El conflicto territorial que ha escalado entre China y Japón pone en evidencia cómo la puja por el control de los recursos naturales incrementa la disputa por los espacios marítimos y terrestres. El conflicto territorial que ha escalado entre China y Japón pone en evidencia cómo la puja por el control de los recursos naturales incrementa la disputa por los espacios marítimos y terrestres. En la primera semana de septiembre tuvo lugar una nueva cumbre de jefes de estado de la APEC en Vladivostock (Rusia). En este encuentro participaron los 18 países de América y Asia más importantes con costa sobre el Pacífico. Estuvo ausente Obama por sus necesidades de la campaña electoral; el encuentro Hu-Putin mostró la existencia de una alianza estratégica entre Pekín y Moscú; entre China e India se registraron pasos hacia la distensión y también entre dicho país y Pakistán. Pero antes y después de esta Cumbre escalaron los conflictos de China con vecinos por el control del subsuelo marítimo, supuestamente rico en hidrocarburos. Antes fue el conflicto con Vietnam, Filipinas y otros países por el Mar del Sur de China. Hillary Clinton -quien asistió a la Cumbre de la APEC en representación de su país- estuvo el 4 de septiembre en Pekín planteando que es necesario evitar que esta disputa que tiene a China por un lado y a varios países de la región aliados de Washington en el marco de la ASEAN por el otro, genere tensión militar. Pero después de la Cumbre, fue el conflicto de Pekín y Tokio por la posesión de islas deshabitadas en el Mar Oriental de China el conflicto que escaló. Entre el 15 y el 17 de septiembre, el Jefe del Pentágono (Panetta) estuvo en la capital japonesa acordando un nuevo avance en el escudo de misiles con el cual EE.UU. protege a Japón de la amenaza nuclear norcoreana, y luego viajó a Pekín, donde planteó al Vicepresidente y futuro Presidente, Ji Ximping, que debía bajarse la tensión militar. En los dos conflictos el gobierno chino advirtió a su par estadounidense que no se involucre en cuestiones que le son ajenas en el continente asiático. El martes 18 de setiembre se cumplió un nuevo aniversario de la invasión de China por parte de Japón en 1931, ocho años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Este hecho histórico hizo escalar las protestas e incluso generó agresiones contra las empresas japonesas en China, las que optaron por cerrar sus puertos e indicar a su personal de origen japonés que no salga de sus domicilios. La compra de las tres islas deshabitadas (llamadas Senkaku por los japoneses y Diaoyu por los chinos) por parte de intereses japoneses, detonó las protestas en media docena de ciudades industriales chinas, potenciadas por la conmemoración de la cruel ocupación japonesa del país. Aunque China es el primer destino de las exportaciones y las inversiones japonesas, Japón el tercero de las chinas y la interrelación económica es muy fuerte, la combinación de la puja por el control de recursos naturales, sumados a los resentimientos históricos, se han combinado para generar la mayor crisis en la relación bilateral entre Pekín y Tokio en décadas. Se trata de un conflicto que enfrenta a las dos principales potencias de Asia, que al mismo tiempo son la segunda y la tercera economía del mundo. EE.UU. ve con preocupación el conflicto porque complica sus intereses estratégicos en el continente asiático, cada vez más centro de la economía mundial. China ha enviado once patrulleros de sus fuerzas navales a las islas en disputa -civiles japoneses desembarcaron en las islas deshabitadas- y esto es lo que llevó al Jefe del Pentágono a decir que es necesario frenar el riesgo de escalada militar esta semana, primero desde Tokio y después desde Pekín. El problema es que tanto Japón como Corea del Sur son aliados militares de EE.UU. y tienen bases militares estadounidenses con armamento nuclear que supuestamente los protegen de Corea el Norte, pero en los hechos también de China. Además, dos de las flotas de EE.UU. se encuentran frente a las cosas de China con armamento nuclear que alcanza a todo su territorio. A ello se suma la garantía de seguridad otorgada por Washington a Taiwán que le permite rechazar las propuestas de reunificación con el modelo de Honk Kong de un país y dos sistemas. Pero al mismo tiempo, Obama aprovechó su campaña electoral en Ohio -uno de los estados que definirá la elección y que tiene fuerte base industrial- para anunciar que denunciaba a China ante la OMC por el subsidio a la industria de autopartes. Es que el proteccionismo contra China para proteger empleos estadounidenses es hoy popular en la campaña electoral estadounidense. El conflicto que se ha generado en el mundo musulmán con el ataque a las embajadas de EE.UU. no tiene la importancia estratégica a futuro para EE.UU. que sí tiene el conflicto de Asia. La decisión de Obama de lograr el autoabastecimiento energético en el hemisferio -aumentando la producción propia e incrementando la importación de Canadá y México- implica que, en el mediano plazo, EE.UU. no importará más petróleo de Medio Oriente y en consecuencia ya no dependerá estratégicamente de esta región. Esto explica el replanteo de la estrategia militar para esta década dispuesto por Obama en 2011 de acuerdo al cual, el Asia y el Pacífico pasan a ser las hipótesis de conflicto más importante. El establecimiento de una base militar estadounidense en Australia -el flanco sur de China- el año pasado, es una acción muy clara en esta dirección. La cuestión es que para los intereses de EE.UU. seguir siendo la potencia estratégica del Pacífico en el siglo XXI es un objetivo prioritario. A partir de la década que se ha iniciado, más de la mitad de los buques de la Armada de los EE.UU. navegarán en el Pacífico. Esto implica mantener las bases en Corea del Sur y Japón, así como también la garantía de seguridad a Taiwán. Ninguno de estos tres países pretende el arma nuclear, porque cuentan con la protección nuclear de los EE.UU. El conflicto estratégico central en el siglo XXI será la puja entre Washington y Pekín por el control del Pacífico y es en este marco que adquiere importancia la escalada del conflicto entre Japón y China. Tras cinco días de disturbios anti-japoneses en China, el gobierno de la potencia asiática ha decidido frenarlos, reiterando la advertencia a EEUU de que no intervenga y esperando que Japón de un paso diplomático hacia la distensión. por Rosendo Fraga 20/09/12 NUEVA MAYORIA.COM
