Actividades en la Reserva Ecológica (Buenos Aires)

El vasto predio de la Costanera Sur ha comenzado a albergar ahora lucidos y concurridos festivales ecológicos.

El vasto predio de la Costanera Sur ha comenzado a albergar ahora lucidos y concurridos festivales ecológicos.

Mucha gente, más de cuanta se supone, valora en su justa medida a la Reserva Ecológica de la Costanera Sur de la ciudad de Buenos Aires. Otros, en cambio, la desprecian en su condición actual y la miran con ojos codiciosos para utilizarla como asiento de lucrativos negocios inmobiliarios.

Pero el público ya ha dado su veredicto favorable a la continuidad del lugar como fue concebido por quienes lo auspiciaron y lo mantuvieron aun a pesar de los más de trescientos atentados incendiarios que lleva padecidos a lo largo de su existencia. Y ahora, la Reserva no sólo sigue siendo un espacio de costa virgen, tal cual era la ribera porteña antes de que los primeros colonizadores posasen sobre ella las plantas de sus pies, sino que ha comenzado a darle cabida a otras actividades no menos gratificantes que la contemplación de las vastas flora y fauna que allí es dable encontrar.

Dentro de ella hubo, entonces, bicicleteadas, visitas guiadas diurnas y nocturnas, avistajes de aves y participaciones solidarias de jóvenes y adultos abocados a librarla de residuos y desperdicios arrojados por desaprensivos visitantes.

Mientras se siguen reiterando esas muestras de la adhesión del público, la última novedad fue el reciente festival ecológico denominado Aire a la Sombra del Arbol, que la tuvo por asiento, expandiéndose asimismo a un predio contiguo.

Esta original idea bien merece tener una o más reiteraciones. Los organizadores pusieron el acento en la defensa y protección del maltratado medio ambiente en que vive -¿o sobrevive?- la mayor parte de la humanidad, amenizándola con la música de numerosos solistas y conjuntos musicales argentinos y extranjeros.

En forma simultánea, quienes llegaron a la Reserva en bicicleta fueron recompensados con un descuento en el precio de las entradas. Hubo información sobre energías limpias, talleres de reciclado de papel, un microcine en que fueron proyectados filmes sobre temas ambientales y se hicieron presentes instructores de meditación y terapias respiratorias.

Los motivos de interés no se limitaron a esas atracciones: también fueron expuestos un panel fotovoltaico, un panel solar térmico y dos molinos eólicos, al igual que fueron difundidos los principios constitutivos de Plantarse, iniciativa puesta al servicio de la promoción de la conservación de la diversidad biológica a través de la plantación de árboles autóctonos.

Diez mil visitantes dieron fe del interés que provocó el encuentro. Tan o más importante que lo trascendente de esa crecida concurrencia fue el hecho de que la Reserva Ecológica no es el lugar salvaje que algunos parcializados comentarios pretenden pintar, sino un paseo diferente en el marco de la vasta ciudad que la acuna.

Puede que los acontecimientos de esta magnitud logren, por fin, que las autoridades locales le den a la Reserva el valor que de sobra tiene merecido y se preocupen por preservarla de vandalismos y codicias, dotándola de mantenimiento adecuado y del equipamiento que fuese menester para lograr esos objetivos, por supuesto sin desmerecer sus características y fisonomía originales.

28/10/10
LA NACION

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