Ha sido un lugar común a lo largo de estos años plantearse siempre la interrogante de la acuicultura como un sustitutivo de la pesca. La respuesta, dubitativa, era: quizá un complemento. La evolución de los datos señala una tendencia creciente de la acuicultura. Desde 1984, la producción acuícola ha aumentado a una tasa media anual de un 8%, en comparación con el 3% correspondiente a la carne de bovino y 1,6% de la pesca, y hoy representa más del 35% de la producción acuícola mundial.
Ha sido un lugar común a lo largo de estos años plantearse siempre la interrogante de la acuicultura como un sustitutivo de la pesca. La respuesta, dubitativa, era: quizá un complemento. La evolución de los datos señala una tendencia creciente de la acuicultura. Desde 1984, la producción acuícola ha aumentado a una tasa media anual de un 8%, en comparación con el 3% correspondiente a la carne de bovino y 1,6% de la pesca, y hoy representa más del 35% de la producción acuícola mundial.
Recientemente las posiciones respecto a las potencialidades y eficiencias de la acuicultura han evolucionado drásticamente. Hace apenas una semana, la revista Science publicaba un artículo de Carlos Duarte y colaboradores, en el que se analizan las razones del éxito y el rápido desarrollo de la acuicultura, frente a la producción animal terrestre. El 97% de las especies acuáticas, unas 430, han sido domesticadas a partir de comienzos del siglo XX, y se calcula que 106 lo han sido durante la última década. Lo que contrasta con el modesto incremento de las especies terrestres domesticadas desde la revolución industrial, apenas un 3%.
Entre las causas de este contraste, los investigadores destacan la mayor variedad de grupos taxonómicos que han sido y pueden ser domesticadas: moluscos, crustáceos, vertebrados, equinodermos, frente a los mamíferos y aves, con pocos invertebrados (abejas y caracoles), que lo han sido sobre la superficie terrestre.
Unas 3.000 especies sirven como alimento en el mar, mientras que apenas 200 lo hacen en la tierra. A ello es necesario añadir el conocimiento científico y la tecnología desarrollada, y una menor virulencia de los patógenos marinos para las personas.
La acuicultura, es pues «una revolución emergente de importancia global», en la que su crecimiento depende del logro de un modelo sostenible de desarrollo que minimice su impacto ambiental.
Han pasado veinticinco años desde que un gobierno aprobó el Plan especial de I+D de Acuicultura. Hoy pueden ustedes comer no sólo mejillón, ostra o trucha, sino también rodaballo, besugo o lenguado de la acuicultura gallega. Nacidos del escepticismo de unos, y del riesgo y la apuesta decidida de otros.
Por Uxío Labarta
30/04/07
LAVOZ DE GALICIA
