¡Adiós! Avenida Roca (Río Gallegos)

Nos tendremos que acostumbrar al cambio, pero debemos guardarle al Gral. Roca el sentido respeto por todo lo que en su momento representó para estas comarcas barridas por el viento.

Nos tendremos que acostumbrar al cambio, pero debemos guardarle al Gral. Roca el sentido respeto por todo lo que en su momento representó para estas comarcas barridas por el viento.

Estuvo en el corazón de los sufridos vecinos de los desperdigados poblados y también en los pobladores de la extensa pampa patagónica.

Su viaje en el año 1899 no tenía ningún cometido importante. Era simplemente disfrutar de la navegación en el último buque recién arribado al país proveniente de Italia, donde había sido construido. Se unía así a una verdadera flota de guerra en tiempo de paz, reemplazando a las vetustas unidades del tiempo de Sarmiento.

Debemos recordar que precisamente 20 años antes, en 1879, siendo Roca ministro de Guerra y Marina en la Presidencia de Avellaneda, se alistaron aquellos navíos de la Guerra del Paraguay como fueron el Monitor Los Andes y la Barca Constitución y la corbeta Uruguay, todas ellas en la expedición del Comodoro Py a Puerto Santa Cruz, donde se hizo Patria, expulsando a los chilenos que habían sentado sus bases en esa comarca.

Volviendo al viaje de Roca, la nave insignia era el “BELGRANO”, el primer “BELGRANO” de nuestra Marina de Guerra. Le acompañaba el crucero “PATRIA” y en una parte del viaje también se le agregó la fragata Sarmiento, que hacía su primer viaje alrededor del mundo.

El “BELGRANO” venía tripulado en gran parte con marineros de nacionalidad italiana, quienes participaron de la travesía hasta la República Argentina, dado que nuestra Querida Armada recién se estaba organizando como tal, frente a cubrir las dotaciones de tantos buques de guerra, en tan poco tiempo.

El Gral. Roca era un enamorado del mar y se sentía orgulloso de exhibir el espléndido “BELGRANO”.

El comodoro Martín Rivadavia formaba parte de la plana mayor y resultó un gran colaborador por sus conocimientos geográficos de la región, donde había navegado miles de millas náuticas, estando incluso en la Comisión de Límites de 1881 cuando le tocó recorrer los famosos y peligrosos Canales Fueguinos.

Rivadavia era en el séquito, aparte de sus dotes personales y profesionales, el 1er. ministro de nuestra Marina, ya que el Ministerio que venía siendo de Guerra y Marina se desdobló, apareciendo el de Marina que, como explico, fue otorgado a ese ilustre marino.

Lógicamente, el viaje no era de “placer”, sino muy por el contrario, ROCA supo acompañarse de importantes representantes de distintas áreas ejecutivas del país, como fueron: Pedro Luro (gran amigo de Roca), visionario poblador de la provincia de Buenos Aires, quien supo promocionar la radicación de legiones de inmigrantes; el científico Alemán Burmenter, geólogo, cuyos conocimientos sirvieron para valorar las tierras sureñas, hasta entonces prácticamente desconocidas y a través del cual fueron llegando pobladores alemanes y escandinavos; periodistas de los diarios capitalinos, además de alemanes e italianos; diputados Garzón y De Vedia (este último encargado de llevar el “Diario” del viaje). Era sin duda un “núcleo” de personalidades con las cuales ROCA podía intercambiar ideas sobre lo experimentado en cada escala. Hay que dejar constancia de que el viaje carecería de contactos telegráficos y sin posibilidad de anunciar su llegada a los puertos (desde Madrina hasta Ushuaia). ROCA se sentía impotente ante la inoperancia de los que gobernaron antes que él, pues el telégrafo fue introducido por el propio Roca en su Campaña al Desierto y sin embargo, nadie se ocupó después de prolongarlo hacia el sur. En las cláusulas del Tratado de Límites de 1881, ambos gobiernos (el argentino y el chileno) se comprometían al tendido de la línea en ambos países. Sin embargo, ni uno ni el otro así lo hicieron.

Ya veremos más adelante cómo ROCA, no bien regresado a Buenos Aires, dispone lo necesario para que esa vía de comunicación se llevara a cabo por el lado argentino y empalmara al final entre Cabo Vírgenes y Punta Arenas.

Ante esos preparativos del viaje comenzaron a circular por el lado chileno serios cuestionamientos ante la forma como se iba pertrechando Argentina, que ya contaba con la Armada más formidable y potente de toda Sudamérica.

El ingeniero Luiggi (Italiano) se encontraba finalizando el puerto (que se llamaría BELGRANO), donde podían amarrar tantas unidades navales y que hasta entonces fondeaban a lo largo de la Bahía de Samboronbom.

