Deng Xiao Ping resumió la nueva dirección económica de China con una sencilla metáfora: “Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.
Deng Xiao Ping resumió la nueva dirección económica de China con una sencilla metáfora: “Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.
El proyecto de ley de reforma de los puertos enviado por el Poder Ejecutivo brasileño al Congreso tropieza con dificultades causadas por concepciones ideológicas (proteger a los puertos públicos de la competencia de las terminales privadas) y los intereses creados. A fines de febrero los trabajadores portuarios declararon un paro de seis horas, en medio de una cosecha de soja récord, en protesta contra las propuestas. Como resultado, según informa Folha de S. Paulo, el gobierno, desalentado por las demoras en conseguir la aprobación de una ley de puertos en el Congreso, estudia modificar determinados elementos del marco actual mediante decretos.
El sistema portuario brasileño incluye 34 puertos públicos marítimos. La administración y operación de esos puertos se divide en los delegados a los gobiernos estaduales o municipales (16 puertos) y los administrados directamente por Compañías portuarias (18). Estas son sociedades de economía mixta que tienen como accionista principal al Gobierno Federal y que dependen directamente de la Secretaria de Puertos. En el sistema actual existen terminales de uso privado, propiedad de grandes empresas para operar exclusivamente con sus propias cargas (un ejemplo es Tubarao, que mueve 109 millones de toneladas de graneles sólidos por año); puertos públicos (administrados por el Estado que arriendan espacios a terminales privadas); y mixtos (terminales privadas que pueden utilizar parte de su capacidad ociosa para transportar cargas de otras empresas). Es un sistema complejo que deliberadamente busca limitar la participación, inversión y competencia de las empresas privadas en el sistema portuario nacional.
Las reformas propuestas intentan terminar con las limitaciones para el funcionamiento de los puertos y permitir que las empresas portuarias privadas manejen cargas propias y de terceros. Que vendan sus servicios a todos. La iniciativa procura impulsar la competencia entre las diversas terminales portuarias, apoyar la inversión privada en el sistema, estimular la eficiencia y bajar los costos y tarifas portuarias. Todos los cuales son objetivos esenciales para una potencia económica cuyo desarrollo es estrangulado por las limitaciones de su infraestructura portuaria. A fines de marzo se formaron colas de hasta 65 km, de camiones cargados de soja que debían esperar para descargar en el puerto de Santos. En el 2010 este puerto movió 37 millones de toneladas de graneles sólidos, 13 millones de toneladas de graneles líquidos y 35 millones de toneladas de carga general.
Lo más interesante es que lo que hoy intenta conseguir el Brasil, con tanta dificultad, ya lo tiene nuestro país desde la Ley de Puertos del año 1992.
Por Juan Oribe Stemmer
13/05/13
EL PAÍS (Uruguay)
