Con el alto nivel del mar y las fuertes marejadas, las calles se han convertido en pantanos en ciertas partes de los Cayos de Florida, cuyos habitantes temen una caída de los precios inmobiliarios.
Con el alto nivel del mar y las fuertes marejadas, las calles se han convertido en pantanos en ciertas partes de los Cayos de Florida, cuyos habitantes temen una caída de los precios inmobiliarios.
En Cayo Largo, una de las islas tropicales de los Cayos del Sur de Florida, las inundaciones comenzaron a fines de septiembre. Durante un mes las calles permanecieron bajo 40 cm de agua salada. Este diciembre, inesperadas lluvias transformaron las calles en canales, con aguas estancadas y mosquitos.
Los habitantes de la isla firmaron peticiones e hicieron oír sus voces. Ahora esperan que las autoridades locales eleven las rutas o mejoren el drenaje. Pero hay un tema en el que todos están de acuerdo, ya que en ciertos casos es la mayor inversión de sus vidas: “Todos estamos inquietos por el valor de nuestras propiedades”, dice Narelle Prew, que tasa en un millón de dólares su casa.
Algunos científicos de Florida afirman que el nivel del mar aumentará 25 cm en los próximos 15 años en comparación a 1992 y 60 cm hacia 2060. Para el fin de siglo, los pronósticos son catastróficos, con un aumento de hasta 1,5 m del nivel de las aguas. Como la mayoría de los Cayos no tienen más de 2 m de altura sobre el nivel del mar, si no se hace nada, un aumento de 1,5 m de las aguas sumergiría el 68 por ciento de las propiedades.
Por ahora, el negocio inmobiliario está en plena expansión. Incluso en los Cayos, un archipiélago de 1.700 islas localizado sobre prehistóricos arrecifes de coral, el precio medio de una casa es de 519 mil dólares, un aumento de 6 por ciento respecto de 2014.
Los expertos prevén que el cambio climático tenga consecuencias para el bolsillo. Según Risk Management Solutions, el sector inmobiliario podría perder 15 mil millones de dólares en Florida de aquí a 2030.
En los Cayos, en tanto, las autoridades siguen pensando cómo detener las inundaciones. Pero los diques y las bombas no son suficientes, y elevar las rutas implicaría hacer fluir las aguas a los jardines.
“Hay que ser imaginativo”, dice Rhonda Haag, directora de desarrollo del Condado de Monroe. “No descartamos ninguna solución, porque por ahora no se sabe qué va a funcionar o no.” (La Nación)
16/12/15