CHILE, queriendo hacer un viaje similar de equiparación de fuerzas, decide estrenar su buque acorazado “O’Higgins”, en el que viajaría su presidente don Fernando Errázuriz para encontrarse con Roca en Punta Arenas.

La primera escala luego de la zarpada fue Puerto Madryn, lugar por el que ROCA sentía una predilección especial, con conocimiento de causa por los informes que recibía de los comandantes de los Transportes Nacionales que hacían la circunvalación patagónica a través de más de 60 días en cada viaje y que resaltaban la influencia de Inglaterra en ese lugar, donde estaban radicados desde 1965 los componentes de la Colonia Galesa.

Roca y su comitiva viajaron en el tren hasta Trelew y Dolavon.

Un tren en la Patagonia (parecía un “sueño argentino”). Y los galeses lo hicieron sin ninguna ayuda del gobierno Argentino. Se las arreglaron luchando con las adversidades del terreno y del clima y la hostilidad pacífica de los indígenas.
ROCA apreció el esfuerzo pionero en el Valle del Río Chubut, donde se cultivaban diversos cereales que incluso se exportaban a Inglaterra.

Su mensaje de despedida quiso significar un sincero y real compromiso de gobernante para ayudarles a construir terraplenes con que doblegar la furia del río, que en varias ocasiones les había llevado aguas abajo el fruto de años de labor.

Interpretó sus inquietudes, querían que los gobernara una persona como la que entonces estaba al frente del Territorio de Santa Cruz (el gobernador Mayer), con quien entenderse en ambos idiomas.

Sufrían con la indiferencia de la autoridad local, que no respetaba sus fechas religiosas y de descanso, como de sus enseñas patrióticas. Roca resolvió en el terreno las dificultades que había, dando así pruebas de su palabra empeñada.

Les prometió el telégrafo y una línea de navegación eficiente y segura para el traslado de sus productos y el desplazamiento de sus pobladores.

Sus escalas siguientes en Puerto Santa Cruz, Río Gallegos y Ushuaia no guardaban ni punto de comparación y todo se hacía sentir como un verdadero desierto patagónico.
ROCA tocó esos puertos en el viaje de IDA, ya que el regreso desde Punta Arenas fue en una sola etapa hasta Bahía Blanca.

Puerto Santa Cruz era un lugar entrañable para los oficiales navales que comandaban el “BELGRANO”, puesto que el jefe, capitán Barilaria, recibió su brevet de guardiamarina a bordo de la corbeta “Uruguay”, estando esta fondeada frente a Cañadón Misionero y como corolario de la Expedición del Comodoro Py en 1879/1980.
En tierra quedaba solamente un presidio militar.

Cuando las naves por fin avistaron las proximidades de Punta Loyola, el “BELGRANO” quedó allí fondeado y todas las autoridades pasaron al Crucero “PATRIA”, que tenía menos calado.
El arribo al pueblo fue por el pequeño muelle que Noya había construido para la fábrica de aceites y los productos ovinos, la Blanca (fue la antecesora del que después fuera el frigorífico Swift).

En uno de mis trabajos anteriores he publicado los entretelones de los agasajos que se le brindaron a tal ilustre personalidad.

Hay que tener en cuenta que el edificio de la Gobernación (que fue después lo que llamamos históricamente como el Correo Viejo) estaba en línea recta con el sendero por donde peregrinaron las autoridades y debe recordarse el saludo que les diera a los pocos habitantes desde el balcón de la Casa de Gobierno.

En esos dos días de permanencia (el gobernador era Matías Mackinley Zapiola), tanto en el Hotel “Argentino”, donde pernotaron, como en la Estancia Chymen-Aike, Roca estuvo atento a los pedidos que le hacían las fuerzas vivas.

Los habitantes le manifestaron a Roca sobre la necesidad de contar con destacamento militar, porque la Policía Territorial carecía no sólo de personal, sino que el mismo estaba integrado por algunos extranjeros. Tampoco se distinguían por su comportamiento, en fin, siendo que Chile al otro lado de la frontera tenía su propio acantonamiento, era de toda lógica contrarrestar esta situación.

Roca tomó los recaudos del caso y a principios de 1900 viajó a Río Gallegos el Tte. Mosconi a trazar las bases de lo que luego surgió el Edificio Carcelario.

Se destinaron a ese reducto prisioneros, en su mayoría militares castigados, y la custodia estaba formada por soldados del 1ro. de Línea y su primer jefe fue el coronel Mombelo.

Tan grandes eran las distancias, agravadas por no estar presente el telégrafo, que en 1901, al producirse un entredicho con Chile, a raíz de una incursión de carabineros por la zona de Ultima Esperanza, el Gobierno Argentino se vio en la necesidad de comunicarle al coronel Mombelo sobre esta situación, debiendo destinar un buque a toda máquina a Río Gallegos para llevar esas instrucciones. La travesía la hizo el Transporte “CHACO” y tardó 6 días. Felizmente la tirantez no pasó a mayores, pues ambos gobiernos llegaron a un rápido acuerdo.

