Hoy domingo arribó al puerto de Valencia el transatlántico Queen Elizabeth 2 (QE2), una escala que forma parte del último viaje que realizará el buque que tiene previsto el final de su vida útil como buque de pasaje el próximo mes de noviembre, tras recorrer unos diez millones de kilómetros.
Hoy domingo arribó al puerto de Valencia el transatlántico Queen Elizabeth 2 (QE2), una escala que forma parte del último viaje que realizará el buque que tiene previsto el final de su vida útil como buque de pasaje el próximo mes de noviembre, tras recorrer unos diez millones de kilómetros.
La escala realizada en Valencia, donde llegó a las 6.30 horas para quedarse hasta las 13.45, forma parte del trayecto Nápoles-Valencia-Southampton y constituye el último viaje que realiza el buque antes de ser destinado a otros fines. Desde que el pasado mes de junio los medios de todo el mundo dieran a conocer la noticia de la venta del Queen Elizabeth 2 al gobierno de Dubái, la leyenda del trasatlántico más famoso de las últimas décadas no hizo más que agrandarse.
Desde hace unos años Cunard Line planeaba jubilar a su reina más longeva, aunque no sabía como hacerlo, al menos de una manera digna para un barco de su categoría. La oferta proveniente de la empresa estatal dubaití Dubai World, cifrada en 100 millones de dólares, facilitó en gran medida encontrar esa salida y ofrecer a una de las damas más bellas del océano una jubilación dorada en el paraíso de los petrodólares, donde se convertirá en un museo y hotel de lujo.
El más mediático y longevo
El Queen Elizabeth 2 fue, sin duda, el barco más mediático y longevo en la historia de Cunard y ningún otro trasatlántico navegó nunca los más de 5,5 millones de millas marinas que lleva cubiertas hasta la fecha (unos 10 millones de kilómetros), en las que dio 25 vueltas al mundo y paseó a más de 2,5 millones de pasajeros. Botado en 1967 en los astilleros escoceses John Brown, en el río Clyde, y bautizado por su homónima la reina Isabel II, el QE2 no tuvo unos comienzos fáciles ya que su equipo propulsor no dejaba de ocasionarle problemas. Incluso, durante su viaje de estreno a las Islas Canarias en diciembre de 1968, el barco sufriría varias caídas de presión en sus turbinas que le obligaron a regresar precipitadamente a puerto, justo cuando su antecesor, el Queen Elizabeth, acababa de rendir en Nueva York su viaje de despedida.
Una historia llena de percances
A estos contratiempos iniciales se irían añadiendo otros durante los primeros años de vida del joven transatlántico, el más notable de los cuales lo volvió a llevar a las portadas de la prensa internacional, al sufrir el 1 de abril de 1974 una nueva pérdida de presión que lo dejaría peligrosamente a la deriva, cuando se encontraba a 270 millas de las islas Bermudas. Una nueva adversidad saldada con un notable susto para los 1.654 pasajeros que llevaba a bordo y que serían transbordados dos días más tarde en pleno océano y en medio de un mar picado al crucero noruego Sea Venture.
El Queen Elizabeth 2 había nacido en unos años en los que estaba claro que el futuro de los viajes transoceánicos se jugaba más en el cielo atlántico que en su mar. Por ello, y fiel a la tozudez británica, Cunard coronó a su nueva majestad con un doble objetivo: seguir atendiendo el servicio regular entre Southampton y Nueva York, y potenciar desde una nueva perspectiva los viajes de placer, algo con lo que el avión no podía competir.
Y el tiempo le ha dado la razón hasta el punto de que aún en nuestros días, 40 años después, mantiene la misma estrategia con los nuevos Queen Mary 2 y Queen Victoria, a los que se unirá en 2010 el nuevo Queen Elizabeth, cuya construcción se lleva a cabo en los astilleros italianos Fincantieri. Teniendo en cuenta que el QE2 pasaría al menos medio año realizando cruceros, Cunard decidió equiparlo con piscinas exteriores para poder enviarlo a navegar a zonas cálidas, típicas de vacaciones, y no exclusivamente en medio del frío clima del Atlántico Norte, como lo habían venido haciendo sus predecesores.
Por igual motivo el nuevo buque también sería dotado con un mayor número de cubiertas exteriores, cines de mayor capacidad, discoteca, sauna, galería comercial y otros adelantos con los que los grandes barcos de línea de entonces, en particular el americano United States, el francés France y los italianos Michelangelo y Raffaello, no podían competir.
Ahora, con los días contados, el Queen Elizabeth 2 consume sus últimas singladuras con su acomodación al completo. El pasado 6 de enero inició en Southampton, en compañía del Queen Victoria, su última vuelta al mundo siendo despedidos en el puerto británico con un castillo de fuegos artificiales. Después iniciará desde su base en Southampton un viaje sin retorno que tendrá como destino el complejo Palm Jumeirah, la isla artificial más grande del mundo, donde le aguarda un nuevo reto: convertirse en un hotel de lujo, museo y centro turístico.
El crucero Queen Elizabeth II, uno de los mayores del mundo con 293 metros de eslora, una manga de 32 metros y un caldo de 9,94 metros, permanece amarrado hoy en el Puerto de Valencia en lo que está siendo su último viaje antes de ser retirado como buque de pasaje.
Francisco Díaz Guerrero, Valencia
07/09/08
LEVANTE –EMV.COM

