La Comisión Ballenera Internacional (CBI) no se ha atrevido o, simplemente, no ha querido abordar decididamente el problema que plantean a los demás países miembros los intereses de Japón, Islandia y Noruega, primordialmente
La Comisión Ballenera Internacional (CBI) no se ha atrevido o, simplemente, no ha querido abordar decididamente el problema que plantean a los demás países miembros los intereses de Japón, Islandia y Noruega, primordialmente
No ha tenido en cuenta lo logrado en 25 años de moratoria ni el hecho de que la Antártida perdió casi la totalidad de sus poblaciones de grandes cetáceos, espe-cialmente ballena azul, en los últimos cien años. La CBI obvió un informe de la organización ecologista WWF que revela lo reducidas que se encuentran las pobla-ciones de varias especies de ballenas del hemisferio sur.
Bajo el título Salvemos las ballenas, salvemos el Océano Antártico, el estudio alerta de que, si hace un siglo vivían alrededor de la Antártida más de 200.000 ballenas azules, hoy hay no más de 2.300 ejemplares.
A todo ello se suma la muerte de 725.000 rorcuales comunes por la acción de los buques balleneros. La especie está inscrita actualmente dentro de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como "amenazada" y aún así, lamentan los ecologistas, "la CBI propone reabrir la caza comercial de la especie de los mares antárticos".
La caza de ballenas fue paralizada en la Antártida en 1994 como respuesta a la caza comercial "desenfrenada" durante el pasado siglo, que provocó la muerte a más de un millón de ballenas, según WWF, que asegura que varias especies fueron llevadas a su práctica extinción.
Si en la actualidad existe un lugar de refugio, una zona de protección para las ballenas, esta es el santuario antártico. Por ello, la no eliminación de su caza por parte de la CBI es una piedra más en la construcción del edificio que alberga los afanes de países que, como Japón, se amparan en el interés investigador para disfrazar su faz más comercial que es la que ansía cazar ballenas por los resultados económicos de su actividad depredadora. Naturalmente, con Islandia y Noruega como escuderos.
La última reunión de la CBI en Agadir (Marruecos) no será nunca la del acuerdo para preservar las ballenas. Y esto lo saben perfectamente quienes optaron por no asumir responsabilidades, ya.
Por Antón Luaces
05/07/10
LAOPINIONCORUÑA – ESPAÑA
