que realiza con Corea del Sur, su aliado.
A pesar del exitoso lanzamiento de un cohete de largo alcance en diciembre -que, según Corea del Sur y sus aliados, fue el ensayo de un misil balístico-, numerosos expertos creen que a Corea del Norte le faltan años para desarrollar un verdadero misil intercontinental que pueda alcanzar al territorio continental de Estados Unidos.
Hawái y Guam también estarían fuera del rango de sus misiles de mediano alcance, que, sin embargo, serían capaces de golpear las bases militares norteamericanas en Corea del Sur y Japón.
El sábado pasado, KCNA indicó que Kim Jong-un, que realizó una visita de inspección a una unidad de fuerzas especiales que se encuentra cerca de la frontera con Corea del Sur, le ordenó que actúen “a la velocidad de la luz” en caso de que estalle una guerra.
La línea divisoria (la llamada Zona Desmilitarizada) no es reconocida por Pyongyang, que alega que fue unilateralmente determinada por las fuerzas de la ONU después de la guerra de Corea, entre 1950 y 1953.
En Seúl, un vocero del Ministerio de Defensa surcoreano informó que el ejército nacional “no detectó movimientos inusuales” en las fuerzas armadas del régimen de Kim. Sin embargo, agregó que el “número uno” al que hace referencia el comunicado divulgado por KCNA indica el más alto nivel de preparación para el combate en el país comunista.
En este sentido, el vocero afirmó que el ejército surcoreano “vigila de cerca” posibles movimientos de las tropas del país vecino y “castigará con fuerza” a Corea del Norte en caso de que agreda de algún modo al país.
Fue el propio ministro de Defensa de Corea del Sur, Kim Kwan-jin, el que instó ayer a las tropas a responder con dureza a cualquier agresión, durante el acto de conmemoración del tercer aniversario del hundimiento del buque Cheonan, que causó 46 muertos y que Seúl atribuye a Pyongyang.
En ese mismo acto, la presidenta del país, Park Geun-hye, hija del dictador que transformó el país con mano de hierro, advirtió a Corea del Norte que su “camino para sobrevivir” era abandonar su programa nuclear y de misiles balísticos.
Agencias AFP y Reuters
27/03/13
LA NACION
