16 de julio: Día de los Intereses Argentinos en el Mar. Un llamado a repensar nuestra soberanía oceánica

16 de julio: Día de los Intereses Argentinos en el Mar. Un llamado a repensar nuestra soberanía oceánica

Cada 16 de julio se conmemora en Argentina el Día de los Intereses Argentinos en el Mar. Esta fecha, establecida por la Ley 25.860 en 2003, no es simplemente una efeméride más, sino una jornada clave para reflexionar sobre la importancia estratégica, económica, ambiental y cultural que el mar tiene para el país.

Fue elegida en honor al natalicio del Vicealmirante Segundo Rosa Storni, uno de los pioneros en advertir la necesidad de integrar el Atlántico Sur como parte central de nuestra política de Estado. Su legado continúa vigente en un contexto donde los desafíos marítimos crecen, pero también lo hacen las oportunidades.

Storni, un pensador y marino con una mirada anticipada a su tiempo, ya en 1916 dictaba conferencias en las que llamaba a desarrollar una conciencia marítima nacional. Entendía que Argentina no podía concebir su desarrollo económico ni su proyección geopolítica sin una fuerte presencia en el mar. Fue autor del libro “Intereses Argentinos en el Mar”, obra fundacional que articuló un pensamiento estratégico integral sobre la necesidad de contar con una marina mercante, una flota pesquera nacional, infraestructura portuaria adecuada y políticas públicas que aseguraran el control y aprovechamiento soberano de nuestros espacios marítimos. Su pensamiento sembró las bases para lo que hoy se entiende como una política marítima nacional.

Desde la creación de esta fecha, diversas instituciones, tanto civiles como militares, renuevan cada año su compromiso con la defensa de los intereses marítimos. En especial, la Armada Argentina y la Prefectura Naval Argentina desempeñan un rol fundamental en garantizar la presencia soberana en el extenso Mar Argentino, que abarca más de 2,8 millones de kilómetros cuadrados. La Armada lleva adelante patrullajes permanentes, controla la Zona Económica Exclusiva (ZEE), realiza campañas científicas en conjunto con el Servicio de Hidrografía Naval y participa en ejercicios de cooperación internacional. A su vez, la Prefectura Naval, con una historia que se remonta a los albores de la independencia, cumple funciones de policía marítima, control pesquero, búsqueda y rescate, y control ambiental.

En este contexto, no puede ignorarse el avance de prácticas ilegales como la pesca no declarada y no reglamentada por parte de buques extranjeros, muchas veces en los límites de nuestra jurisdicción. La Armada y la Prefectura actúan de manera coordinada en la detección, seguimiento y, en caso necesario, intercepción de estos buques, resguardando los recursos naturales que son parte del patrimonio común de los argentinos. Estas tareas requieren no solo equipamiento y profesionalismo, sino también una visión estratégica a largo plazo y políticas de Estado que garanticen la continuidad de estas misiones.

Además del plano operativo, las Fuerzas Armadas y de seguridad también están involucradas en el plano científico. La Armada, por ejemplo, participa del programa Pampa Azul, una iniciativa interinstitucional que promueve la investigación marina en áreas clave del Atlántico Sur. A través del buque oceanográfico ARA Austral y otras unidades, se realizan campañas de exploración y monitoreo de especies, corrientes y condiciones ambientales. Estos datos son esenciales para gestionar de manera sostenible los recursos del mar y para consolidar la presencia argentina en zonas de alta sensibilidad geopolítica como el frente marítimo patagónico o el acceso a la Antártida.

En términos de soberanía, uno de los hitos más relevantes de los últimos años ha sido la extensión de la plataforma continental argentina, reconocida por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU en 2016. Esto le otorgó a nuestro país derechos soberanos sobre aproximadamente 1,7 millones de kilómetros cuadrados adicionales bajo el lecho y subsuelo marino. Esta ampliación consolida jurídicamente lo que ya venía siendo defendido operativamente por la Armada y normativamente por el Congreso Nacional. No se trata solo de una cuestión de mapas: implica derechos sobre recursos minerales, pesqueros y biológicos que podrían ser clave para el desarrollo futuro.

Pero el mar argentino no es solo una fuente de recursos: es también una autopista por la que circula más del 90% del comercio exterior del país. Los puertos, canales y rutas marítimas requieren vigilancia, señalización, dragado, control aduanero y protección ambiental. La Prefectura cumple un rol esencial en este ámbito, ya que además de sus tareas de seguridad, también regula la actividad portuaria, fiscaliza a las embarcaciones, y capacita a los tripulantes mediante sus institutos formativos. Su presencia en todo el litoral marítimo y fluvial asegura que Argentina no pierda de vista la articulación entre el comercio y la soberanía.

En paralelo, las industrias vinculadas al mar —como la construcción naval, la pesca, la energía offshore y la biotecnología marina— ofrecen un enorme potencial de desarrollo federal. La ciudad de Mar del Plata, reconocida como capital nacional de los intereses marítimos, es un ejemplo de cómo el mar puede ser motor de empleo, innovación y formación profesional. Universidades, astilleros, cooperativas, empresas exportadoras y organismos científicos conviven en una trama que podría ser replicada en otros puntos del litoral, si se consolida una visión estratégica que incluya al mar como parte integral del modelo productivo.

En la esfera internacional, Argentina ha sido parte activa en la defensa del derecho del mar. La reciente adhesión al Tratado de Alta Mar para la protección de la biodiversidad fuera de jurisdicciones nacionales demuestra un compromiso con la gestión ambiental global. Al mismo tiempo, la participación en foros multilaterales como la ZOPACAS (Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur) refuerza nuestra postura en torno a la desnuclearización del Atlántico Sur y la cooperación científica y defensiva entre países del hemisferio sur.

Sin embargo, para que esta política marítima se consolide, es fundamental que la sociedad civil también participe. La formación en cultura oceánica, la divulgación científica, el acceso público a datos sobre el mar, y la educación desde la escuela primaria son herramientas indispensables para construir una ciudadanía marítima. En ese sentido, iniciativas como las impulsadas por la Fundación NuestroMar, que promueven el conocimiento, el debate y la información sobre temas marítimos en medios digitales, cumplen una función clave en democratizar el acceso a esta agenda estratégica.

El Día de los Intereses Argentinos en el Mar, entonces, no debe ser un mero acto conmemorativo. Es una invitación a repensar la relación de Argentina con su vasto y rico espacio marítimo. Una oportunidad para articular defensa, ciencia, economía y cultura en torno a un proyecto soberano y sostenible. Honrar a Storni es también comprometerse con una Argentina que se reconcilie con su perfil oceánico, que invierta en sus fuerzas navales, que apoye su industria naval y que no delegue ni un metro de su mar en manos ajenas.

Frente a los desafíos del siglo XXI, donde los océanos son escenario de conflictos geopolíticos, disputas tecnológicas, crisis climáticas y nuevas oportunidades económicas, Argentina debe mirar hacia el mar no con nostalgia, sino con ambición, estrategia y unidad. Porque como decía el propio Storni, “el mar será lo que hagamos de él”. Y está en nuestras manos que ese futuro sea azul, justo y soberano.

(NUESTROMAR)

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