El puerto también tiene su mesa de diálogo. Difícil es saber si responde a un oportunismo político.
El puerto también tiene su mesa de diálogo. Difícil es saber si responde a un oportunismo político.
Con apenas horas en el cargo, el flamante secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi se sentó a la cabecera de la mesa de diálogo flanqueado por representantes de la Fempinra, federación que agrupa a los gremios de la actividad -menos uno-; por ejecutivos de las terminales, y por las autoridades de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables y de la Administración General de Puertos. Oportunismo, o no, se desconoce en los últimos años una mesa similar con el anterior titular de la Secretaría.
Dos desafíos enfrenta la flamante mesa: la astilla en la pata sindical, por un lado, y que el diálogo no se transforme en una sucesión de monólogos, es decir, que más que hablar y oír lo que el otro tenga para decir, sea hablar y esperar a que el otro termine de hacerlo, para decir lo propio sin dar lugar a la retroalimentación.
El tema de la astilla es simple: los estibadores agrupados en el SUPA no se sientan a la misma mesa de la Fempinra, y viceversa. Las empresas saben dos cosas: primero, cualquier gremio puede parar el puerto; segundo, qué mejor argumento para reclamar "viabilidad" para la actividad portuaria que tremenda fractura entre los trabajadores, quienes, a su vez, saben que las empresas ven todos los días un reloj que marca la cuenta regresiva del fin de las concesiones. Y temen por la estabilidad laboral, más allá de los pedidos de aumento.
Se sentaron a la mesa. Dos jugadores seguro pasarán mano tras mano. Trabajadores y empresarios van a apostarlo todo. Falta el crupier que reparta las cartas, y ése no es el secretario de Transporte.
Por Emilano Galli
21/07/09
LA NACION
