El viento norte arrastró a las medusas hacia la orilla y muchos bañistas sufrieron las consecuencias. El ardor dura unos quince minutos y no tiene mayores consecuencias. Advierten que hay especies muy pequeñas que se meten dentro del traje de baño.
El viento norte arrastró a las medusas hacia la orilla y muchos bañistas sufrieron las consecuencias. El ardor dura unos quince minutos y no tiene mayores consecuencias. Advierten que hay especies muy pequeñas que se meten dentro del traje de baño.
Así como los mosquitos tienen el poder de empañar el descanso de cualquier veraneante, el viento norte de los últimos días arrastró pilas de aguavivas a Villa Gesell, Mar del Plata, Mar de las Pampas y Mar Azul, e impidió que los turistas pudieran sumergirse tranquilos en el mar.
“El fin de semana fue tremendo. Tanto en la orilla como pasando la rompiente, hubo una invasión de aguavivas de toda consistencia y tamaño”, aseguró Diego Feinman, quien veranea en Gesell junto a su familia.
El sábado último, mientras Franco, de ocho años, gritaba por el ardor que le había provocado una picadura, Daniel, encargado de primeros auxilios del parador Merimar, atendía a otras dos personas atacadas por las medusas. “Les puse Caladryl y enseguida se les calmó la molestia. No recibí a más personas picadas porque había tantas aguavivas en la orilla que la gente ni siquiera se metía”, detalló. Para casos como el de Franco, que no presentan complicaciones por alergia, los guardavidas tienen su botiquín preparado con antídotos como vinagre blanco y solución fisiológica y con eso curan las heridas de la picadura. El sarpullido tiene quince minutos de ardor y después se adormece de a poco.
Aunque la orilla esté llena de medusas y el peligro de ser picado sea evidente, los guardacostas se encargan de advertir los riesgos a quienes quieran zambullirse. “La gente se asustó porque la cantidad de aguavivas era inusual, sobre todo en Mar de las Pampas y Mar Azul. A cada rato venía alguien a nuestros puestos para curarse”, describió Pablo Fernández, jefe de guardavidas de Villa Gesell, y le bajó el tono al alerta de los turistas. “Hubo dos días de muchísimo calor y el viento norte trajo muchas más medusas de lo habitual, pero ahora rotó el viento y no quedó ni una”, aseguró.
En las playas marplatenses, el riesgo no es tan fácil de percibir. Ricardo Bastida, biólogo marino de la Universidad de Mar del Plata e investigador principal del Conicet, precisó: “Ahora en esta zona es muy frecuente la presencia de unas medusas muy pequeñas, que no se ven. Son un poco más grandes que una gota de agua pero pueden producir irritación en los ojos y mucho ardor, sobre todo en los órganos sexuales masculinos”.
Mientras escuchaba las quejas de algunos turistas que habían sido picados en el mar, Ana, dueña del parador de la calle 107 de Gesell, les revelaba a sus clientes: “Hay que protegerse de las medusas más pequeñas, las tapiocas, porque ésas son imperceptibles, más agresivas y se meten hasta en el traje de baño”.
El damnificado no siempre percibe el instante en el que es picado, porque puede confundirse con el roce de un alga o con el movimiento del mar y porque, además, las aguavivas son trasparentes. Pero la persona que es picada registra los síntomas enseguida: una marca roja, dolor, picazón, hinchazón e irritaciones dérmicas.
Bastida explicó que estos animales tienen células especiales en sus tentáculos para producir quemazones al entrar en contacto con la piel.
“En algunas zonas tropicales hay medusas de pequeño tamaño que pueden producir la muerte o dejar cicatrices de por vida –detalló el biólogo–. Las que hay en la Argentina sólo producen un gran ardor y su presencia es un poco aleatoria. En verano, aparece una mayor cantidad porque el período coincide con su ciclo reproductivo y la temperatura del agua ayuda a su proliferación”.
13/01/10
CRÍTICA (Argentina)
