La pesca unida, o más o menos, pide cambios para salir de la agonía mientras las aseguradoras de riesgo de trabajo rechazan al sector y Brasil compra menos pescado marplatense. La poca carga que hay sale por el puerto.
La pesca unida, o más o menos, pide cambios para salir de la agonía mientras las aseguradoras de riesgo de trabajo rechazan al sector y Brasil compra menos pescado marplatense. La poca carga que hay sale por el puerto.
Por estas horas representantes de todas las cámaras empresarias de la pesca argentina están reunidos en Mar del Plata para divulgar un documento en el que están plasmados las medidas necesarias, que a su ver y entender, requiere el sector para recuperar una competitividad erosionada desde 2010 y licuada desde el 2013 a la fecha.
Nada nuevo asomaba en ese documento que al cierre de esta columna conservaba el carácter de “borrador”, que ya no hayan dicho los referentes patronales en estos meses de resignación y supervivencia.
Más allá de la fuerza de un comunicado en conjunto de todas las cámaras, los hechos marcan que las divisiones sectoriales siguen en superficie. Horas antes de dar a conocer el documento, desde la cámara que agrupa a los barcos poteros que pescan calamar promovieron una acción simbólica. Prendieron las luces de los barcos en modo de protesta. “No queremos apagar las luces” en la zafra 2016.
La última gota que cayó en el vaso lleno de obstáculos que exhibe la pesca local es la reticencia de las compañías aseguradoras a cubrir los riesgos laborales en los distintos eslabones de la cadena productiva. Por ley no hay chances que un barco salga a pescar si no está asegurado por una ART.
Como la pesca es una de las actividades con mayor siniestralidad, entre los hechos que verdaderamente ocurren y los que se exageran o directamente se inventan para pasar un buen tiempo al amparo de un sueldo más que digno por orden y cuenta de la aseguradora, las ART plantaron bandera y se negaban a brindar servicio.
Quien pagó los platos rotos fue el barco “Petrel” al servicio de Olamar. El buque fresquero tiene 12 tripulantes que estuvieron más de 10 días sin poder salir a pescar porque nadie brindaba cotización. Y nadie sale al mar sin seguro.
Desde la Cámara de Armadores enviaron una carta a la Superintendencia de Riesgos de Trabajo con copia a Noemí Rial, en la que exigieron que la situación se normalice. Después de casi dos semanas Provincia ART cotizó al Petrel. La póliza representa un 25% de las remuneraciones brutas de la masa salarial de los tripulantes. Una de las más altas del mercado. Algunas empresas de la construcción pagan el 27%.
Claro que por los salarios que abonan los armadores por recibo, más negro que blanco para esquivar el impuesto a las ganancias y bajar cargas sociales y previsionales, el impacto del aumento no es tan devastador.
Pero como las aseguradoras no quieren saber nada con la industria pesquera, es más que probable que trasladarán ese esquema al personal que procesa materia prima en tierra. Y acá la masa salarial es mucho más importante y lo que se escapa del recibo es menor. El costo es alto y el servicio que prestan es malo. Es lo que ha denunciado el Soip en más de una oportunidad. “Nos destratan, creen que somos material descartable”, ha dicho Cristina Ledesma, pope del gremio.
Igual las cámaras armadoras, léase CaIPA, la de Fresqueros de Altura y la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera, criticaron la medida de las aseguradoras. “Hace que la actividad sea aún más antieconómica, y de esa forma, la consecuencia que se logra es agravar el quebrando de las empresas”, coincidieron.
La devaluación récord que aplicó Brasil el mes pasado y que llevó al Real a su precio más bajo en relación al dólar en más de 10 años no hizo más que acentuar la crisis que atraviesa al sector, aunque en Mar del Plata los ecos de la caída de la moneda brasileña se tornan más nítidos.
Brasil es el quinto destino de productos pesqueros argentinos en el mundo, principalmente merluza hubbsi. Las ventas se retrajeron un 23% en los primeros siete meses del año en comparación al mismo periodo del 2014. “No le vendemos un kilo de merluza a nadie”, reconoce Federico Angelleri, director de Pesquera Veraz. Entre enero y septiembre del año pasado se movieron 24,7 mil toneladas que generaron 76,4 millones de dólares. En este, algo más de 18 mil toneladas, por 64,3 millones. La merma afectó principalmente a empresas que operan desde el puerto marplatense. El portal “Penta transaction – estadísticas on line”, da cuenta de las principales compañía exportadoras y aparecen nombres conocidos.
Loba Pesquera, Pampa Fish, Centauro, Falabella, M. Y. A. Kalimar, Proyectos del Mar, Pedro Moscuzza, Galme, Luis Solimeno, Ardapez, Iberconsa y Lacar Fish. No hay un error estimado lector. Falabella es la tienda multinacional chilena: debe exportar para que lo dejen importar.
Y en ese plan vende merluza que le compra a algunos frigoríficos marplatenses. Así arrancó Newsan, ensamblador de teléfonos Samsung en Tierra del Fuego y hoy uno de los principales exportadores de langostino patagónico. La década ganada…
“Hasta agosto se mantuvieron los precios pero desde el mes pasado que se acentuó la devaluación de su moneda, bajaron las ventas y comenzaron a bajar los precios”, contó Ciro D’Antonio, de Frigorífico Del Sud Este.
El espacio que dejan vacío en góndola los productos argentinos son ocupados por pescados de China. Las importaciones brasileñas parecen graficarlo de manera notable. Entre enero y agosto del 2014 habían llegado 33,7 mil toneladas de filetes al mercado brasileño procedente de China por casi 90 millones de dólares. En el mismo período del 2015, la cifra trepó a 40,1 mil toneladas, por 133,3 millones de dólares.
La única mueca en tiempos tormentosos se dibuja en la consolidación del puerto local como salida de las exportaciones de la pesca. Las empresas han entendido la conveniencia de no mandar tanta carga por camión a través de la Autovía. El caso Solimeno y la droga plantada en el trayecto hacia Europa fue una lección aprendida.
El “Tabago Bay” levantó casi 160 contenedores, en su mayoría de empresas pesqueras, pero también subió carne de liebre del frigorífico Infibra, de Chapadmalal. La próxima semana vuelve a entrar y en simultáneo regresa el “Henriette Schulte”, de MSC, que no entra desde que se reanudó el servicio, luego que se profundizara el muelle de amarre y la zona de giro.
Las dos navieras pelean por la misma carga y esa competencia implica una reducción en el flete marítimo. Y hay negociaciones avanzadas para que más empresas se sumen al despacho por Mar del Plata. Solo McCain puede completar un barco semanal con los 20 contenedores que hoy salen todos los días por la puerta de su planta rumbo a Brasil. Por ruta.
Si se logran cristalizar las promesas de importación, el flete bajará aún más, porque no habrá necesidad de traer contenedores vacíos como hasta ahora, sino que llegarán llenos. La industria textil evalúa alternativas al igual que empresas que venden materiales para la construcción y artículos de electricidad. (Por Roberto Garrone; 0223)
16/10/15

