Ambientalistas dan el sí a las perforaciones costa afuera (Estados Unidos)

En la mañana del 28 de enero de 1969, un sitio de perforación de Union Oil ubicado en el mar a seis millas de la costa de Santa Bárbara, California, sufrió una pérdida de crudo. El consecuente derrame se extendió por millas, mató a miles de aves, y mostró a los estadounidenses la imagen de costas y vida silvestre cubiertas en el negro del petróleo crudo. Es ampliamente aceptado que aquel derrame dio origen a los modernos movimientos ambientales. Un año más tarde, se celebró por primera vez el Día de la Tierra, luego de promulgarse la Ley del Aire Limpio, y la Ley del Agua Limpia.

En la mañana del 28 de enero de 1969, un sitio de perforación de Union Oil ubicado en el mar a seis millas de la costa de Santa Bárbara, California, sufrió una pérdida de crudo. El consecuente derrame se extendió por millas, mató a miles de aves, y mostró a los estadounidenses la imagen de costas y vida silvestre cubiertas en el negro del petróleo crudo. Es ampliamente aceptado que aquel derrame dio origen a los modernos movimientos ambientales. Un año más tarde, se celebró por primera vez el Día de la Tierra, luego de promulgarse la Ley del Aire Limpio, y la Ley del Agua Limpia.

Poco después del derrame, los residentes de Santa Bárbara formaron un grupo ambientalista llamado GOO! (por Get Oil Out!), que fue uno de los primeros en oponerse a las perforaciones petroleras costa afuera. Treinta y nueve años después, GOO! Todavía existe. Sin embargo, en abril último, el grupo hizo algo sorprendente: apoyó públicamente la solicitud de una compañía petrolera  para efectuar perforaciones frente a las costas de Santa Bárbara. 

Plains Exploration and Production Company, firma con sede en Houston, propuso perforar 22 pozos desde una plataforma a 4.7 millas de la costa. La empresa hizo numerosas concesiones a los grupos ambientalistas locales, logrando al fin que aún los opositores más duros a las perforaciones, coincidieron en que el acuerdo era beneficioso para todos. El Centro de Defensa Ambiental, una organización de derecho ambiental sin fines de lucro, apoyó el plan.

El presidente de GOO!, Abe Powell, dijo al diario Los Angeles Times que era una propuesta “buena para la comunidad”. Por su parte, Ferry Letfgoff, un ex director ejecutivo de la ONG, describió en el Santa Barbara Independent al trato, como “una propuesta brillante que por fin da al público algún retorno: la remoción segura de cuatro plataformas petroleras costa afuera, el desmantelamiento de una planta industrial, y la devolución de una zona rural sometida a explotación petrolera para el uso público como área de recreación”. 

Cuando un grupo ambiental, formado con el único propósito de combatir la explotación petrolera costa afuera, pasa a recibir calurosamente un plan de perforación frente a sus propias costas, es evidente que algo importante ha cambiado en nuestra cultura. Y es que los estadounidenses hemos reconocido que las perforaciones costa afuera son muy seguras.

De acuerdo con la Administración de Información Energética, desde 1975, las perforaciones petroleras en la ZEE han exhibido un registro de seguridad del 99.999%, lo que implica que sólo un 0.001% del petróleo producido se ha derramado.

Gracias a los avances tecnológicos, las pérdidas importantes son raras. La mayoría de los derrames son mínimos, de unos pocos pies de diámetro. Los derrames de grandes buques petroleros, tales como el protagonizado por el Exxon Valdez en 1989, son también infrecuentes, y constituyen sólo una pequeña fracción del petróleo que ingresa al mar.

Un estudio conjunto entre la NASA y el  Smithsonian Institution, en el que se examinaron datos de varias décadas, encontró que es mayor la cantidad de petróleo que mana en forma natural  al mar, que la que se incorpora por accidentes ocasionados por buques tanque y perforaciones costa afuera. Los brotes naturales provenientes de depósitos de petróleo submarinos implican un promedio anual de 62 millones de galones. Las perforaciones costa afuera en cambio, ocasionan derrames anuales por 15 millones de galones, constituyendo la más pequeña de las fuentes de ingreso de petróleo en el mar.

Según lo hallado por NASA, la gran mayoría del petróleo encontrado en el mar, proviene de las áreas continentales. Los efluentes de ciudades, rutas y emplazamiento industriales depositan 363 millones de galones en el mar, convirtiendo cómodamente al primero (efluentes) en la mayor fuente de contaminación oceánica por petróleo. “Los efluentes anuales de una ciudad de cinco millones de habitantes pueden llegar a contener tanto petróleo como el derrame de un superpetrolero”, acota el Smithsonian en su exhibición “Ocean Planet”.

La segunda fuente, en importancia, resultó la derivada del mantenimiento rutinario de los buques. Según la NASA, esta actividad incorpora unos 137 millones de galones anuales, más de 2.5 veces la cantidad proveniente de derrames de petroleros y actividades costa afuera combinadas. Sin embargo, a nadie se le ocurriría prohibir los buques de carga y de pasajeros.

La opinión pública tiene en claro que los accidentes en perforaciones costa afuera son poco frecuentes, y que no constituyen una amenaza seria al ambiente. Y probablemente, tal nivel de conciencia sea en parte la razón por la que un creciente número de americanos apoyan la realización de perforaciones en áreas de nuestras aguas costeras que hasta hace poco estaban protegidas. Una encuesta de opinión llevada a cabo por Zogby el mes pasado, encontró que un 74% de los estadounidenses estaban de acuerdo con la perforación de pozos. Estos valores están por encima del 57% obtenido en mayo por Gallup. Y aún una mayoría de demócratas apoyan las perforaciones, de acuerdo con una encuesta de Rasmussen hecha en junio.

El alto costo de los combustibles juega un claro rol en el aumento del apoyo a las perforaciones. Pero el hecho de que las costas del país no hayan dado lugar desde mayo de 1989 a grandes titulares con imágenes de aves marinas cubiertas de petróleo, juega un rol también.

Los grandes derrames pueden producir daño ecológico en el largo plazo. Pero los efectos de larga plazo parecen ser de escala micro, antes que macro. En Alaska y Cape Code, lugares en los que hace tiempo hubo derrames que cubrieron las costas, los efectos son visibles sólo si se los busca con mucho detalle. Las pequeñas criaturas, como cangrejos y crustáceos todavía sufren ramificaciones negativas. Pero las grandes mortandades predichas por algunos grupos ambientales, no se han materializado.

Los estadounidenses, incluidos los de GOO!, están ahora juzgando que en la circunstancia adecuada, los beneficios de la búsqueda de petróleo costa afuera pueden prevalecer sobre los riesgos de un ocasional derrame importante.

Por Andrew Cline (Fuente: The  Wall Street Journal. Maritime News; 12/07/08)

29/07/08
Traducción de NUESTROMAR

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