Abandonaron la costa argentina por seis meses, pero dejaron tras de sí 20% más de ingresos que en 2006; aún así, preocupa a los empresarios que el servicio de avistajes alcance su límite; opinan investigadores del Conicet.
Abandonaron la costa argentina por seis meses, pero dejaron tras de sí 20% más de ingresos que en 2006; aún así, preocupa a los empresarios que el servicio de avistajes alcance su límite; opinan investigadores del Conicet.
Y se fueron. Tras seis meses dedicados a la reproducción y a la cría, las ballenas abandonaron las costas cercanas a Puerto Madryn y Península Valdés, en la provincia de Chubut, hacia las aguas subantárticas, pero dejaron tras de sí un 20% más de ingresos que en 2006 por el turismo.
El número, abarca los meses que comprenden la temporada de ballenas, desde junio hasta mediados de diciembre aproximadamente. “El avistaje de ballenas en esta zona es considerado el más rentable del mundo y cambió la economía local. De tener una tasa de turismo cero, en esta temporada recibimos más de 110.000 visitantes que se quedaron un promedio de tres días con un gasto estimado en 1400 pesos por estadía”, sostuvo Ricardo Pinino Orri, responsable de Whales Argentina, una empresa que ofrece servicio de avistajes.
Desde Puerto Pirámides, una pequeña aldea ubicada en el área natural protegida de Península Valdés, 100 kilómetros al norte de Puerto Madryn, parten las lanchas de los seis prestadores habilitados para ofrecer el acercamiento extremo a los animales, que cada vez llegan en mayor número a las aguas del golfo Nuevo.
A cambio de esa experiencia de proximidad con la vida salvaje, los turistas pagan 75 pesos por cada pasaje del servicio estándar -que puede llevar hasta 60 pasajeros en una lancha- y 150 pesos por el especial -que incluye un número menor de viajeros que parten para ver el atardecer en el mar-.
Toda esta actividad tiene una historia muy reciente, con regulaciones que se ajustan sobre la marcha y en la que intervienen algunas ONG, el Estado y los particulares. Así, investigadores y empresarios locales afirman, que de la mano de la difusión de los conocimientos científicos sobre la especie, el turismo creció exponencialmente en la zona en los últimos seis años.
Hacia el límite. Se trata de la misma demanda que también sigue en alza en el mundo. A fines de 2007 se estima que el avistaje comercial de ballenas atrae cerca de quince millones de participantes al año en cien países y territorios, generando ingresos de por lo menos 1500 millones de dólares, según se desprende de datos recopilados por el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) sobre una investigación de Erich Hoyt , del Whale and Dolphin Conservation Society.
Estos números han persuadido a muchos de que conviene más mirarlas que matarlas. Pero ante ese interés en expansión por los avistajes, la actividad comienza a plantearse cuáles son sus límites.
En Puerto Pirámides se pasó de hacerlos con las lanchitas pesqueras que llegó a ver Jacques Cousteau a fines de los años setenta, a un catamarán con gradas en la actualidad. De hacer quizás diez viajes de acercamiento en todo el año, a 3600 en una temporada.
¿Cuánto más puede llegar a soportar este recurso? “Lo que falta es un estudio de capacidad de carga, es decir, saber cuántas personas pueden recepcionarse [para el avistaje] sin arrollar el recurso como pasó en Galápagos, donde fueron sobrepasados”, diagnosticó Orri en relación con el impacto negativo de los visitantes a esas islas ecuatorianas, en las que Charles Darwin pudo dar forma a su teoría de la evolución de las especies.
Entradas agotadas. No hay evento que atraiga a más participantes del sector turístico en Puerto Madryn que las charlas y talleres de divulgación que ofrece el Centro Nacional Patagónico (Cenpat), Conicet. Marcelo Bertellotti, doctor en biología e investigador del instituto, tiene a su cargo un proyecto de estudio del comportamiento de las ballenas con relación a la navegación turística en el lugar.
“Existe más de un límite a partir del que pueden verse afectadas las ballenas. Creo que de aumentar la cantidad de pasajeros que vienen a verlas lo primero que se vería resentido es la calidad del servicio de avistaje antes que a la ballena en sí”, sostuvo el investigador.
Su opinión se basa en el resultado de sus estudios, que adelantó a este medio. “Cuando se acerca una lancha, cerca del 60% de las ballenas sigue haciendo lo que estaba realizando hasta ese momento, es decir, es indiferente a la presencia humana. El 40% restante se divide en dos reacciones opuestas: existe un 20% que rechaza la actividad con una actitud evasiva, mientras que la otra mitad, se muestra atraída y se acerca a la embarcación”, explicó el científico.
Muertes en la playa. Pero la voz de alarma se dio mucho antes de que se alcance un consenso sobre los límites para la actividad. Además de los mayores ingresos, lo que también dejó esta temporada es un número récord de muertes de ballenas, varamientos, según lo definen los especialistas.
Mariano Sironi, director científico del ICB denunció: “Hasta la primera quincena de noviembre registramos 83 casos”. Y las dos principales hipótesis que manejan los científicos apuntan a una intervención humana sobre su entorno de larga data: los deshechos cloacales y la basura.
¿Qué hay detrás, entonces, de la foto que se lleva el turista? Hay, cada vez más regulados, basurales industriales de la pesca, lo que provocó, según los expertos, la triplicación de la población de las gaviotas que desarrollaron el hábito de picar los lomos de las ballenas. Algo que los turistas ven en uno de cada dos avistajes, según contabilizan los investigadores.
También hay, sostienen los científicos consultados, una multiplicación exponencial de las algas por el abono de las aguas servidas. Así es cómo, mientras esperan los resultados de las muestras tomadas en los varamientos, los científicos sospechan fuertemente de la marea roja ocasionada por las algas y, en menor medida, por un foco infeccioso provocado por las heridas de las gaviotas.
Este retrato no aparece en las imágenes que se llevan de recuerdo los turistas y es un panorama que los locales buscan excluir de las cámaras del futuro. Sólo diga whisky .
Por Silvana Santiago
21/12/07
LA NACIÓN
