Brasil y su “mar interior”

Brasil y su “mar interior”

Situado entre la costa oriental de América del Sur, y la costa oeste de África Negra, el Atlántico Sur ocupa un lugar decisivo desde el punto de vista del interés económico y estratégico brasilero: como fuente de recursos, como vía de comunicación, y como medio de proyección de la influencia del país en el continente africano. Además del “pré-sal” brasilero, existen reservas de petróleo en la plataforma continental argentina, en la región del Golfo de Guinea, sobretodo en Nigeria, Angola, y en Congo, Gabón, Santo Tomé y Príncipe.


Situado entre la costa oriental de América del Sur, y la costa oeste de África Negra, el Atlántico Sur ocupa un lugar decisivo desde el punto de vista del interés económico y estratégico brasilero: como fuente de recursos, como vía de comunicación, y como medio de proyección de la influencia del país en el continente africano. Además del “pré-sal” brasilero, existen reservas de petróleo en la plataforma continental argentina, en la región del Golfo de Guinea, sobretodo en Nigeria, Angola, y en Congo, Gabón, Santo Tomé y Príncipe.

En la costa occidental africana, también existen grandes reservas de gas, en Namibia, y de carbón en Sudáfrica; y en la cuenca atlántica, se acumulan costras de cobalto, nódulos polimetálicos (que contienen níquel, cobalto, cobre y manganeso), sulfatos (conteniendo hierro, zinc, plata, cobre y oro), además  de depósitos de diamante, oro y fósforo entre otros minerales relevantes, y ya fueron identificadas grandes fuentes energéticas y minerales, en la región  Antártica. Además de esto, el Atlántico Sur es una vía de transporte y comunicación fundamental, entre Brasil y África, y un espacio crucial para la defensa de los países ribereños, de ambos lados del océano.

La Argentina tiene 5.000 km de costa, sostiene una disputa territorial con Gran Bretaña y tiene una importante proyección en el territorio de la Antártida y los pasajes interoceánicos del canal de Beagle y del estrecho de Drake. Del otro lado del Atlántico, Sudáfrica ocupa el vértice meridional del continente africano, y es un país bioceánico, bañado simultáneamente por el Atlántico y el Índico, con 3.000 km de costas marítimas, y cerca de un millón de km2 de aguas jurisdiccionales, ocupando una posición muy importante como punto de pasaje

entre “occidente” y “oriente”, por donde circula cerca del 60% del petróleo embarcado en Oriente Medio, en dirección a los EEUU y Europa.

El país sigue siendo vulnerable desde el punto de vista de la capacidad de defensa de su costa y de su plataforma marítima.

Finalmente,  Nigeria y Angola tienen 800 y 1.600 km de costa atlántica, respectivamente, y las reservas de petróleo del Golfo de Guinea están estimadas en 100 millones de barriles. Pero no hay dudas de que Brasil es el país costero que tiene la mayor importancia económica y geopolítica dentro del Atlántico Sur, con sus 7.490 km de costa, y sus 3.600 millones de km2 de territorio marítimo, que pueden llegar a 4,4 millones – más de la mitad del territorio continental brasileiro – en caso de que sea aceptadas las reivindicaciones presentadas por Brasil ante la Comisión de Límites de las Naciones Unidas: casi el doble del tamaño del Mar Mediterráneo y del Caribe, y casi 2/3 del Mar de la China. El interés estratégico de Brasil en esta área va más allá de la defensa de su mar territorial, e incluye toda su Zona Económica Exclusiva (ZEE), por donde pasa cerca del 90% de su comercio internacional; y donde se encuentran cerca del 90% de las reservas totales de petróleo de Brasil, y el 82% de su producción actual; y más del 67% de sus reservas de gas natural. Además de esto, Brasil posee tres islas atlánticas que tienen importante proyección sobre el territorio de la Antártida, y que son altamente vulnerables desde el punto de vista de su seguridad.

A pesar de esto, el control militar del Atlántico Sur sigue en manos de las dos grandes potencias anglosajonas. Gran Bretaña mantiene un cinturón de islas y bases navales en el Atlántico Sur, que le confieren una enorme ventaja estratégica en el control de la región. Y los EEUU disponen de tres comandos que operan en la misma área: el USSOUTHCOM, creado en 1963, el Africom, creado en 2007, y su IV Flota Naval creada durante la Segunda Guerra Mundial y reactivada en 2008, con el objetivo explícito de controlar el Atlántico Sur. Además, las dos potencias mencionadas controlan conjuntamente la Base Aérea de la Isla de Ascensión, donde operan simultáneamente, la Fuerza Aérea de los EEUU, la Fuerza Aérea del Reino Unido y las fuerzas de los países de la Otan.

En la misma Isla de Ascensión se encuentran instaladas estaciones de interceptación de señales y bases del sistema de monitoreo global, denominado Echelon, que permite el monitoreo y controle de todo el Océano Atlántico. Esta circunstancia configura una enorme asimetría de poder y de recursos entre las fuerzas navales y aéreas, de las potencias anglosajonas y de OTAN, y las de los demás países situados a ambos lados del Atlántico Sur.

En este punto Brasil no puede engañarse: posee la capacitación económica y  tecnológica para explorar los recursos ofrecidos por el océano, pero no tiene actualmente la capacidad de defender la soberanía de su “mar interior”. La capacitación naval de Brasil fue enteramente dependiente de Gran Bretaña y de los Estados Unidos, por lo menos hasta la década del 70, y Brasil sigue siendo un país vulnerable desde el punto de vista de su capacidad de defensa de sus costas y plataforma marítima. Y este panorama solo podrá  modificarse a largo plazo, después de la construcción de la nueva flota de submarinos convencionales y nucleares que deberá ser incorporada a la marina brasilera entre 2018 y 2045, y después que Brasil adquiera la capacidad autónoma de construcción de su propia defensa aérea.

En lo inmediato, entretanto, el cálculo estratégico de Brasil tiene que asumir esta asimetría de poder como un dato de la realidad y como una piedra en el camino de su política de proyección de influencia en el continente africano, y sobre este, su inmenso “mar interior”.

Por José Luís Fiori, profesor titular de economía política internacional de la UFRJ

(Fuente Valor Econômico, en Portos e navios)

28/12/13

FUNDACIÓN NUESTROMAR

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio