Construcción de barcazas en Rosario: Un fracaso que entristece y defrauda

(NM) Dilaciones, contramarchas y quebrantos en el proyecto de fabricación de barcazas de SABB SA en Astillero Rosario.

(NM) Dilaciones, contramarchas y quebrantos en el proyecto de fabricación de barcazas de SABB SA en Astillero Rosario.

(NM) Con el entusiasmo y expectativa que despiertan los proyectos encaminados a multiplicar la actividad de producción industrial, el sector marítimo argentino – y muy especialmente la comunidad de Rosario – dieron la bienvenida hace ya un par de años, a la iniciativa de la empresa SABB SA para el desarrollo de una industria ferronaval para el transporte de carga.

Como se recordará, el proyecto –concebido hacia fines de 2004 – implicó tanto la reconversión de un sector de la planta industrial que la firma posee en la localidad de María Juana (Provincia de Santa Fe), como la construcción de las instalaciones para el armado, alistamiento y botadura de barcazas.

Desde las páginas de NUESTROMAR dimos cuenta a través de varios artículos, del desarrollo y avances del proyecto, que fue final y formalmente presentado por la mencionada empresa en mayo de 2006, durante la ceremonia en la que se inauguró el Astillero Rosario y se presentó la primera barcaza allí construida.

Ante las máximas autoridades provinciales y municipales, y jerarquizados representantes del gobierno nacional y del conjunto de la comunidad marítima invitados, los directivos de la empresa recordaron aquel día, que la barcaza presentada, era la primera de un contrato por una serie de doce, destinadas a la firma New Harbour Co.Inc, para el transporte de mineral de hierro para la siderúrgica Ternium Siderar. Más aún, se anunció la firma de una nueva orden para la construcción de otras doce barcazas, para el mismo cliente.  Para el primer proyecto, el ritmo de producción previsto alcanzaría las tres unidades mensuales.

Tal como lo destacaron los propios empresarios de SABB, el proyecto contó –desde su inicio – con el acompañamiento de Ternium Siderar, por vía de apoyo a la inversión y asistencia tecnológica e industrial. El proyecto fue asimismo acompañado desde el punto de vista económico – financiero, por TIASA S.A. a través de un fideicomiso. 

Los alentadores anuncios no tardaron en ser desmentidos por la realidad. La botadura de la segunda barcaza – que junto con la tercera se encontraban en avanzado estado de construcción en mayo – se produjo recién a fines de octubre. Cinco meses de demora – el tiempo necesario para entregar 15 barcazas según los anuncios – signados por una crisis que virtualmente paralizó el proyecto, y de la que vale la pena aclarar, los trabajadores fueron absolutamente ajenos.

Hoy, a poco más de un año de aquella inauguración, sólo cinco barcazas fueron al agua. Con otras dos unidades en gradas, el Astillero se mantuvo virtualmente inactivo desde febrero, y sólo recientemente se advierten algunos movimientos. La crisis, lejos de resolverse, se agudizó dejando un tendal de acreedores impagos. El proyecto ni siquiera existe hoy en la página web institucional de SABB SA.

Poco importan las posibles explicaciones de este nuevo fracaso industrial. Se trata esta vez, de una iniciativa privada “en estado puro”, lo que viene a confirmar que en materia de ineptitud de dirigentes, la discusión “público-privado” resulta carente de toda sustancia. 

Podrá explicarse – con alguna razón – que la diferencia en este caso radicará en que los “perdedores”, serán los propios “privados”. No puede olvidarse sin embargo, que la lista de estos “perdedores” incluye a muchas empresas y personas que no sólo acumulan el impacto de deudas por el pago de trabajos efectivamente realizados, sino la frustración por un esfuerzo y compromiso personal, tristemente malogrado.

Tampoco puede dejar de señalarse la decepción general que esta situación genera, y el daño que produce a la credibilidad de un ámbito tan necesitado de emprendimientos serios y responsables, como lo es el de la Industria Naval.    

Según pudo saberse,  la construcción de bloques ha recomenzado recientemente en la Planta de María Juana, al igual que algunos trabajos para continuar con las construcciones en Rosario. Es de esperar que puedan encontrarse caminos para la resolución de esta lamentable situación, y –fundamentalmente – que los empresarios y hombres de negocios participantes asuman de una vez su responsabilidad, y cumplan sus compromisos. 

10/07/07
NUESTROMAR

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