Era primordial resolver el aislamiento por la falta de comunicaciones (el telégrafo y una línea de navegación segura y eficiente), los puentes y caminos (se analizó la construcción para un cruce del Río Gallegos, que imposibilitaba la llegada de los arreos), sería muchos años después, en 1912, la inauguración del formidable puente de hierro de Güer Aike.

Y caminos que no existían y que hacían aún más lejanos los pequeños poblados del interior en su relación con los puertos.

Decían los pobladores que no existía una entidad bancaria nacional, puesto que la única establecida era de origen chileno/británico.

Calculemos, Roca vino en 1899. Bueno, en abril de 1900 se inauguró la sucursal del Banco Nación.

En 1901 parte la línea telegráfica que llega a Río Gallegos en 1903. Hay una carta-telegrama emitida en la estafeta de Punta Loyola firmada por Hamilton, el dueño de Estancia “Punta Loyola”, quien entre otros conceptos enaltece la palabra empeñada por ROCA al dejar establecida la línea telegráfica, que culminaría en Punta Arenas.
También en 1901 zarpa de Buenos Aires el vapor “Comodoro Rivadavia”, así llamado en honor al comodoro Martín Rivadavia que le acompañara en aquel viaje.

Los alemanes de la Hamburgo Sudamericana respondieron afirmativamente al pedido que le hiciera Roca y su Gobierno, un mérito porque otro contacto con una línea inglesa exigía una gratificación que se medía en leguas de campo y que si se hubiera aceptado se habrían quedado con toda la Patagonia.

Los alemanes no pusieron condiciones, ni pidieron subsidios. Lo único que exigieron fue que no les fuera concedida la línea a posibles competidores.

Los alemanes de la “Hamburgo” surcaron nuestros mares incorporando nuevas unidades, ya que el “Comodoro Rivadavia” naufragó después de dos años de navegación frente a las costas de San Antonio Oeste.

Los puertos recién comenzaban a ser balizados y las cartas náuticas disponibles eran las que había marcado el Capitán Fitz Roy en su famoso viaje con el “Beagle” 70 años antes.

Los prácticos tampoco ofrecían por ello plenas garantías.

Sin embargo, ese naufragio, que significó la pérdida total del buque y su carga, fue aprovechado por Braum y Blanchard, firma de Punta Arenas que se dedicaba a esos menesteres en aquellos tiempos, en que naves de todo tipo se perdían por el mar embravecido o por los inadecuados puertos que no habían sido relevados.

Durante 7 (siete) años los alemanes perdieron plata, hasta que se fueron asentando, siempre con mejores buques de carga y pasaje y con una velocidad de crucero que reducía a 15 días el viaje de ida y otro tanto el de vuelta ,y a veces batían “récords” acortando las distancias.

Recién en 1913 se incorpora el vapor “Asturiano” de la Anónima, pero a esa altura el intercambio de cargas y pasajes había permitido instalar en los puertos, verdaderas Casas de Comercio con sucursales a lo largo y a lo ancho del territorio.

Existió otra desgracia en el año 1908, al incendiarse el vapor “Presidente ROCA” en las costas de Península Valdez, en una playa de Punta Cantor. La fragilidad de los revestimientos de la cámara posibilitó el avance de las llamas que provinieron de un calentador “Primus” inflamado. Rápidamente las llamas cubrieron el buque en su totalidad y las escenas que no hace mucho se proyectaron en la película “TITANIC”, nos hacen retrotraernos a aquella desgraciada madrugada de 1908, donde el capitán alemán del buque, como último recurso, enfiló la nave hacia tierra, pues carecía de botes suficientes de salvamento, y los pasajeros y tripulantes desesperados al verse encerrados con el fuego y que habían optado por tirarse a las aguas, lamentablemente fallecían por lo frío de las mismas. Nadie supo nunca cuántos realmente murieron, porque en aquellos tiempos los buques zarpaban y luego en navegación llenaban los requisitos de sus planillas de datos y camarotes. Todo se perdió. Regresaban en el vapor dos cuadrillas de esquiladores, en su mayoría extranjeros carentes de papeles, pero que habían depositado en la caja de hierro del barco sus escasas monedas, luego de tantos sacrificios en tierras ignotas y feraces. Todo ese dinero se perdió totalmente, reducido a cenizas.

Existió un listado de pasajeros sobrevivientes, pero nadie puede asegurar su veracidad.
Por Roberto Sureda

18/12/10
LA OPINIÓN AUSTRAL

1 comentario en “¡Adiós! Avenida Roca (Río Gallegos)”

  1. Muy oportuna su
    Muy oportuna su publicaciòn:
    No he podido obtener la editorial de la ediciòn on line del diario La Opiniòn Austral.
    Saludos

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