Ciénagas: ecosistemas que no se parecen en nada a los de las películas

Conocer mejor estos ambientes permite desmitificar la idea de que son peligrosos.


Conocer mejor estos ambientes permite desmitificar la idea de que son peligrosos.

Los que, como yo, tienen más de seis décadas de juventud acumulada, han de acordarse de esas películas en blanco y negro (como las de Tarzán, por ejemplo), en las que se generaba un tenso suspenso cuándo alguno de los protagonistas caía en una ciénaga y comenzaba a hundirse hasta que el protagonista principal -una especie de súper héroe de los tiempos modernos- valiéndose de una rama o de una liana, lograba rescatar al desesperado/a personaje cuando ya estaba hasta el cuello, y lo llevaba a tierra firme.

Como ando en humedales hace varias décadas, siempre me quedó la curiosidad de conocer aquellos lugares que había visto en las películas que me llenaban de miedo.

Cíenaga de Ayapel, cuenca del Rio Magdalena. Foto: Alvaro Wills Toro.

Para mi sorpresa, estos sitios no son raros en Latinoamérica, al punto que existe un municipio en México, tres en Colombia, uno en Venezuela, uno en Salta, otro en Córdoba, también en Jujuy y seguramente en otros lugares que no conozco aún, denominados: “Ciénaga” o “La Ciénaga”. En ninguno de estos parajes pude encontrar a una heroína hundiéndose en la ciénaga para salvarla, como era mi sueño. Por el contrario, son ecosistemas que en nada se parecen a los de aquellas viejas películas:

– Si bien son lugares inundables o anegables – en forma permanente o temporaria -, generalmente tienen piso firme, agua salina, salobre, o dulce (dependiendo de la fuente de alimentación), paisajes de una gran belleza y una rica variedad de especies vegetales y animales. Esto les valió la designación de Sitios Ramsar en México, Cuba, Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y otros países.

– En cualquiera de estos países las ciénagas son valoradas porque representan un gran recurso para la pesca de subsistencia, para la cría de animales, la provisión de agua, moluscos, camarones y especialmente por su valor para el turismo natural, del que viven comunidades enteras.

Y… entonces ¿de dónde sacaron aquellos cineastas que las ciénagas se tragan a la gente?

Fui al Diccionario de la Real Academia Española y encontré que una ciénaga es un “lugar o paraje lleno de cieno, o pantanoso”. Decidí ir a Wikipedia, que es otra de las fuentes de conocimiento consultadas como confiables, donde encontré ciénaga como equivalente de pantano, si bien con alguna otra acepción que se refiere a ella como “humedal; zona de tierras, generalmente planas, cuya superficie se inunda de manera permanente o intermitentemente”. Esto da una noción más cercana a la realidad, aunque no llega a ser una definición que pueda aplicarse a la geografía continental, ni que resulte de mucha utilidad cuando debemos planificar y ejecutar programas de manejo racional de estos ambientes.

Este comentario puede llevarse a múltiples ejemplos, que ponen en evidencia que el conocimiento nos llega por medios muy diversos a lo largo de la vida, que los conceptos mal aprendidos se trasladan de generación en generación, que las fuentes “socialmente válidas” o “confiables” de conocimiento (diccionarios, enciclopedias) pueden no serlo, ya que depende del saber y la experiencia que hayan nutrido a quienes colocan los términos y los definen. Como ocurre en muchas disciplinas, la validez de un concepto depende de la aplicación que de él pueda hacerse y de la cantidad de excepciones de debamos hacer.

La sociedad generalmente reconoce al científico como “el descubridor” o porque es “el que genera nuevos conocimientos”, lo cual es correcto. Pero otra de las funciones importantes de los científicos es revisar, ordenar, actualizar el conocimiento existente.

Coherente con esa tarea, conjuntamente con la Dra. Sylvina L. Casco, investigadora del CONICET, y con el aporte de una treintena de científicos latinoamericanos, estamos produciendo el Glosario Ilustrado de Humedales de Sudamérica, para que la gente no piense que estos son lugares malditos que se tragan a quien los visita.

Por Juan Jose Neiff (Investigador principal del CONICET)

27/08/13

CPONICET

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