A lo largo del año pasado capturaron y destruyeron 365 barcos ilegales, uno por día. También podrán lanzar explosivos y, en algunos casos, disparar contra los buques que huyen.
Si el caso del Viarsa en lugar de en agosto del 2003 hubiese sido hoy, la persecución del palangrero uruguayo pero propiedad de una empresa gallega por el gélido sur del Atlántico no se habría prolongado, ni por asomo, los 21 largos días que duró entonces. Canberra debió haber quedado marcada, y mucho, tras esa accidentada odisea que llevó a una de sus patrulleras a recorrer 3.900 millas en una persecución tan caliente como mar helado había en su ruta para que, al final, la Justicia decidiese absolver al Viarsa de la acusación de pesca ilegal en aguas jurisdiccionales de Australia. Tan hastiada que, desde entonces, no ha parado de idear fórmulas para parar los pies a la actividad pirata. Y son fórmulas que dejan casi al nivel de un juego de niños los embargos y las sanciones contundentes que la Comisión Europea planteó hace unos días en Santiago.
La bombilla de la última idea de Canberra se encendió en diciembre y, aunque todavía no se ha materializado, no parece que vaya a demorarse mucho su puesta en marcha. El ministro de Defensa, Brendan Nelson, anunció, a finales del año pasado, que concedería a la Armada australiana mayores poderes para combatir la pesca ilegal dentro de sus aguas jurisdiccionales.
Disparos
Y las nuevas reglas de juego son realmente potentes, puesto que Nelson habla de emplear gas pimienta u otros fluidos lacrimógenos, explosivos acústicos de largo alcance e, incluso, alude a la posibilidad de que, bajo determinadas circunstancias, la Armada pueda disparar directamente para impedir que la embarcación eluda la captura. «Es extremadamente importante que cualquiera que venga a este país con la intención de robar nuestro pescado e incumplir nuestra soberanía sepa que ellos toparán con una muy dura y disciplinada Armada», declaró el ministro de Defensa.
Las nuevas medidas van especialmente dirigidas hacia esas tripulaciones que, como la del Viarsa en su día, hacen caso omiso de las órdenes de alto que les dan las autoridades pesqueras y emprenden la huida.
Bombas de palenque
A pesar de la espina que tiene clavada por el hecho de que el fin de fiesta de un caso que dio la vuelta al mundo se celebrase con bombas de palenque en las antípodas (en Ribeira) y no en Fremantle, donde el barco estaba retenido, Australia no oculta su satisfacción al comprobar que ha hecho progresos en la lucha contra la pesca ilegal. «Por primera vez desde el 2004 hemos visto una reducción significativa», explicó el ministro de Pesca, el senador Eric Abetz.
Así, a lo largo del 2006, el Gobierno australiano apresó y destruyó 365 barcos, esto es, una media de buque por día. Además, los avistamientos de pesqueros ilegales en el norte de las aguas jurisdiccionales descendieron un 40% con respecto al 2005, y eso a pesar de que se incrementaron las inspecciones aéreas y también cayeron los decomisos.
Por contra, el presupuesto hubo de incrementarse. En mayo, el Gobierno aprobó una cuantía de 2,3 millones de euros adicionales para la lucha contra la actividad furtiva en los próximos cuatro años y que sirvieron para añadir un nuevo buque, el Mighty Triton, para patrullar las aguas australianas.
Convenios con Francia para vigilar las zonas económicas del Índico y Antártico
Aparte de su lucha individual, Australia también está buscando alianzas internacionales para erradicar de sus aguas la actividad ilícita. El último pacto ha sido con Francia. El ministro de Pesca australiano, Eric Abetz, y su homólogo francés, Dominique Bussereau, sellaron el mes pasado un tratado de cooperación para reforzar sus leyes pesqueras, sobre todo las de aplicación a las zonas económicas exclusivas que París y Canberra administran en el océano Índico y en el océano Antártico.
«El Gobierno australiano está encantado con la cooperación regular que mantiene con Francia vigilando los mares del sur», dijo Abetz, que añadió que la mayoría de las patrulleras francesas cuentan con oficiales de Aduanas australianos y viceversa, agentes franceses viajan a bordo del barco de patrulla Oceanic Viking.
Aunque el tratado sellado no es nuevo -está en vigor desde el año pasado-, sí lo son algunas de las disposiciones. Como que, por ejemplo, el nuevo texto permitirá que los oficiales franceses puedan apresar a un barco ilegal en aguas territoriales francesas aunque estén a bordo de una patrullera italiana.
Esa colaboración con Francia se financia con esa partida de 129,7 millones de euros para cinco años que el Gobierno australiano ha reservado para luchar contra la pesca pirata en la parte más austral de su territorio.
19/02/07
LA VOZ DE GALICIA
