Recorrió más de 100 metros en el agua helada. Su compañero no logró sobrevivir.
Milagro y muerte en el Río de la Plata.
Recorrió más de 100 metros en el agua helada. Su compañero no logró sobrevivir.
Milagro y muerte en el Río de la Plata.
Todavía no se sabe bien cómo. Y tal vez no se comprenda nunca. Pero después de soportar el silencioso vértigo de la caída libre y sentir el impacto del helicóptero que piloteaba contra la superficie del Río de la Plata Carlos Gardel Cano Vale vive. No fue sólo fortuna: en efecto, padeció la muerte de su compañero de vuelo, Daniel Ferrere, un prestigioso abogado uruguayo que murió atrapado en el fondo del estuario
Carlos construyó su propia odisea . Buscó sobrevivir y lo logró: nadó hasta la costa y, prácticamente congelado, arrastrando sus ropas empapadas por agua helada, trepó una barranca, caminó y salvó su vida cuando se encontró con gente que lo abrigó.
Con destino final en Buenos Aires, Cano Vale, un piloto de 51 años con más de 10 mil horas de vuelo, había despegado del aeropuerto de Carrasco, en Montevideo, a bordo del helicóptero de Ferrere, un conocido asesor del presidente uruguayo José “Pepe” Mujica. Cerca de las 11, cuando sobrevolaban en medio de la niebla la costa del departamento de San José, algo falló.
Abajo, a un par de kilómetros de la playa, Javier Márquez, Nelson Fernández y José Camisa, tres peones de una estancia de la zona, propiedad de argentinos, habían escuchado una explosión. Pero el trabajo era mucho y no atendieron la alarma. Hasta que sonó el celular de Fernández y la voz extrañada de la administradora de la estancia les pedía que fueran urgente al casco: “Hay un hombre empapado, temblando, con un corte en el mentón que no para de sangrarle”. Los tres pensaron rápidamente en aquella explosión. Y fueron.
Ahí estaba Cano Vale, desvanecido. Al borde de la inconsciencia, balbuceando frases. Pero solo se entendía una, que repetía permanentemente: “Fue un error, fue un error”. Los hombres desvistieron a Cano Vale, lo bañaron con agua bien caliente, le dieron ropa seca y lo abrigaron con frazadas. El piloto sufría una hipotermia evidente, producto de la temperatura del agua, a esa hora, de menos de 10 grados.
“No se podía tener en pie”, le contaron testigos a Clarín .
Según se sabe, después de fracasar en el intento de salvar a Ferrere, el piloto atravesó una seguidilla de obstáculos: nadó 150 metros hasta la orilla, caminó otros diez sobre la arena, subió una barranca muy empinada de unos 15 metros y luego caminó 600 metros más hasta el casco de la estancia.
Después de darle calor, lo llevaron en una camioneta hasta la Asociación Médica de San José, 12 kilómetros a través de caminos vecinales. Allí le curaron la herida del mentón, lo estabilizaron y lo derivaron a la Asociación Española de Socorros Mutuos, en Montevideo, donde anoche prefirieron no dar información pero aclararon que “está totalmente fuera de peligro”. Después lo interrogó la Fuerza Aérea uruguaya: querrán saber qué ocurrió. No podrán saber cómo es que Carlos Gardel Cano Vale vive.
Por Fernando Soriano
30/07/10
CLARIN
