Microcuento para leer en verano.
Microcuento para leer en verano.
Circe, la hechicera, tiene el cuerpo delgado al que adornan carnosidades voluptuosas. Sus senos destacan como promontorios.
Sólo a veces logro sostener su mirar, entonces me despeño en el piélago profundo de esos ojos oscuros, misteriosos.
Cuando la poseo es tan dulce como las frutas confitadas de Oriente. Con condescencia, me susurra cuanto quiere de mí. Ella sabe todo sobre las cosas del amor. ¿No es acaso también una diosa?
Ea, la Isla de Circe, está rodeada de acantilados, sobre los que se echa el mar azul, y escollos donde naufragan los barcos que, como el mío, pierden su rumbo. Aún se recuerda allí el paso de Odiseo; dicen que, de los mortales, fue el más halagado por la diosa.
También yo ahora me siento complacido por ella. Pero para mí no existe Ítaca ni Penélope alguna.
Yo sólo quiero pertenecer a Circe hasta el final de mis días.
Por Cristián Pérez Colman
26/01/14
FUNDACION NUESTROMAR
