Estimados sres Neptuno y Eolo,
Estimados sres Neptuno y Eolo,
Ahora que por fin avistamos el cabo de Hornos, lo cual ha provocado un buen alborozo entre los tripulantes y el pasaje del Hespérides, no he querido dejar pasar la ocasión de mandarles unas palabras de agradecimiento que, les ruego, hagan también extensivas a la subdirección general de Tormentas y tempestades de su Gobierno.
Los que nos dedicamos a la comunicación sabemos de sobras lo difícil que es crear un mito y alimentarlo año tras año sin que decaiga el interés del público. Mucho nos habían hablado del temible cruce de paso de Drake, que separa la Tierra de Fuego de la Península Antártica, por lo que lo hemos abordado con gran ilusión y expectativa.
Les felicito por la calidad del espectáculo ofrecido en esta ocasión. Especialmente destacables han sido las olas de casi 9 metros y las rachas de viento de 120 kilómetros. También muy conseguidos los efectos luminotécnicos con esos finos rayos de sol que iluminaban fugazmente las grandes masas de agua que se nos echaban encima por babor creando una inclinación importante en el barco. Hay gente que paga una fortuna por vivir estas emociones en los grandes parques de atracciones mientras que a nosotros nos ha salido totalmente gratis.

El pasaje estaba tan contento de la experiencia que algunos han decidido improvisar una yenka luciendo además un envidiable color cetrino, entre el verde y el amarillo. Ya saben izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante atrás, un dos tres. Una coreografia a la que se han unido con entusiasmo varios objetos del barco, entre ellos sillas que por muy trincadas que estuvieran se han arrancado también por bulerías para unirse al jolgorio general. Otros en cambio, entre ellos yo, hemos decidido disfrutar del show desde las ventanillas de nuestros camarotes sin movernos de nuestras camas más que para ir al baño, cuando eso era posible. Al final me dolían las costillas y los riñones de tanta cama.
Algunos aún no han salido. Sin ánimo de ofender y sólo para poner algún pero, me pregunto si no sería conveniente acortar un poco la duración del espectáculo y dejarlo en 20 minutos en vez de las 48 horas que ha durado éste. Ya saben, lo bueno si breve……
Al llegar al cabo de Hornos hemos salido todos a cubierta como si volviéramos a nacer y a alguno le ha dado por entonar una estrofa de El Jardín prohibido cuando dice aquello de “….no lo volveré a hacer más”. Sin otro particular, y agradeciéndoles una vez más esta demostración de fuerza de la naturaleza me despido de vds mandándoles un cordial saludo y garantizándoles que de ésta me acordaré una buena temporada.
Atentamente,
Albert Solé
14/01/13
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

